Preocupación por el ocaso de la castaña en la montaña lucense

Los Ancares arrastran dos cosechas bajo mínimos, con sotos que fueron sucesivamente castigados por las heladas, los incendios y las nevadas. En el Caurel, la avispilla causó este año fuertes pérdidas

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Preocupación por el ocaso de la castaña en la montaña lucense

Soto de castaños. / Archivo.

La castaña se había convertido en los últimos años en un importante complemento de renta en la montaña lucense, pero las últimas dos campañas se saldaron con raquíticas cosechas, existiendo además malas perspectivas para próximos años. El sector espera medidas que impulsen la recuperación de los sotos en la montaña lucense, que se encuentran en una situación crítica.

El escenario en los Ancares es el de una sucesión de plagas bíblicas. En el 2017, las heladas primaverales se llevaron por delante buena parte de la producción y en otoño, el fuego calcinó más de un centenar de hectáreas de castaños. Esta campaña, las calamidades continuaron en forma de una mala floración primaveral, sobre todo en las partes bajas, y con las nevadas de octubre, que cogieron a los castaños con hoja y erizos, lo que provocó que los árboles rompiesen en cadena.

Si hace dos años, en una campaña buena, la cooperativa A Carqueixa (Cervantes), principal impulsora del aprovechamiento de los sotos en la zona, había comercializado 220 toneladas de producto, el pasado año se quedó en 50 toneladas y este año en 30 toneladas.

Las previsiones para próximos años son negativas, pues los sotos quedaron destrozados por las nevadas, con multitud de caminos cortados y millares de castaños dañados, sin que haya sobre la mesa ningún plan de la Administración para su recuperación.

El gerente de A Carqueixa, Román Sánchez, reconoce que entre los socios de la cooperativa hay «mucha desilusión, pues la castaña estaba siendo un buen complemento de la renta y tuvimos los dos últimos años nefastos». El estado en el que se encuentran los sotos es otra de las preocupaciones de la cooperativa. «La situación da mucha pena, en la mayoría de los sotos no se da entrado. Las nevadas los deshicieron por completo».

De cara a las próximas campañas, en los Ancares están preocupados además por el avance de la avispilla, que este año ya estuvo presente en toda la sierra, con mayor incidencia en las zonas bajas, pero también con impacto en mayores altitudes.

Caurel
En donde ya causó serios daños la avispilla este año es en el Caurel, donde la cosecha se vio seriamente afectada por la plaga. En Caurelor (Quiroga), una empresa especializada en las elaboraciones con castañas y otros frutos del bosque, venían comercializando en fresco todos los años alrededor de 8.000 – 10.000 kilos de castaña, pero este año sólo recogieron unos 1.000 kilos, por lo que decidieron reservarlas para sus elaboraciones y no vender nada en fresco.

El Caurel, igual que los Ancares, también sufrió el pasado año una mala campaña, derivada de las heladas primaverales, por lo que este es el segundo ejercicio que se cierra en negro. «En Caurelor llevamos 14 años trabajando con la castaña, y antes había una tradición familiar de 50 años vendiendo castaña en fresco; nunca habían venido dos campañas sucesivas tan malas», valora Verónica Núñez, de Caurelor.

Verónica achaca la situación a la avispilla y al cambio climático, y prevé próximos años complicados. «Tendremos que reorientar nuestra actividad porque con la castaña las perspectivas son malas», reconoce.

Buena campaña en Ourense, con «miedo» por la avispilla

En Ourense, el presidente de la IGP Castaña de Galicia, Jesús Quintá, destaca que la campaña fue buena. «Si en Lugo hubo zonas con pérdidas de hasta un 80%, con otras zonas de cosechas más normales, en Ourense podemos hablar en general de una campaña buena, con castaña de calidad y que llegó a precios históricos de hasta 2,50 euros en la zona de Viana do Bolo y de Riós» -destaca Quintá.- «En general, los precios en la campaña, dependiendo de las variedades y de la calidad de la castaña, se movieron entre 1,30 euros y 2,50 euros», analiza.

El presidente de la IGP incide en la necesidad de que la lucha biológica contra la avispilla del castaño se acometa con cantidades suficientes de «Torymus sinensis», el insecto que parasita a la avispilla. «Se deben cubrir todas las zonas, con especial énfasis en las zonas donde se detectó más avispilla, y no bajar la guardia», advierte.

Manzaneda
La preocupación por la avispilla es patente entre los productores de castaña. En la cooperativa Amarelante (Manzaneda), señalan que ya se ve una presencia importante de la plaga. «Sabemos que los castaños viejos, como los nuestros, aguantan mejor la plaga los primeros años, y también que los años que vienen lluviosos, como este, facilitan que los sotos resistan mejor, pero hay miedo por lo que pueda pasar en próximas campañas. En un ayuntamiento vecino, en Río, en una zona más baja, un productor con 800 castaños recogió este año solo 2.000 kilos», cuentan en Amarelante.

La cooperativa Amarelante, que trabaja más de 600 castaños y gestiona un secadero propio, es un ejemplo de cómo la castaña se ha convertido en una renta importante en las zonas de montaña. La sociedad comercializa castañas secas, harina de castaña y bica, en busca de un mayor valor añadido que el que aportaba la venta sólo en fresco.

Todo ese trabajo está ahora pendiente de comprobar cómo evolucionará la plaga de la avispilla en próximos años. «Esperamos que en Galicia se hagan sueltas de «Torymus» de verdad y en buenas condiciones» -señalan-. «También estamos rezando para que lleguen aquí los «Torymus» que soltaron en los últimos años en el norte de Portugal porque la situación da miedo».

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