Mercados de carbono: oportunidades reales para Galicia en un contexto de construcción normativa

El curso 'Huella y Mercados de Carbono', del Colegio Oficial de Ingeniería Técnica Forestal de Galicia, analiza las perspectivas para propietarios y profesionales ante un escenario en fase de definición normativa. Hablamos con uno de los docentes del curso, el cofundador de airCO2, Máximo Sánchez.

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Mercados de carbono: oportunidades reales para Galicia en un contexto de construcción normativa

El concepto de huella de carbono y su encaje en el sector primario gallego siguen generando dudas entre propietarios forestales, ganaderos y profesionales del medio rural. La puesta en marcha de iniciativas formativas como el curso «Huella y Mercados de Carbono: Regulación, Proyectos y Oportunidades», organizado por el Colegio Oficial de Ingeniería Técnica Forestal de Galicia, evidencia el interés creciente por comprender este mercado.

La huella de carbono no es más que un medidor, muy sencillo de entender, de cuanto contaminas.

Máximo Sánchez, cofundador de airCO2 y uno de los docentes del curso, define con precisión el concepto de huella de carbono: «la huella de carbono no es más que un medidor, muy sencillo de entender, de cuanto contaminas». Añade que «no es solamente dióxido de carbono -pues entran otros gases, como el metano-, pero es una métrica de consenso global que nos permite entender y desglosar fácilmente, en dióxido de carbono equivalente, el potencial de calentamiento atmosférico de una actividad».

Mercados regulados y voluntarios: dos realidades distintas

Una de las primeras distinciones que hace falta establecer es la que existe entre los mercados regulados y los mercados voluntarios de carbono. Según explica Máximo Sánchez, «un mercado regulado tiene unas reglas de juego planificadas por una administración». El ejemplo más próximo es el Régimen de Comercio de Derechos de Emisión de la Unión Europea (IU ETS) , vigente desde 2005, que obliga a sectores como el cementero o el petroquímico a reportar sus emisiones y a pagar si superan los límites establecidos.

Por el contrario, el mercado voluntario no responde a un deber legal, sino «a voluntariedad de las partes», apunta Máximo. «Empresas, organizaciones o personas que no tienen ningún deber por su actividad ni por el país donde están geográficamente ubicados, voluntariamente quieren compensar esas emisiones que no pueden reducir a corto plazo». En este ámbito, los créditos de carbono generados por proyectos forestales o agroforestales pueden ser adquiridos por entidades que deseen neutralizar su huella.

¿Cómo se accede al mercado como oferente? La pirámide de los tres pilares

Para un propietario forestal o una explotación agraria, el camino para vender créditos de carbono requiere seguir una estructura compleja con tres niveles. Máximo Sánchez describe el proceso mediante una metáfora piramidal:

«En la cúspide están los programas del mercado de carbono voluntario, por ejemplo Verra o Gold Standard, que son los programas internacionales más conocidos. Dentro de los programas hay metodologías. En Verra hay metodologías de agroforestal y forestal en diferentes zonas del mundo, con diferentes prácticas y especies. Hay decenas y decenas de metodologías. Si eres un propietario agroforestal, primero tienes que identificar alguna metodología que encaje dentro de lo que puedes hacer, crear un proyecto, verificarlo con una parte independiente, y luego tienes los créditos reconocidos para poder ponerlos a la venta».

El trabajo de la Xunta de Galicia puede ayudar a traducir ese mercado a la escala del país, haciendo que comunidades de montes, propietarios y explotaciones agroforestales puedan participar con más facilidad.

Verra y Gold Standard no son normas europeas, sino entidades privadas de certificación global. En 2025, el proyecto Motor Verde en Asturias obtuvo la primera certificación Verra en España, lo que demuestra que es posible registrar proyectos en la Península. En Galicia, sin embargo, aun no hay ninguno con estos sellos debido a la complejidad y a los costes.

Por lo tanto, el sistema propio que desarrolla la Xunta de Galicia presenta dos ventajas fundamentales: se adaptará a la tipología de propiedad gallega (minifundio, especies autóctonas, etc.) y pondrá a disposición de los propietarios herramientas sencillas para realizar inventarios, eliminando la necesidad de costosas consultorías internacionales.

Máximo señala que precisamente ahí está una de las grandes oportunidades del sistema gallego. «Hasta ahora, buena parte de los estándares y metodologías eran internacionales, complejos y poco adaptados a nuestra realidad forestal. El trabajo de la Xunta de Galicia puede ayudar a traducir ese mercado a la escala del país, haciendo que comunidades de montes, propietarios y explotaciones agroforestales puedan participar con más facilidad».

Tiene que ser una nueva actividad o mejorar la actividad para ser capaz de demostrar que si antes absorbías cinco toneladas, ahora absorbes seis, y puedes vender esa tonelada adicional.

Concepto clave: la adicionalidad

Para que un crédito de carbono sea considerado válido, debe cumplir el principio de adicionalidad. Máximo Sánchez lo explica de la siguiente manera: «Todo crédito tiene que ser derivado de una actividad adicional. Si yo tengo unas gestiones de base que tienen un crecimiento anual de tantos metros cúbicos de madera, y por tanto tantas toneladas de carbono, yo podría decir: este carbono es todo para mí. Pero la realidad es que no. Tiene que ser una nueva actividad o mejorar la actividad para ser capaz de demostrar que si antes absorbías cinco toneladas, ahora absorbes seis, y puedes vender esa tonelada adicional».

Este principio es especialmente relevante en Galicia, donde los suelos forestales y agrarios presentan, en muchos casos, altas concentraciones de carbono orgánico. Como reconoce Máximo, «en Galicia el suelo es tan rico que es muy difícil poner en marcha un proyecto nuevo donde absorbas tanto como para que te compense económicamente hacer ese desembolso».

Precios de los créditos: amplio rango y volatilidad

Una de las cuestiones más repetidas entre los posibles oferentes es el precio al que se pueden vender los créditos de carbono. Máximo Sánchez señala que hay mucha variedad». Explica: «Puedes encontrar créditos a dos o tres euros de grandes superficies forestales en Asia, o de proyectos de cambio de cocinas en África. Proyectos forestales en Europa pueden llegar la 60 euros por tonelada. Proyectos industriales en Europa, como el de Climeworks en Islandia, vendieron toneladas a 300 euros».

Va haber mucho cambio en precios, aunque no sé exactamente cuando llegaremos a un equilibrio donde las empresas tengan interés en comprar créditos voluntariamente a precios que sean interesantes.

Sobre la evolución futura de los precios, advierte de la volatilidad inherente: «Al ser mercados voluntarios, es un poco lo que pasaba con las criptomonedas: muchas referencias que van y vienen muy rápido en el tiempo». No obstante, apunta que «va a haber mucho cambio en precios, aunque no sé exactamente cuando llegaremos a un equilibrio donde las empresas tengan interés en comprar créditos voluntariamente a precios que sean interesantes, y donde a los propietarios forestales les compense hacer un proyecto con el dinero que esperan recibir».

¿Y los pequeños propietarios? ¿Pueden vender?

Mucha gente piensa que esto es solo para grandes corporaciones. Pero tanto la compra como la venta están abiertas a todos. Otra cosa es que, hoy por hoy, «compensa evidentemente ser un gran propietario, tener bastante superficie, porque los estándares de certificación son caros y requieren un volumen para que sea interesante».

Máximo es honesto: «Nadie se va a enriquecer vendiendo créditos de carbono, y menos con la tipología del monte que hay en Galicia. No dará para hacer mucho dinero, pero sí para tener un pequeño ingreso adicional».

La intención, dice, es «llevar esto a que la realidad de Galicia permita que unidades pequeñas, forestales y agrarias, puedan vender esos créditos».

nature airc02

Imagen de uno de los proyectos de Nature Positive by airCO2 en Ibiza.

Proyectos reales en Galicia: el caso de O Porriño

Máximo Sánchez cita un ejemplo concreto de éxito en la comunidad gallega: «Montamos un programa que se llama Nature Positive by airCO2. Hay un proyecto en la zona de Porriño donde se compensó una parte de la huella de carbono de una empresa bastante grande de Porriño, con una compensación en un radio de cinco kilómetros, en una comunidad de montes». Este caso ilustra la posibilidad de articular acuerdos locales entre propietarios forestales y empresas con interés en neutralizar sus emisiones.

El grano potencial de Galicia y el trabajo de la Xunta

Aquí es donde el análisis se torna más interesante. «Galicia tiene un enorme potencial forestal con mucha gente gestionando montes», afirma Máximo. Y la Xunta está moviéndose en una dirección clara y pionera. «La Xunta de Galicia está sacando un sistema propio de carbono muy ambicioso, cosa que ninguna otra comunidad en España tiene hoy por hoy», destaca. «Son conscientes de que hay mucho valor natural por desbloquear».

La administración tiene que «proveer herramientas para poder hacer inventarios y contabilidades de una forma cómoda, para que cualquiera pueda ir estimando su capacidad de absorber carbono».

Los principales desafíos son el minifundio y la fragmentación de la propiedad. Por eso, la administración tiene que «proveer herramientas para poder hacer inventarios y contabilidades de una forma cómoda, para que cualquiera pueda ir estimando su capacidad de absorber carbono».

Además, la Xunta está trabajando en «validar un par de metodologías muy ad hoc a nuestra tipología de propiedad y a nuestros aspectos forestales y ganaderos».

Máximo es optimista: «Galicia va a ser un pequeño oasis que beneficiará a los propietarios agroforestales». E incluso avanza algo fundamental: «Seguramente se exigirá en la contratación pública que la empresa adjudicataria compense parte de las emisiones de los contratos públicos en el propio país».

Demandantes de créditos: que motiva a las empresas?

Para que el mercado funcione es necesaria una demanda sostenida. Máximo Sánchez explica que las motivaciones de una empresa para realizar cualquier desembolso responden a tres ejes fundamentales: «inversiones que permitan mejorar en ventas, eficientar en costes, o cumplir con la normativa (compliance)».

Sobre esta última, apunta que si el sistema bancario «comienza a dar mejores tipos de interés a las empresas que tengan su huella de carbono compensada», o si «para concursos públicos la huella de carbono da puntos», entonces «poco a poco veremos a las empresas invirtiendo en créditos».

Por el contrario, el marketing como motor exclusivo perdió fuerza ante el riesgo de greenwashing (lavado verde). «La Unión Europea aprobó un reglamento por lo que ya no quieren que las empresas hablen de compensaciones o de carbono neutral como antes. Quieren que las compensaciones sean algo serio y que salga del corazón de las empresas», afirma.

Consejos para la gente de Galicia: realismo y preparación

Ante la pregunta directa de que les diría a una granja con 50 vacas y 20 hectáreas o a una pequeña comunidad de montes vecinales, Máximo Sánchez no elude la complejidad del momento actual. No obstante, ofrece tres claves prácticas para quien queja estar preparado:

«Como propietario dentro de Galicia hay que ser un poco paciente, darle un par de años para que vayan rodando los métodos de la Xunta de Galicia.

Primero, comprender que no es el momento de desesperar, sino de observar y aprender. «Como propietario dentro de Galicia hay que ser un poco paciente, darle un par de años para que vayan rodando los métodos de la Xunta de Galicia, que van a ser los métodos que más se adapten a nuestras habilidades, a nuestras posibilidades».

Segundo, estar atentos a la evolución de la demanda. «Hay que darle un par de años para que las empresas vayan teniendo más conocimiento de qué son los créditos, y mayor interés por comprarlos. Porque una vez más, es un mercado donde una parte (la oferta) ya existe, y la otra (la demanda) no tanto».

Tercero, no cambiar las prácticas habituales esperando ingresos inmediatos del carbono. Máximo advierte: «Todo lo que se absorba técnicamente y que no estuviéramos haciendo en los últimos años serán créditos, porque serán absorciones adicionales. Pero si estamos haciendo las cosas bien desde hace 30 años, puede ser difícil encontrar algo nuevo que hacer para decir que estás haciendo algo adicional».

Conclusión: un mercado en construcción con bases sólidas en Galicia

Al hilo de lo expuesto, Máximo Sánchez ofrece una analogía para contextualizar el momento actual: «Es cómo cuando salieron los coches eléctricos y luego aparecieron planes de movilidad que daban dinero del Estado para cambiarlos. El primero que compró un coche eléctrico lo pagó de su bolsillo. Pues aquí va a ser un poco parecido».

Aquellos propietarios y profesionales que comprendan los fundamentos del mercado, que conozcan las metodologías y que estén al día de la evolución normativa y autonómica estarán en disposición de aprovechar las oportunidades cuando el mercado alcance un grado de madurez suficiente.

El mensaje final no es de espera pasiva, sino de preparación activa. Aquellos propietarios y profesionales que comprendan los fundamentos del mercado, que conozcan las metodologías y que estén al día de la evolución normativa y autonómica estarán en disposición de aprovechar las oportunidades cuando el mercado alcance un grado de madurez suficiente.

La formación, dice, busca que los participantes «tengan esa base mínima para poder ir desplegando su propio ámbito de investigación, porque es algo muy cambiante y muy divertido, porque está creándose constantemente en tiempo real».

Galicia, con una administración autonómica que ya tomó la delantera respeto al resto de comunidades autónomas, y con un tejido forestal y agroforestal de gran valor, dispone de los ingredientes necesarios para convertirse en un referente en este ámbito a medio plazo.

Mercado gallego de créditos de carbono: situación y perspectivas

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