
“Llevamos tres noches sin apenas dormir. Tenemos que vigilar que el fuego no llegue a los prados y naves donde tenemos las vacas y las ovejas. Y defender los galpones para el ganado y los lugares donde tenemos los rollos de hierba.” Es lo que dice Javier Blanco, ganadero de Maceda con una explotación de vacas en extensivo. El fuego afecta especialmente en esa zona montañosa de la Sierra de San Mamede donde confluyen los ayuntamientos de Maceda, Montederramo y Vilar de Barrio.
“Los ganaderos y el resto de vecinos nos organizamos para trasladar el ganado hacia zonas seguras. Cada vez es más complicado porque quedan menos lugares sin arder y hay que llevar las vacas y ovejas a pie y más lejos. La mayor parte de los traslados los hacemos de noche, que -por desgracia- es cuando más se acerca el fuego a las áreas de las explotaciones.”, añade Blanco.
En el lugar de Cova ardieron vivos varios terneros y se quemó por completo una nave. El ganado que pasta en Cabeza de Manzaneda se quedó sin lugar de cría. Y, precisamente en la estación de Cabeza, había pinos de más de cien años que fueron pasto de las llamas. Por otro lado, hay cientos de animales que están desaparecidos y se va a tardar días en dar con ellos, si es que aparecen. Son sólo algunos de los daños de los que dan cuenta los vecinos de estos ayuntamientos. Y eso que aún no ha comenzado el balance oficial, que puede ser dramático.
Lo prioritario es acabar con el fuego. Pero, cuando hagamos balance, las pérdidas en todas las ganaderías van a ser enormes y difíciles de recuperar. (Javier Blanco. Maceda)
Fernando Álvarez tiene una explotación de vacas de leche en la Mata, en Manzaneda. Dice que, lamentablemente, fue espectador de lujo de todo lo que sucedió en su ayuntamiento. “En esta zona del Valle del Bibei fuimos librando porque forma como un pequeño oasis, pero desde aquí se vio perfectamente cómo el fuego iba avanzando y avanzando y cómo obligó a desalojar viviendas, explotaciones y ganado. En cuestión de días se perdió nuestro patrimonio natural e histórico.”

Decenas de instalaciones ganaderas fueron arrasadas por las llamas
Este ganadero productor de leche de vacuno en pastoreo asegura que la carga de humo que se soporta estos días va a tener efectos en todo el ecosistema. “No es solo el humo. También está la ceniza que queda en el ambiente. Hubo momentos en que parecía de noche de lo cargado que estaba el aire. Tragar y respirar todo eso va a tener efectos en el ganado igual que los tiene en las personas.”
La familia de Xabier Fernández tiene una explotación de vacas en Chandrexa de Queixa. Dice que nunca se vio nada igual. “Se sabe que hay mucha afectación pero no se sabe cuánta. Tardaremos días en poder hacer balance de las pérdidas. Pero los daños se van a notar durante años. Hay muchos sitios que ardieron porque son totalmente inaccesibles.”
Xabier cree que, si no llueve y acaba por arder la zona de su ayuntamiento que toca con Castro Caldelas, se podrá afirmar que habrá ardido el 85% del ayuntamiento de Chandrexa de Queixa, uno de los cinco más grandes de Galicia.
Pero la gran preocupación de los criadores de vacas, ovejas y cabras del macizo orense está en los forrajes y en los pastos. En muchas zonas ardieron los rollos que se almacenan en los prados y al lado de las naves. Y hubo cientos de prados que ardieron enteros. El problema es que en esos prados no se va a poder entrar en un período aún por determinar y los rollos que ardieron ya sólo se pueden sustituir acudiendo al mercado.
La normativa prohíbe incluir en la PAC los terrenos que ardieron e incluso pastarlos. ¿Qué va a pasar con los ganaderos a los que les ardieron el 100% de las fincas?. (Xabier Fernández. Chandrexa de Queixa)
Zamora y León son los mercados recurrentes para los ganaderos de esta zona cuando hay desabastecimiento de alimentos para el ganado. Ahora los fuegos están afectando duramente también en esas provincias por lo que el forraje va a escasear, tendrá que venir de lejos y habrá que pagarlo a precios muy elevados. También hay casos de granjas que salvaron los forrajes pero perdieron las praderías, de forma que tendrán que abrir los silos mucho antes de lo previsto, con el consiguiente descuadre.

Los ganaderos tuvieron que poner a salvo del fuego montones de rulos de hierba
Hay preocupación entre los ganaderos de las zonas afectadas por lo que vaya a pasar en los próximos meses con la PAC. “La normativa prohíbe expresamente incluir en las solicitudes de la PAC parcelas que ardieron. Y aquí hubo a quien le ardió el 100% de la superficie. ¿Qué va a pasar con esas personas? ¿Van a perder las ayudas? ¿Qué pasa si estaban adscritas a ecorregímenes? Y no olvidemos que las restricciones son mayores en terrenos en pendiente, como son aquí casi todos”, dice Fernández.
Otro efecto colateral de los fuegos está en la fauna salvaje. “Los jabalíes que había en los montes y que habían sobrevivido a las llamas van a bajar y van a buscar el alimento que esté disponible. En estas zonas limítrofes con Monterrei y con la Ribeira Sacra van a ir directos a por las uvas, que justo comienzan a madurar. Y también entrarán en el maíz y en todos los cultivos de esta época final del verano. O puede bajar el lobo y haber ataques en el ganado. La bajada de la fauna salvaje hacia terrenos en los que no estaba presente es una consecuencia lógica de todo este fuego.”, indica Fernando Álvarez.
Por la orografía en pendiente y por la abundancia de cauces fluviales, existe la preocupación por el efecto que puedan tener las lluvias cuando lleguen. Y más si son torrenciales, ya que arrastrarán mucha ceniza y residuos vegetales hasta los ríos dejándolos enfangados. Por no hablar de la erosión que se puede intensificar en las fincas dedicadas al ganado.
Javier Blanco cree que hubo falta de coordinación, al menos, en los primeros días del fuego. “Había medios suficientes para atajarlo e incluso en los peores días no se puede negar que se enviaron efectivos. Pero se notó mucho que no estaban coordinados. Dio la sensación de que se actuaba con cierta improvisación y sin objetivos claros. Y eso acabó influyendo muy negativamente.”
Año tras año vienen denegadas las solicitudes para quemas en invierno que serían medidas preventivas eficaces. No se entiende por qué. (Xoan González. Vilariño de Conso)
Para Fernando Álvarez, todo lo que se escucha sobre prevención es cierto pero no se aplica. “Estamos hartos de oír que los incendios se evitan en verano, que el ganado es el mejor limpiador de los montes, que las frondosas y los cultivos no arden o que es preciso establecer cortafuegos escalonados. Todo eso sabemos que es cierto, pero no se hace. Lo que no sabemos es por qué no se hace. A veces parece que hay una estrategia planificada para acabar con la presencia de los ganaderos en esta zona.”

Los incendios se llevaron por delante la mayoría de los pastos rústicos
Xoán González, ganadero de oveja gallega en Vilariño de Conso señala otra causa posible para que los fuegos se esparcieran con tanta intensidad por todo el macizo orensano. “Llevamos muchos años solicitando quemas de invierno. Son un método de lo más efectivo y seguro para deshacerse de la maleza que puede arder en verano y para beneficiar el subsuelo en el momento más adecuado. Y, sin embargo, todos los años vienen denegadas las solicitudes por las razones más impensables. Pues esperemos que con lo ocurrido cambien el rumbo. Aunque ahora ya queda poco que salvar.”
La falta de coordinación, de medidas a lo largo de todo el año e incluso de efectivos hace pensar que nos someten a un abandono planificado. (Fernando Álvarez. Manzaneda)
La opinión de Xabier Fernández va en la misma línea. “Hay que tener una planificación todo el año. No puede ser que entre Manzaneda y Laza haya un monte continuo sin un solo cortafuegos. Estos días vimos bulldozers haciendo surcos en zonas que ya habían ardido por los dos lados o colgados en precipicios. Los fuegos se extinguen cuando ya no tienen más que quemar. Por eso hay que crear espacios por los que no pueda avanzar.”
Ahora los afectados de los fuegos temen que, a pesar de la extrema gravedad de lo ocurrido, los incendios y sus efectos queden olvidados en pocas semanas. “Nosotros trabajamos en un entorno muy difícil y aislado, con unos métodos totalmente sostenibles y respetando el medio ambiente. Y, aunque parecería lógico que se nos apoyara, lo cierto es que estamos en un total abandono y por eso pasan estas cosas. Para desbrozar, podar o hacer cualquier otro manejo de nuestra tierra nos ponen trabas. Pero después no se cuida lo que es de todos y pasa lo que pasa.”, dice Fernando.
La única parte buena que percibieron todos estos ganaderos durante los incendios fue la solidaridad que sigue existiendo entre los vecinos. Y es que esa está siendo clave para salvar buena parte del patrimonio de las explotaciones. Todos los tractores y cisternas están trabajando a destajo para llevar agua a las zonas donde más se precisa y también se están haciendo cortafuegos con las palas para evitar, sobre todo, que el fuego llegue a pastos e instalaciones. Aunque no estén directamente afectados, los ganaderos están pasando las noches colaborando para salvar todo lo que se pueda de las casas y granjas en las que sí llegó el fuego
Una carga tan grande de humo y ceniza, junto con las altas temperaturas, afectan a los viñedos colindantes con el fuego. (Iván Álvarez. Bodeguero de Oímbra)
Los incendios forestales también llegaron a terrenos de la Denominación de Origen Monterrei. Uno de los focos incluso mantuvo cerrada por espacio de dos horas la villa de Verín y en Oímbra resultaron heridos de diversa consideración cuatro bomberos. Precisamente en Oímbra fue donde más afectados resultaron los viñedos por causa de las llamas, las altas temperaturas y el humo.

El fuego y el humo eran visibles desde toda la D.O. Monterrei
Iván Álvarez, de la Bodega Triay, en el lugar de O Rosal, explica que tanto las instalaciones como buena parte del viñedo estuvieron con las llamas a poco más de 200 metros. Ellos tuvieron suerte, pero algunos de sus vecinos no tanta. “Estuvimos sin dormir por las noches porque el fuego venía por el norte y por el oeste. Nos pusimos a disposición de los servicios de extinción para lo que hiciera falta. Por desgracia, en algunos viñedos de esta zona fue imposible atajar el fuego y acabaron prendiendo.”, explica el viticultor.
Triay señala también que el exceso de calor perjudicó a los viñedos. “Aquí estamos acostumbrados a las altas temperaturas los vecinos y las vides. Pero esta vez no es normal. Llevamos todo el verano encadenando olas de calor extremo. Y estos incendios llegaron en medio de una de ellas. La uva quiere calor en el mes de agosto, aunque tanto no parece que vaya a ser buena cosa.”
La cantidad de ceniza y de humo que se desprende de unos incendios que exceden de los tres días acaba inevitablemente posándose en los viñedos. En principio, las lluvias que se deberían producir antes de la vendimia servirán para lavar el fruto. De no ser así, podría producirse el “smoke taint” o “sabor a humo”, un fenómeno que afecta al vino por la presencia de elementos químicos en el humo y en la ceniza.
Aunque la uva quiere calor en agosto, llevamos demasiadas olas de calor concatenadas y la temperatura que mete el fuego es muy negativa
“Aquí el principal problema puede estar en las viñas que están más cerca de los focos de los incendios. Esas temperaturas tan elevadas es como si cocieran la uva y, aunque sobreviva, su estado no va a ser el mejor para transformarla en vino.”, dice Triay.
También en Monterrei la solidaridad entre vecinos fue la tónica predominante y los dueños de tractores, cisternas, desbrozadoras o excavadoras no dudaron en salir con ellas para ayudar a las familias en riesgo y para proteger los viñedos y demás instalaciones agrícolas. También aquí esperan que su desgracia no se olvide al cabo de pocas semanas.
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