«Prados y cultivos son la barrera más efectiva para que el fuego no avance, esa es la mejor prevención»

Aunque el peligro ya ha pasado, en la parroquia de Castromil -que tiene una parte en A Mezquita y otra en Hermisende (Zamora)-, lo pasaron realmente mal en las primeras jornadas de los fuegos. Hablamos con José Ramón González, un ganadero productor de carne de vacuno que tiene terrenos tanto en la provincia de Ourense como en la de Zamora. González es también responsable del sector de vacuno de carne en el sindicato Unións Agrarias.

-¿Cómo estáis en Castromil? ¿Cómo afectó este incendio a la aldea?

Ahora está aparentemente extinguido, pero fueron jornadas muy duras. Sobre todo el día 14 por la noche. Tuvimos que salir los vecinos todos para hacer cortafuegos y echar agua. Gente sin dormir, riegos perimetrales… mucho trabajo y muchos nervios.

En principio ya no hay peligro pero todos estos días hubo pequeños rebrotes que tuvimos que controlar. Y el viento tampoco ayuda en nada. Estuvimos los vecinos tanto de la parte gallega como de la castellana trabajando y vigilando. Quizá por eso pudimos evitar una tragedia mayor.

-¿Qué ayuda recibisteis para salvar la aldea y el ganado de los fuegos?

El día 14 fue el más crítico. Por la mañana no vino nadie y por la tarde y la noche solo tuvimos ayuda puntual de los bomberos de A Mezquita y de Hermisende. Ayuda que agradecemos porque sus ayuntamientos también estaban ardiendo.

En el momento más duro, el 14 por la noche, fuimos los vecinos los que nos enfrentamos al fuego. Conseguimos frenarlo usando agua de un regato y que no llegara a la zona donde tenemos el ganado. El día 15 vinieron dos brigadas de Castilla y León y ayudaron a perimetrar con un bulldozer por si se reavivaba lo que apagamos. Lo que hicimos en los siguientes días fue sobre todo regar.

-Además de vecino, también eres ganadero, ¿Cómo afectó a tu explotación?

Aún no hice balance pero calculo que pudieron arder unas 15 o 20 hectáreas de pasto y como 2 kilómetros de valla perimetral de las fincas. La valla no queda otra que reponerla. Pero, con lo que se vivió sobre todo el día 14, poco pasó para lo que pudo ser.

Yo creo que fui afortunado aunque ardieron zonas de pasto en áreas elevadas que tenía reservadas para estos días. A mí debió de arder un 30% de la superficie, pero salvé lo que tenía almacenado. Realmente soy un privilegiado porque sé de compañeros en Vilardevós o Viana do Bolo que les ardió absolutamente todo. No tienen nada para darles a las vacas y ovejas.

Hay ganaderos en la provincia que perdieron absolutamente todo el pasto y los forrajes. A esos hay que auxiliarlos de forma urgente.

-En esta zona lleváis décadas haciendo frente a fuegos forestales, ¿qué consideras que diferencia este de los anteriores?

Desde luego son unos fuegos que pasarán a la historia. Yo nunca vi nada igual. Ya no solo por la cantidad de terreno que ardió sino por la velocidad con la que avanzó el fuego. Con cada racha de viento cambiaba de dirección hasta que ardía por todos lados. Hubo momentos en que estábamos haciendo cortafuegos con los tractores y tuvimos que huir porque no se sabía ni cómo ni por dónde iba a venir.

Los vecinos de Castromil salieron al monte para frenar el fuego

Los vecinos de Castromil salieron al monte para frenar el fuego

Además el fuego no avanzaba de forma uniforme. Era como si saltara. De repente aparecía diez metros más adelante sin quemar lo que quedaba en el medio. Ese fue el gran problema, que iba en todas las direcciones. Afortunadamente, después de los peores momentos ya se pudo trabajar con el viento a nuestro favor.

-Más allá de la cuestión del acto criminal de quien le pone fuego, ¿a qué atribuyes el desastre de estos fuegos forestales que solo en la provincia de Ourense llevan arrasadas más de 50000 hectáreas?

Indudablemente, las personas que prenden el fuego son las principales responsables. Pero, cuando ese fuego avanza kilómetros y kilómetros, hay que reconocer que las cosas no se están haciendo bien. Todos los años comprobamos que las políticas de prevención de la Xunta no funcionan. No pongo en cuestión su esfuerzo, pero es obvio que no sirve.

La Xunta puede gastar 100 millones o 1.000 millones y será igual. Lo que falla es el modelo. Para la prevención hay que contar con los que vivimos aquí. Ourense tiene solo un 10% de Superficie Agraria Útil (SAU), lo que hace que haya una continuidad de monte bajo y matorral que es imposible de apagar.

La Xunta puede gastar 100 millones o 1.000 millones en políticas de prevención y el monte arderá igual. Porque lo que falla es el modelo.

Esa continuidad solo se puede atajar mediante la ganadería y la agricultura. Las praderas y otros cultivos no forestales son la barrera más efectiva para que el fuego no avance. Por supuesto que son precisos más cortafuegos, pero nada es tan efectivo como la actividad agroganadera. La gente del campo nunca somos el problema, más bien somos casi siempre la solución.

-¿Cómo crees que incidió el hecho de que tuvierais esta ganadería en extensivo en Castromil a la hora de paliar los efectos del incendio de estos días pasados?

Sinceramente, creo que fue eso lo que más contribuyó a parar el fuego. Desde la cima hasta la ladera de los montes donde están las vacas se hace una ribera que fue la que sirvió de freno contra las llamas. Los cortafuegos que hicieron los bulldozers en nuestros prados ayudaron a salvar la parroquia.

De hecho, donde más ardió fue en un lugar de unos 550 metros donde las vacas no entran. Fue allí donde más esfuerzo tuvimos que hacer.

-¿Cómo se presentan los próximos meses para seguir alimentando tu ganado?

Ya digo que yo fui afortunado. Como mucho tendré que comprar un par de camiones de comida. Según se apague el fuego, hay que centrarse en ayudar a los más perjudicados. Porque hay quien solo tiene comida para veinte días y el otoño ya está llegando. Lo importante es que todos los ganaderos salgamos adelante y podamos continuar con la actividad. Porque todos somos necesarios.

González aboga por crear líneas de ayuda inmediata a los ganaderos más afectados

González aboga por crear líneas de ayuda inmediata a los ganaderos más afectados

En esta comarca de Viana hay gente muy afectada. Y también en el resto de comarcas ganaderas donde llegó el fuego. Hay gente que se quedó sin absolutamente nada que poder darle a sus vacas y ovejas. Eso es muy duro.

-El Consello de la Xunta anunció las primeras ayudas para las personas afectadas por los fuegos. ¿Qué consideras que se debería tener en cuenta para que realmente sean efectivas, en el caso de las explotaciones ganaderas?

Pues lo primero será establecer prioridades. Para mí están muy claras. Lo primero es localizar a los ganaderos que tuvieron bajas en su cabaña e indemnizarlos de forma inmediata. El segundo debe ser aportar ayudas para la compra de comida para los animales que puedan consumir ahora y en invierno.

Y el tercer paso es que se cambie el rumbo en las políticas de prevención. La Xunta de Galicia y la Junta de Castilla y León tienen que cambiar lo que se está haciendo mal. No sirve de nada limpiar un terreno y dejar que el matorral vuelva a nacer. Hay que darle un uso ganadero o agrícola.

Tanto el gobierno gallego como el castellanoleonés tienen que revisar a fondo su política de ordenación del territorio en las zonas que arden.

Este no es el año de más fuegos en Galicia. Ha ardido mucho más territorio y en más incendios. Lo que pasa es que nunca se vio que se creara una continuidad que hace que todo parezca el mismo fuego.

-¿Qué otras medidas consideras que debería poner en marcha las distintas administraciones para ayudar, en concreto a los ganaderos afectados?

Yo pediría que con la mayor urgencia se agilice la burocracia que tanto nos limita para todo y que se busquen fórmulas para que los ganaderos podamos tener acceso a esos terrenos que arden por estar desatendidos y que serían muy útiles para las explotaciones ganaderas y para los vecinos de estas zonas.

Conseguir alimento para las vacas es ahora la principal prioridad

Conseguir alimento para las vacas es ahora la principal prioridad

Todos los requisitos y restricciones que nos ponen para cualquier acción que desarrollamos como ganaderos acaban teniendo efectos negativos aunque estén bien intencionados. Y luego hay cosas sin sentido como no poder llevar las vacas a pacer a terrenos de una comunidad de montes que hace uso forestal porque es la comunidad la que hace la limpieza. Surrealista.

Desde luego que las quemas autorizadas serían un método de lo más eficaz para combatir los fuegos y regenerar los suelos.

Lo que está claro es que esto no pasaba en los años 70. Las repoblaciones con pinos y la prohibición de que el ganado se acercara a las plantaciones llevó a una deriva imparable que hoy estamos padeciendo. Habrá que echar la vista atrás y adelante, es decir, recuperar los pastos y utilizar las nuevas tecnologías. Solo así podremos hacerlo atractivo y que haya relevo generacional. Porque ese es el siguiente problema que hay que analizar y que también tiene que ver con los fuegos.

-¿Qué consideras que está fallando por parte de las distintas administraciones para anticiparse o paliar en parte los efectos desastrosos de estos grandes incendios?

Aquí falló todo. Falló la prevención y falló la extinción. Anduvo una motobomba municipal que la movió el alcalde por todo el ayuntamiento y estuvo noches sin dormir. Y luego una cisterna de la comunidad de montes. Esos fueron los medios. Así que, repito, aquí falló todo.

-En el caso de las quemas de invierno, hay quien critica que por parte de la Xunta se están obstaculizando en los últimos años, como medida para reducir la cantidad de biomasa en los montes y crear pastos para el ganado. ¿Cuál es tu valoración?

Las quemas autorizadas de invierno serían una de las mejores soluciones. Pero resulta que si la pides y el fuego se descontrola, puedes acabar preso. Eso ya echa para atrás. El pliego de condiciones que te ponen delante es como para pensarlo muy bien pensado.

Y eso que aquí siempre se hicieron quemas. En una parte del monte había muchas ovejas y hacían quemas en noviembre, lo que le llamaban «las rojas», y se generaban pastos para el año siguiente. Quemar dos o tres hectáreas en noviembre y marzo se hizo toda la vida y nunca pasó nada. Al contrario, no había incendios y la tierra era más rentable y sostenible.

-Hay quien atribuye estos fuegos al cambio o emergencia climática casi en exclusiva. ¿Cómo valoras esta opinión?

Eso es evidente. Lo que pasa es que es un factor en el que no podemos incidir. O por lo menos no podemos incidir a corto plazo. Yo nunca recuerdo 32º C a las doce de la mañana en zonas de A Gudiña situadas a 1.200 metros de altitud. Y ahora pasó.

El cambio climático es innegable. Pero es un parámetro en el que no podemos incidir. Solo podemos actuar en frenar el abandono y modificar la prevención.

Pero es algo que tendrán que solucionar en las altas esferas y en sus reuniones. Aquí solo podemos incidir en frenar el abandono y en corregir las políticas de prevención de los incendios forestales.

En Castromil siguen alerta después del susto vivido con los incendios

En Castromil siguen alerta después del susto vivido con los incendios

-Por el contrario, desde el otro extremo, se considerará que el problema es la criminalización del agricultor y ganadero, y el exceso de burocracia y normativas que les impiden gestionar de forma efectiva y rentable el territorio rural. ¿Compartes esta reflexión?

Lo de la criminalización del ganadero es algo que tenemos que empezar a mirar. Aquí hay mucho profeta que redacta informes sobre emisiones y capturas de carbono. Pero ni vienen aquí a nada ni aportan soluciones cuando hay incendios.

Repito que el ganadero no es el problema sino la solución. Porque es la solución práctica que está en el territorio. Lo otro son soluciones teóricas que solo están encima del papel. Nosotros llevamos toda la vida haciendo lo mismo, así que tiene poco sentido incluso matemático culpabilizarnos a nosotros del aumento de emisiones o del calentamiento global.

Y es innegable que se están inculcando -sobre todo en ámbitos urbanos- una serie de dogmas relativos a la ganadería que son totalmente falsos y que sólo tratan de desprestigiar un sector que lleva acompañando a la humanidad desde que nació.

-Desde comienzos de los años 80, con el progresivo abandono del rural, llevamos cada cierto tiempo padeciendo en Galicia, y en especial en la provincia de Ourense, estas oleadas de fuegos. Incluso hay comisiones parlamentarias sobre cómo hacer frente al problema, la última a raíz de los fuegos de 2017. Pero la situación va a peor en situaciones extremas. ¿En qué se está fallando? ¿Qué medidas se deben poner en marcha?

No es viable volver al modelo de los años 80 cuando el monte no ardía, con cientos de familias y pequeñas explotaciones. No veo factible que aquí vuelva a haber 500 habitantes. Ojalá. Pero con el aumento del tamaño de las explotaciones y con el uso de las nuevas tecnologías sí que podríamos tener un paisaje semejante al de aquella época y volver a ser un territorio que no arde.

Además el sector cárnico en esta provincia está viviendo una reconversión brutal. Con un aumento exponencial de la posibilidad de aumentar la carga ganadera de cada granja. Las explotaciones tienen que redimensionarse y modernizarse. Sabemos que hoy hay que ir a 60 u 80 vacas cuando en los 80 podía vivir una familia con 20. Eso es así.

Tenemos que hacer todo lo posible para que esto no se repita. Porque no podemos seguir así toda la vida.

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