“Nos jugamos el futuro de la ganadería extensiva en la reforma de la PAC”

José Luis Rodríguez es un ganadero de Entrimo (Ourense) que mantiene su rebaño a base de pastos arbustivos, lo que contribuye a la prevención de incendios en la Serra do Xurés

“Nos jugamos el futuro de la ganadería extensiva en la reforma de la PAC”

Vacas de José Luis Rodríguez en los planaltos de la Serra do Xurés.

Las vacas de José Luis Rodríguez, un rebaño de 70 animales cruzados, viven todo el año en el monte vecinal de Quéguas (Entrimo, Ourense), donde pacen principalmente brezos y pastos arbustivos. Es un ecosistema de ganadería extensiva por excelencia, pues en las laderas de Quéguas, en la Serra do Xurés, los prados son una anécdota que apenas rodean unos metros las casas de la aldea. El resto son pinos, tojeras y matorral, que prestan alimento y refugio al ganado.

Los animales campean a sus anchas por la montaña, donde se encargan del control del combustible forestal tanto en los altos de la Sierra, a más de mil metros de altitud, como en las laderas que descienden hacia Quéguas, donde dejan el monte limpio por debajo de pinos y retamas. José Luis reivindica la función que prestan sus vacas en la prevención de incendios. «Somos una de las pocas zonas de Entrimo donde no ardió en los últimos años», repasa el ganadero, que aboga por mayores apoyos para la ganadería extensiva.

Los animales mantienen el monte limpio bajo el arbolado.

Los animales mantienen el monte limpio bajo el arbolado.

«Cuando fue la anterior reforma de la PAC, pusieron el coeficiente de pastos arbustivos (Cap), que fue muy perjudicial. Recuerdo que vinieron a ver el monte los técnicos del Fogga y les pregunté que les había parecido. Me dijeron que teníamos el monte bien, pero después nos pusieron un coeficiente del 25%». recuerda José Luis.

Ese coeficiente del 25% se traduce en que cada cuatro hectáreas que gestiona la ganadería sólo cuenta como una hectárea a efectos de las ayudas europeas. Para tener 80 hectáreas inscritas, José Luis maneja más de 300 hectáreas del monte vecinal. El cambio del coeficiente arbustivo de pastos le supuso también la pérdida de las ayudas agroambientales, una paradoja si se tiene en cuenta que su ganado, enclavado en pleno corazón del Parque Natural del Xurés. es un tradicional gestor del ecosistema de montaña.

«Nuestro monte lo que más tiene es brezo, pasto arbustivo, que es lo que comen los animales, pero para el coeficiente de pastos descuenta. La Administración lo que quiere es ver el monte todo limpio, pero eso en el monte no puede ser. Hierba puede haberla dos meses en el año, en mayo y junio, así que si estuviese el monte todo limpio, morirían las vacas de hambre», concluye el ganadero.

Para mejorar el hábitat del ganado, una posibilidad pasaría por la creación de pastizales en el monte. Hay zonas aptas para ellos, pero en los últimos años no se ha apoyado ningún pastizal en el Xurés. «Lo lógico sería que no se dejase que los montes quedaran abandonados, que se apoye la creación de pastizales o que se obligue a los propietarios a tener cuenta de sus propiedades», valora el productor.

Ganado en el monte.

Ganado en el monte.

Incógnitas
Escarmentados tras la última reforma de la PAC, José Luis y el resto de productores de la Sierra temen que la ganadería extensiva vuelva a salir perjudicada en la próxima reforma de la Política Agraria Común, que se acabará de negociar en Europa este otoño – invierno. «O tiramos para adelante o se acabó. Si vuelven a recortar en el coeficiente de pastos o si aumentan las exigencias de carga ganadera, allá vamos todos», valora el productor.

El pago básico de la PAC exige que las ganaderías tengan una carga ganadera mínima de 0,2 unidades de ganado mayor (UGM) por hectárea, pero en zonas con limitaciones naturales, esa carga mínima se subió a 0,7 UGMs por hectárea, lo que perjudica a la ganadería extensiva, que se alimenta de pastos arbustivos y que precisa de amplias superficies.

Manejo
La alimentación del ganado a base de pastoreo en el monte se complementa, en el caso de José Luis, con paja comprada y tacos. «Normalmente, a las vacas paridas les doy tacos y paja, y al resto sólo tacos. En invierno, en épocas duras, también les aporto paja y tacos a todas, pero en general los animales pueden encontrar alimento y agua en el monte todo el año, por lo que no es preciso», valora.

Las vacas permanecen en la montaña día y noche, pero están acostumbradas a bajar a la mañana a la nave de los becerros, donde les dan de mamar y donde reciben después la ración de complemento. A la noche, las vacas paridas suelen volver a bajar y el resto queda en el monte, hasta la mañana siguiente.

Ganado en uno de los cobertizos a primera hora de la mañana.

Ganado en uno de los cobertizos a primera hora de la mañana.

Los que no salen nunca de las naves son los becerros, puesto que el monte carece de cierres, lo que dificulta la gestión del ganado, y a mayores está el peligro del lobo. «En general no tenemos problemas con el lobo. Algún invierno pueden matar una vaca débil, porque los lobos saben buscar la forma, pero si te das cuenta rápido y avisas, lo normal es que te indemnicen», reconoce José Luis.

Los partos son también en el establo, una cuestión sobre la que José Luis lleva cuidado, pues en ocasiones los animales le dan problemas. «El anterior toro que tenía me daba más complicaciones. Ahora compré un toro más pequeño, charolés, que me está yendo mejor», valora.

Los becerros maman de las vacas por lo menos hasta los 7 meses y se ceban los últimos meses, hasta los 10. La mayoría se marca en Ternera Gallega Suprema, salvo algún caso que, por motivos excepcionales, quede como Ternera Gallega. «Si no marcas los animales en la Indicación Geográfica, prácticamente en esta zona quedan sin valor», señala José Luis.

La pandemia tiró además con los precios, que por el momento no se recuperaron lo necesario. La parte buena para la granja es que antes de que comenzara la crisis firmó un contrato con Nova Frigsa, lo que le permite tener salida garantizada para todo el ganado.

José Luis Rodríguez con su hijo Aarón.

José Luis Rodríguez con su hijo Aarón.

Una ganadería que se recuperó de uno vacío sanitario

José Luis Rodríguez se incorporó a la ganadería familiar a partir del 2004, cogiendo el relevo de su padre, que hasta entonces había tenido cachenas en el monte. Él se decidió en cambio por ganado cruzado de rubia gallega, charolesa y otras razas cárnicas, pues eran animales en los que veía más posibilidades de rentabilidad, al margen de subvenciones.

Al incorporarse, José Luis habilitó en la parte baja del monte unas instalaciones compuestas de una nave y de dos cobertizos, uno para los becerros de cebo y otro para echarle los becerros a las vacas. «En instalaciones no es necesario gastar mucho», valora. «La inversión que sí veo necesario es en cierres. Me gustaría hacer por lo menos un cierre en el alto, en la frontera con Portugal, porque el año pasado se me fueron 25 animales para el otro lado y fue un lío dar con ellos y hacerlos regresar», recuerda el productor.

En el tiempo que lleva con la ganadería, el peor revés le llegó en el 2013, cuando tuvo que hacer un vacío sanitario a causa de la tuberculosis, lo que supuso la eliminación de 120 animales. Era el mes de junio y en septiembre José Luis bajó a Badajoz para reponer el ganado, decantándose nuevamente por animales cruzados de charolés y limusín.

Desde aquella, no volvió a tener ningún problema con el saneamiento ganadero, pero comenzar de cero por segunda vez no fue fácil. La diferencia entre Badajoz y el Xurés fue complicada de asimilar en un principio para el ganado. «Llegaron en otoño y les costó adaptarse. En enero y febrero, en Extremadura los animales comen en el monte lo que quieren y aquí el invierno es de poco alimento en la montaña, hasta abril o mayo», explica.

Ahora ya tiene más vacas de recría propia que de las que trajo de Extremadura. Son animales que se adaptan ya mejor a la Sierra y la ganadería comienza a avanzar en la selección genética. «Una ganadería comienzas a tenerla asentada al cabo de unos años. De los animales que traje, hubo que quitar ganado bravo, otras vacas que no parían… Hay mucho trabajo detrás. De seleccionar no acabas nunca», concluye José Luis, uno de los productores que mantiene viva la tradicional ganadería extensiva del Xurés.

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