“Para recuperar las viñas afectadas por los incendios lo urgente ahora es regar, y es lo que no se está haciendo”

Rafael Palacios es viticultor de godello en O Bolo, en la Denominación de Origen Valdeorras. Nos explica los tratamientos que está realizando en una de sus parcelas para tratar de salvar las cepas que han sufrido los efectos de los fuegos de las últimas semanas en la comarca

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Viñas afectadas por el fuego en A Rúa, dentro de la denominación de origen Valdeorras

Viñas afectadas por el fuego en A Rúa, dentro de la denominación de origen Valdeorras

Junto con el ganadero y el forestal, el sector vitivinícola ha sido uno de los más afectados por los incendios de este verano. El fuego se ha cebado especialmente en agosto en zonas de viñedo de la provincia de Ourense. Valdeorras y Monterrei han sido las denominaciones de origen más afectadas, aunque las llamas han amenazado también a productores de Quiroga y Vilachá (A Pobra do Brollón), dentro de la DO Ribeira Sacra en la provincia de Lugo.

Una vez sofocados los incendios, toca evaluar los daños y tratar de recuperar las viñas. Algunas de ellas han ardido directamente, por lo que será difícil que vuelvan a producir. En otros casos, la afectación se ha debido al intenso calor generado por la vegetación en los bordes de las parcelas durante su combustión.

Tanto desde EVEGA como desde la Estación Fitopatológica de O Areeiro admiten estar “bastante perdidos en este asunto”

Aunque no se trata de una situación nueva (el fuego ha afectado a viñedos en otras ocasiones tanto en Valdeorras y Monterrei como en el resto de denominaciones de origen), sigue sin existir un protocolo de actuación a seguir y las entidades públicas de referencia en Galicia están resultando inoperantes, pues tanto desde la Estación de Viticultura y Enología de Galicia (EVEGA), ubicada en Leiro y dependiente de la Xunta de Galicia, como desde la Estación Fitopatológica de O Areeiro, perteneciente a la Diputación de Pontevedra, admiten sentirse «bastante perdidos en este asunto» y prefieren no dar ningún tipo de consejo práctico a los viticultores, que ensayan por su cuenta distintas soluciones tratando de recuperar aquellas viñas que han resultado afectadas.

Evaluación de daños

Los viticultores han pasado semanas en tensión. El incendio de Larouco-Seadur, iniciado el miércoles 13 y que no fue estabilizado hasta el sábado 23, con más de 30.000 hectáreas calcinadas, afectó a los viñedos de la DO Valdeorras en O Barco, Vilamartín, A Rúa, Petín y O Bolo; mientras que el de Oímbra-A Granxa, iniciado el martes 12 y estabilizado el viernes 22 con unas 17.000 hectáreas calcinadas, fue el que dañó las viñas de la DO Monterrei en los municipios de Oímbra, Laza y Verín.

En Santa María (Petín) los vecinos tuvieron que refugiarse en las cuevas y dos de estas bodegas subterráneas quedaron totalmente calcinadas

Por ahora no hay un balance exacto de cuántas de las 1.200 hectáreas de la DO Valdeorras y las casi 800 de la DO Monterrei se han visto, en mayor o menor medida, afectadas, pero sí han trascendido algunos daños concretos: en A Rúa han ardido cepas centenarias, en Petín dos bodegas y en la aldea de Alvaredos (Quiroga), que representa la puerta de entrada a la Ribeira Sacra desde Valdeorras, la bodega de Antonio López (Alvaredos Hobbs) perdido el 70% de su producción.

Lo prioritario: regar

Borde de parcela en A Rúa que ha sufrido dos efectos de las altas temperaturas provocadas por el fuego sobre la vegetación de las cepas

Borde de parcela en A Rúa que ha sufrido los efectos de las altas temperaturas provocadas por el fuego sobre la vegetación de las cepas

Tras el shock inicial, los viticultores trabajan contra reloj tratando de salvar las viñas afectadas bajo una premisa: cuidar lo vivo, recuperar lo dañado y reestructurar lo perdido. 

Rafael Palacios produce en O Bolo uno de los vinos gallegos más premiados en la actualidad. Las 32 parcelas que trabaja suman un total de 24,5 hectáreas. “Milagrosamente hemos salvado todo lo bueno, no solo los viñedos sino el paisaje de la zona», asegura.

«Conseguimos parar el fuego justo en la entrada de O Bolo, con la ayuda de las brigadas y de los vecinos. Ha ardido algo en la zona alta del municipio pero el valle de Santa Cruz y As Ermidas se ha librado. A nosotros nos ha afectado a una finca que teníamos a las afueras de esta zona”, relata.

“Afortunadamente lo teníamos bien labrado y perimetrado, limpio de vegetación, pero la fuerza del fuego y el calor que provoca afectó a las primeras plantas del borde”, describe. Con la experiencia del año 2004, recién llegado a O Bolo, cuando sufrió otro incendio, ha actuado de inmediato.

La planta se ha deshidratado y se ha quedado sin la parte vital que es el oxígeno que recibe a través de las hojas

“La planta se ha deshidratado y se ha quedado sin la parte vital que es el oxígeno que recibe a través de las hojas. Por eso, lo más importante es regar. Hacemos pozas y regamos planta por planta. Hicimos dos riegas, la primera en cuanto se pudo entrar y la segunda a los 4-5 días y después tapamos”, explica.

“Podar es contraproducente”

Más allá de esa recomendación general de regar para rehidratar la planta, Rafael recomienda valorar de forma individualizada caso a caso, en función del grado de afectación de la cepa, el aprovechamiento o no de la uva. “Si el fuego ha dejado la vegetación socarrada, nosotros sacamos la uva y regamos. Ese racimo no va a madurar, porque la maduración se produce a través de la fotosíntesis de la hoja, por lo que a nivel de azúcares y fenólica si no hay vegetación no hay maduración y la calidad va a ser cero. Además, mantener la uva perjudica la recuperación de agua por parte de la planta”, insiste.

Si las hojas están quemadas o secas, la uva no va a madurar; hay que cortarla y descartarla

Sin embargo, podar las ramas y sarmientos quemados sería contraproducente. “Si podas vas a hacer sufrir más a la planta y vas a provocar una herida por la que la planta se deshidrata aún más. La planta no hay que tocarla ahora; lo urgente ahora es regar y es lo que no se está haciendo”, advierte.

Hacer podas no es bueno porque la propia planta puede tirar de la sabia y el agua que tiene en el sarmiento para recuperarse

“Si tú te deshidratas en el desierto, o bebes agua o te mueres”, compara. Pero reconoce que “muchos viticultores no tienen medios”. “Hay que regar al pie, haciendo cavas, no regar por arriba. Entre otras cosas porque esa agua se seca en contacto con el suelo y no llega a la planta. Regar la vegetación no tiene demasiado sentido, a no ser que a la vid le hayan quedado hojas vivas todavía”, argumenta.

En cuanto a otro tipo de tratamientos o aportes, recomienda únicamente añadir aminoácidos al agua. “Si se le ponen aminoácidos al agua, mejor, pero hay que echar los aminoácidos con el agua al pié. Otro tipo de abonos en el suelo no sirven de nada en estos momentos y los abonos foliares tampoco, porque al no haber hojas no ayudan a la planta”, indica.

Casos más severos

Viñedo gravemente afectado por el fuego en A Rúa

Viñedo gravemente afectado por el fuego en A Rúa y que será difícil salvar

Aunque Rafael no ha sufrido afectaciones graves, otros viñedos en zonas próximas como A Rúa sí han tenido consecuencias más graves. “Llevo 21 años aquí y no había visto nada igual. Ha ardido casi el 50% de la comarca. Lo ocurrido en todo el valle desde O Barco hasta A Rúa y Quiroga es demoledor, con mucha afectación sobre viñedo y dramas como en Valdeorras, donde se han quemado cepas viejas. Eso es ya irrecuperable”, lamenta.

El fuego se ha cebado especialmente este año en parcelas de viñedo que se encontraban entremezcladas con el monte

Aunque hay todo tipo de casuísticas, afirma que “los incendios no han afectado tanto a fincas grandes de godello como a las parcelas pequeñas que aparecen salpicadas por el monte, que han sido las peor paradas porque las ha cogido en medio del fuego. Las que estaban en ladera, como venía el fuego hacia arriba, las arrasó. Si están sin labrar, corre el fuego por la viña a través de la vegetación y eso ya es más difícil de recuperar”, reconoce.

En esos casos más severos, donde el incendio ha afectado al tronco y a las raíces, habrá que esperar a la próxima primavera para ver si la planta rebrota o no. Si las raíces no han sido dañadas, la planta brotará nuevamente, bien en su parte aérea o mediante nuevos brotes basales y será entonces cuando la poda se convierta en fundamental para formar la nueva planta.

Cuando la raíz de la planta ha sido afectada, no hay mucho que hacer

Aunque el tronco se haya quemado, no se debe cortar ahora, ya que es una reserva de vida para la planta. Lo correcto en estos casos es dejar el tronco quemado tal como está, y proteger los nuevos brotes para que alcancen vigor en los años siguientes.

Proteger el suelo de la erosión

Otro riesgo posterior al paso del fuego es la erosión del terreno. La disminución de la cobertura vegetal como consecuencia del incendio aumenta el riesgo de pérdida de suelo por escorrentía en las zonas más escarpadas y pendientes.  

Para evitarlo, tanto en zonas calcinadas de monte como también de viñedo y otros cultivos, se recomienda introducir una cobertura vegetal (por ejemplo, paja). Esto favorece la retención de agua y su infiltración en el terreno.

El acolchamiento con paja en suelos escarpados y quemados evita la erosión y favorece la infiltración de agura hacia las raíces de las vides

Arar el suelo en sentido transversal a la pendiente podría ser otra opción. Aprovechar las primeras lluvias del otoño para sembrar alguna mezcla de leguminosas también ayudaría a mantener la capa superficial de tierra y serviría además para fijar nitrógeno ambiental.

De otro modo, la erosión podría provocar un efecto lavado con problemas de fertilidad que afectarían también al estado vegetativo y sanitario de los viñedos en los siguientes años. Es recomendable también realizar un análisis de suelo para verificar que no ha sido dañado por los incendios en su estructura y composición química y poder ajustar el abonado de invierno a las necesidades reales de la parcela.

Efectos sobre la vendimia, que está a punto de comenzar

Los incendios de las pasadas semanas han cogido a las viñas en la mayoría de las Denominaciones de Origen gallegas en la fase previa a la vendimia, por lo que el dilema en algunos casos es aprovechar o no las uvas que han sido sometidas al calor o al humo de los incendios, ya que debido a la proximidad del fuego, el exceso de calor interrumpe el flujo de savia y seca la uva antes de que alcance su maduración.

Desde a DO Ribeira Sacra recomiendan regar y ventilar as uvas para minimizar los daños y los efectos en bodega provocados en algunas parcelas del valle del Bibei, ya que el humo, la ceniza y las altas temperaturas vividas por los racimos pueden dejar su pegada en el vino.

El incendio originado en Larouco-Seadur y el posterior declarado en Quiroga-Bibei amenazaron a la DO Ribeira Sacra, que suma 1.300 hectáreas inscritas

Algunos estudios realizados en Australia, donde los incendios han afectado en repetidas ocasiones al sector vitivinícola, constatan el efecto del humo de los incendios en caldos. En la uva, el efecto del humo no se percibe a nivel aromático, pero tanto durante como después del proceso de fermentación las moléculas reaccionan y provocan olores que son molestos en el vino final.

Los tratamientos con carbón activado reducen estos efectos. Se recomienda también reducir el proceso de maceración, ya que las moléculas que desprenden estos olores a humo se concentran en la piel de las uvas.

El humo y la ceniza pueden afectar a la calidad de la uva y dejar su rastro en el vino

La lluvia prevista para estos días podría ayudar al lavado natural de la ceniza depositada sobre los racimos y que entren limpios a las bodegas a la hora de vendimiar. En caso contrario, sería necesario realizar un proceso de lavado previo.

Acceso a ayudas

Los viñedos afectados por el fuego suponen una pérdida de la producción este año y una merma en la cosecha del año que viene, ya me muchas cepas habrá que formarlas de nuevo mediante una poda severa en primavera o incluso injertarlas o replantarlas en los casos más graves.

En caso de parcelas aseguradas, el seguro cubre lo que se ha quemado, pero en muchos casos, sobre todo los pequeños viticultores habituales en zonas como la Ribeira Sacra, Valdeorras o Monterrei, carecen de este tipo de coberturas.

La declaración de zonas gravemente afectadas por parte del Consejo de Ministros y la habilitación de ayudas por parte del Consejo de la Xunta podrían ser una vía alternativa para la reparación de los daños.  

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