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Más litros de leche por hectárea incluso en campañas difíciles: claves para un maíz más estable

Estrategias para proteger el potencial del cultivo y mejorar la calidad del ensilado en condiciones de estrés

Más litros de leche por hectárea incluso en campañas difíciles: claves para un maíz más estable

Las últimas campañas de maíz forrajero en Galicia han estado marcadas por la incertidumbre. Retrasos en la siembra por exceso de lluvias en primavera y episodios de sequía en momentos críticos del cultivo han reducido el potencial productivo en muchas explotaciones.

En este contexto, mantener el rendimiento ya no es el único objetivo. La prioridad es lograr estabilidad y calidad, incluso cuando el clima no acompaña.

“Estamos viendo campañas donde el problema no es solo producir menos, sino la gran variabilidad entre parcelas y años. El agricultor necesita herramientas que le ayuden a proteger el potencial del cultivo en fases sensibles”, explica Lucas G. P. Bernardi, Biologicals Specialist en Yara Iberian.

El momento crítico del maíz

Cuando la siembra se retrasa hacia finales de junio, el cultivo entra en fases clave —formación y llenado de la mazorca— en condiciones menos favorables. Si además coincide con estrés hídrico o temperaturas elevadas, el impacto puede ser notable.

“La sequía durante el llenado del grano afecta directamente a la acumulación de almidón. La planta prioriza sobrevivir antes que producir, y eso se traduce en menos energía en el ensilado”, señala Bernardi. En maíz para forraje, esto tiene una consecuencia directa en la rentabilidad ganadera.

Más que kilos: calidad del ensilado

Tradicionalmente se ha puesto el foco en toneladas por hectárea. Sin embargo, en explotaciones de leche, la calidad del forraje es determinante.

La Fibra Ácido Detergente (FAD) y la lignina son fracciones menos digestibles. Cuanto más bajas, mayor aprovechamiento por parte del animal. Por el contrario, el almidón es la principal fuente de energía del maíz.

“En ensilado, reducir fibra poco digestible y aumentar almidón significa más energía por kilo de forraje. Y eso se traduce en más litros de leche por hectárea”, subraya Bernardi.

En ensayos realizados en Galicia por el equipo técnico de Delagro en colaboración con Yara, se compararon parcelas con un programa estándar de fertilización frente a otras que incorporaron nutrición foliar combinada con bioestimulación en estadios tempranos (V3–V6).

Los resultados mostraron mejoras no solo en algunos casos de productividad, sino también en parámetros de calidad, con reducciones de FAD y lignina e incrementos de almidón de hasta un 15 % en determinados campos.

A partir de estos datos, se realizó una estimación teórica de litros de leche por hectárea, observándose un potencial incremento en las parcelas tratadas.

“Lo importante no es solo que el cultivo produzca más biomasa, sino que genere más energía por hectárea. Ese es el dato que realmente impacta en la cuenta de resultados de la explotación”, afirma.

Activar la respuesta de la planta frente al estrés

Ante un escenario climático cada vez más exigente, la estrategia pasa por combinar una fertilización equilibrada con herramientas que mejoren la capacidad fisiológica del cultivo.

Entre ellas destacan los extractos de algas como Ascophyllum nodosum, utilizados como bioestimulantes.
“No todos los extractos son iguales. La calidad de la materia prima y el método de extracción determinan su capacidad real de activar respuestas en la planta”, explica Bernardi.

Estos productos favorecen la regulación hormonal y el desarrollo radicular, mejorando la absorción de agua y nutrientes y ayudando a la planta a mantener su equilibrio fisiológico en situaciones de estrés abiótico.
El objetivo no es “forzar” el cultivo, sino ayudarlo a expresar mejor su potencial en condiciones adversas.

Estabilidad como nueva prioridad

El cambio climático está obligando a replantear la gestión agronómica. Más que buscar picos de producción en años favorables, el reto es reducir la variabilidad y asegurar un nivel productivo estable campaña tras campaña.

“La resiliencia ya no es un concepto teórico. Es una necesidad. Necesitamos sistemas que mantengan rendimiento y calidad incluso en escenarios difíciles”, concluye Bernardi.

En el maíz forrajero actual, la diferencia no la marca solo la cantidad cosechada, sino la energía producida por hectárea. Y en explotaciones de leche, eso se traduce en algo muy concreto: más litros, mayor eficiencia alimentaria y mejor rentabilidad.

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