“Pasamos de un monte abandonado a uno que cuida el paisaje y le aporta valor a la comunidad”

Entrevistamos a la presidenta de la comunidad de montes de Antas (A Lama, Pontevedra), con quien abordamos la implicación vecinal en el monte y las decisiones que tomaron en su gestión

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La comunidad de montes vecinales de Antas (A Lama, Pontevedra) protagonizó en la última década un proceso de recuperación de su monte, que pasó del abandono a una ordenación modélica en la que combinan usos forestales y ganaderos.

Hablamos con Erundina Louro, presidenta de la comunidad de montes, que nos habla del trabajo desarrollado. “Todo comenzó cuando nos dijimos ‘no puede ser que perdamos lo que es nuestro’. A partir de ahí, todo fue echarle muchas horas y mucho amor, por la vinculación que tenemos con la aldea. Todo este proceso fue un aprendizaje continuo. No hay milagro, el milagro es tener la iniciativa, poder hacerlo y contar con las ayudas para hacerlo”, resume.

– Vuestro monte vecinal pasó durante unos años por una situación de abandono. Cuéntanos lo que sucedió y cómo decidisteis recuperar la gestión.
– Recuperamos el monte para la comunidad en el año 2015 después de un periodo de abandono de más de 10 años, desde 2004. Fue por circunstancias que se dieron, ligadas a un conflicto de lindes… Cuando nos enteramos de que la Xunta estaba a punto de incoar un expediente para incluir el monte en el Banco de tierras, decidimos hacernos cargo de la gestión.

Comenzamos entonces todo el proceso administrativo para inscribir nuevos comuneros, en este caso la mayoría son comuneras… Y apostamos por una diversificación del uso del monte, basada sobre todo en la gestión forestal, recuperando el paisaje y optimizando los recursos económicos, porque no contábamos casi con recursos.

– ¿En qué momento la actual junta rectora del monte os decidisteis a poneros al frente de la comunidad?
– Ya llevábamos trabajando en cuestiones sociocomunitarias un tiempo, luego también es un proceso vital, todas trabajábamos, teníamos nuestras profesiones, y la verdad es que somos personas muy vinculadas a la aldea. Nuestros padres y nuestros abuelos intentaron sostener este vínculo a pesar de que fuimos a estudiar fuera.

Cuando se dio el proceso de la comunidad, de retomar todo este trabajo, al principio fue un “no puede ser que perdamos lo que es nuestro”. A partir de ahí iniciamos este proceso de convencer a los vecinos casa por casa, tuvimos mucha ayuda de los agentes forestales en ese momento, y nos pusimos a andar y aprender, porque ninguna de nosotros conocía los limites del monte, ni los nacientes de agua… Sabíamos pocas cosas. Todo este tiempo fue un proceso de aprendizaje continuo.

Todo fue echarle muchas horas y mucho amor, no hay otra explicación… Es la vinculación que tenemos con nuestro entorno, con nuestra aldea, y también la confianza de que esto puede ser un trabajo a futuro. Siempre decimos que trabajamos para los que han de venir porque, realmente, los ciclos de tala forestal son los que son, y para alguno de nosotros nos va a pillar muy mayores, cuando este proceso que estamos iniciando llegue al final…

– Sois una comunidad y una junta rectora con una presencia muy importante de la mujer. Explícanos cómo se fue configurando esa participación tan activa.
– Somos una aldea muy vinculada a la emigración, sobre todo a Latinoamérica, básicamente México y Brasil. Aquí sufrimos las diferentes olas de la emigración, también a Europa. Por eso, esta siempre fue una aldea de mujeres y, curiosamente, en la junta rectora y en la asamblea de comuneros mayoritariamente eran hombres.

En la ley de montes, dice que el comunero tiene que ser el cabeza de familia y nosotros no podíamos entender que la asamblea fuese mayoritariamente masculina, cuando las mujeres son las que trabajan la tierra y están aquí, dinamizando la aldea…

Entonces, cuando nos propusimos darle un giro a la comunidad, empezar de nuevo con la participación, con el sistema administrativo, crear nuevos comuneros y comuneras, decidimos ir casa por casa y contarles lo que íbamos a hacer. Así fue que ellas tomaron la iniciativa de ser las comuneras. Ahora tenemos 92 personas comuneras, de las que 83 son mujeres.

Eso hizo que sean asambleas muy participativas y que estemos muy presentes en la vida activa de la comunidad, creo que no hay vuelta atrás.

Antas, en A Lama (Pontevedra).

Antas, en A Lama (Pontevedra).

– Háblanos de la evolución que tuvo el monte desde que vosotros comenzasteis a gestionarlo.
– Teníamos el monte en absoluto abandono. Este es un monte que no tenía ganado mostrenco, así que decidimos apostar por algún tipo de uso forestal y elegimos el pino. En este caso el ‘Pinus pinaster’ (pino del país). No tenemos una gran altitud y pensamos que este tipo de madera podía evolucionar rápido. Creemos que es un monte muy bueno, los árboles crecen rápido y la idea es producir madera de calidad. Hicimos convenios de gestión del monte con Finsa con esa orientación, para producir madera de alto valor.

El acuerdo con Finsa pienso que es beneficioso para las dos partes. Nosotros conseguimos mantener las plantaciones en perfecto estado, con los tratamientos silvícolas adecuados y ellos obtienen madera de calidad. Es muy importante esta colaboración porque todos ganamos y mantenemos una confianza mutua. Piensa que nosotros no tenemos trabajadores en la comunidad y, aparte del convenio con Finsa, solo contamos con la asesoría de un ingeniero forestal y de otra empresa a nivel administrativo.

Pinares adultos y plantaciones jóvenes.

Pinares adultos y plantaciones jóvenes.

A mayores de lo que es la parte forestal, también iniciamos otras sendas, como recuperar las fincas agrarias para una explotación de ganado que tenemos cedida a una persona que vive en la aldea, y apostamos por otros usos, como introducir caballos de raza autóctona en las fincas que tenían las plantaciones más crecidas, para que no perjudicaran los árboles. Esto ayuda a mantener el monte limpio.

– ¿Cómo se reparte la superficie de vuestro monte, entre los distintos usos forestales?
– Tenemos unas 500 hectáreas de monte, y sobre 250 están dedicadas a ‘Pinaster’. Hacemos plantaciones ordenadas, con una masa circular de frondosas alrededor (abedules y robles) para prevenir la extensión de posibles incendios y para cuidar el paisaje.

Otras áreas con frondosas caducifolias son la zona de la capilla, que tiene un parque que usamos los vecinos para la romería y ocio, y la ribera del río, con robledales muy antiguos en los que actuamos con poda y trabajos de mantenimiento.

También mantenemos una zona a eucalipto, que llevaba mucho tiempo y no nos vimos capaces de reorientar.

– Los incendios son cada verano una amenaza en el monte gallego. ¿Tuvisteis muchos problemas en los últimos años?, ¿cómo gestionáis la situación?
– El último incendio que tuvimos fue al poco de asumir nosotros la gestión del monte, en una plantación que teníamos antigua. Perdimos 4 hectáreas y entendimos que el proceso de mantener el monte limpio, con buenos cortafuegos y haciendo trabajos de mantenimiento en invierno, mejoraría la prevención.

Los incendios son incontrolables para los que gestionamos el monte. Lo único que podemos hacer es mantener el monte limpio, ordenado y con cortafuegos

Llevamos desde aquella sin tener ningún incendio, pero vivimos con angustia permanente cada vez que tenemos un verano seco. El tema del fuego es incontrolable para los que gestionamos el monte, lo único que podemos hacer es mantener el monte limpio, ordenado, con buenos cortafuegos… Pero a veces resulta complicado, sobre todo cuando tienes espacios que no pertenecen a la comunidad pegados a ti y que no tienen la mejor gestión, de cara a la prevención de incendios.

– En cuanto al ganado que introdujisteis, vuestra idea es precisamente que contribuya a la prevención de incendios…
– El ganado lo utilizamos principalmente para mantener limpio el entorno de la aldea. La aldea es un valle, y en el centro del valle estaba todo el terreno agrario. La cuestión es que no quedaba nadie que tuviera ganado para uso familiar y entonces dedicimos habilitar dos grandes fincas, convenciendo a las vecinas para que cediesen sus tierras agrarias para una especie de banco de tierras de la propia comunidad, haciendo dos grandes fincas, una de 40 hectáreas y otra de 80 hectáreas, que se utilizan para una explotación de raza cachena.

En lo que respecta al monte, inicialmente no podíamos tener ganado porque impedía el crecimiento del pino, pero ahora que las plantaciones están lo suficiente crecidas para introducir ganado, estamos metiendo caballos de raza autóctona con un joven de la aldea, por zonas, para así mantener el monte limpio y minimizar los costes de los trabajos forestales.

– Tuvisteis recientemente repercusión porque madera de vuestro monte acabó en el pabellón español de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Vosotros trabajáis en el monte precisamente con la idea de orientar parte de la producción de madera a usos de calidad, como el de la construcción…
– Esa es nuestra idea, que la madera tenga alta calidad, que sea trazable y que repercuta en mejorar realmente la transición verde, contribuyendo a nuevas formas de construcción y a reducir problemas como el del acceso a la vivienda. Consideramos que tenemos mucho que ofrecer como comunidad y que Galicia tiene mucho que ofrecer a este nuevo modelo de construcción, más ecológica y sostenible. Pienso que trabajando conjuntamente podemos hacerlo.

– En vuestro monte vecinal, hay un proyecto de un parque eólico, que ahora se encuentra paralizado. Cuéntanos cómo vivisteis este proceso del parque eólico, desde el inicio hasta la situación actual.
– El parque eólico estaría situado en la parte alta, a menos de 500 metros de la aldea. No es un parque normal, son los aerogeneradores más altos que hay ahora mismo en el mercado, tendrían más de 250 metros de alto. Este proceso se inició en plena pandemia, cuando no teníamos oportunidad de consultar ningún tipo de información ni nos informaron en ningún momento al respecto de esto.

«El parque eólico tendría un impacto visual, de ruído y sombras. Tenemos derecho a la calidad de vida en nuestra aldea»

Cuando nos enteramos, no nos quedó más remedio que llevar el caso del parque al contencioso y acabar pendientes de la resolución del Tribunal Superior de Xustiza de Galicia. Es un parque de tres aerogeneradores que estarían situados muy cerca de las casas y que nos afectaría en la zona de los accesos y nos quitarían bastante monte comunal. Por otra parte, la contraprestación económica que nos ofrecen, pensamos que roza la usura. Evidentemente, no nos quedó más remedio que judicializarlo y actualmente el parque está paralizado.

El parque tendría un impacto, visual, de ruido y haría sombras en la aldea… No cabe en nuestro modelo de gestión. Para nosotros, estos últimos dos años están siendo con mucho estrés porque esperamos la resolución del juicio, fuimos dando muchos pasos al respecto.

Posteriormente a este parque de la empresa Naturgy, tuvimos nuevos proyectos de parques que afectan en la aldea, en la zona alta. Ahora estamos en pleno proceso, se publicó hace unos días en el Boletín Oficial de Pontevedra un proyecto de paso de líneas de alta tensión por nuestro monte. Estamos continuamente sometidos a presión porque intentamos mantener nuestra biodiversidad y la calidad de vida de las personas. Es una lucha constante que nos minoriza la capacidad para trabajar en otras cuestiones propias del monte.

– Algo más que quieras destacar, a modo de conclusión.
– Pues señalar que nuestro modelo no tiene nada en particular, se asienta en el trabajo diario, en la participación de todos, en apostar por un modelo de gestión forestal, de mantener nuestro monte en producción y respetando el paisaje y usos que tiene el monte comunal, de proteger la aldea y de aportar valor a los que vivimos en ella. Consideramos que en estos últimos años es un modelo que nos funcionó, hasta llegar nuestra madera a la Bienal de Venecia.

«Es importante la moratoria del eucalipto par conservar el paisaje tradicional y contribuir a la transición verde»

No hay milagro, el milagro es tener la iniciativa, poder hacerlo y contar con las ayudas para hacerlo. Quisiera también recordar que es muy importante la moratoria del eucalipto, que si queremos conservar el paisaje tradicional del monte gallego, es muy importante apostar por especies autóctonas y contribuir a esta transición verde de la mejor manera posible, no llenando el monte de aerogeneradores ni de líneas de alta tensión que van minorizar la calidad de vida. Nosotros tenemos derecho a vivir con la mejor calidad de vida posible.

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