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¿Qué manejo hacer para mejorar la productividad en las ganaderías de caprino?

Una investigación del Serida estima la carga ganadera óptima en los rebaños de cabras y revela la importancia de proporcionar pastos de calidad y acceso a brezales para garantizar un equilibrio en la alimentación de las reproductoras y de las crías

¿Qué manejo hacer para mejorar la productividad en las ganaderías de caprino?

Una investigación llevada a cabo por el Servicio Regional de Investigación y Desarrollo Agroalimentación de Asturias (Serida) ahonda sobre el manejo que se debe hacer en las ganaderías de caprino para obtener unos rendimientos excelentes, atendiendo tanto a las necesidades de las madres como de las crías. El estudio fue desarrollado por un equipo de investigadores integrado por Rafael Celaya Aguirre, Urcesino García Prieto y Koldo Osoro Otaduy, todos ellos del área de Sistemas de Producción Animal del citado servicio.

Los expertos realizaron un estudio en campo sobre los efectos que la carga ganadera, la relación entre el número de animales y la superficie pastable disponible, tiene sobre el manejo que se hace del ganado. En general, la carga se relaciona inversamente con los rendimientos animales individuales, es decir, cuanto mayor sea la carga habrá menor cantidad de pasto disponible por animal.

Por otra parte, la carga ganadera también está relacionada con la producción total por hectárea, al obtenerse más crías para la venta. Además, la investigación también tiene en cuenta los efectos de la carga en el rendimiento del animal, en base a la biomasa y a la calidad del pasto que ingieran las cabras y la disponibilidad de pasto, ya que afecta al estado sanitario del rebaño.

Recomiendan una carga ganadera de 15 cabras por hectárea para un aprovechamiento óptimo

Habida cuenta todos estos factores y en base a los datos recogidos en la investigación, los expertos apuntan a que una carga ganadera de 15 cabras por hectárea permitiría hacer un aprovechamiento óptimo tanto del pasto como garantizar unas condiciones idóneas para las reproductoras y los cabritos. Aun así, los expertos matizan que se trata de recomendaciones orientativas. «En la práctica es imposible recomendar una carga adecuada concreta, debido a la naturaleza cambiante del pasto disponible, tanto en la cantidad como en la composición», detallan los expertos.

Sus estudios sirven de referencia para una amplia gama de prados y praderas dominados por gramíneas, pero inciden que el manejo debe ser flexible para ajustar el número de animales según el momento y el estado del pasto.

Los efectos de la carga ganadera

El equipo de investigación realizó un experimento para ahondar en las pautas de manejo a seguir para conseguir maximizar la producción caprina. Así, realizaron un experimento entre los años 2010 y 2012 en la finca experimental del Carbayal (Eilao-Illano, Asturias) en la que establecieron tres pares de parcelas con distintas superficies: 0,3, 0,6 y 0,9 hectáreas, todas ellas con pasto mejorado de raigrás inglés (Lolium perenne) y trébol blanco (Trifolium repens). En el primer par manejaron 6 cabras lactantes por parcela, lo que sería una carga alta, de 20 cabras por hectárea; en la segunda contaron con una carga media de 15 cabras por hectárea y en la tercera una carga baja de 10 cabras por hectárea.

Contaron con un total de 48 cabras cachemira con sus crías, comenzando la estación de pastoreo en abril y tras una desparasitación. Los cabritos nacían en marzo y los destetan en julio, mientras que el pastoreo de las madres continuaba hasta octubre.

En este tiempo observaron que la carga ganadera afectó significativamente a la altura media de la hierba, con un mayor consumo cuanto más se incrementaba la carga. En cambio, la composición botánica no presentó muchas variaciones. Tampoco la calidad nutritiva de los pastos se resintió, pese a que se había incrementado la cantidad de hojas y materia muerta cuando se reduce la carga ganadera.

Por el contrario, incrementar la carga ganadera trajo efectos sobre la producción y la sanidad de los animales. Así, hubo una mayor infestación parasitaria, cuanto mayor fue la carga de ganado, al producirse una mayor excreción fecal de huevos de parásitos por unidad de superficie y una menor altura de hierba disponible.

Además, el experimento permitió comprobar que cuanto menor era la carga, mejores resultaron los rendimientos individuales en las cabras. Durante la lactancia, las cabras manejadas a carga alta perdieron peso (43 gramos por día) y condición (-18), mientras que las manejadas a carga media o baja mantenían más o menos el peso vivo y llegaron a mejorar su condición corporal.

Tabla-1_-Variaciones-de-peso-vivo-diere las-cabras

Variaciones de peso vivo (PV) y condición corporal (CC) de las cabras manejadas en pastos mejorados de monte a 3 cargas ganaderas.

En el caso de los cabritos, aunque inicialmente también responden mejor cuanto menor es la carga ganadera, en el balance absoluto desde el inicio del pastoreo hasta el destete resultaron más favorables las cargas altas y media (105 kilos por hectárea) en comparación con el peso que obtenían los cabritos alimentados en las parcelas con una carga ganadera baja (75 kilos por hectárea).

Tabla-2_-Ganancias-de-peso-vivo-final

Ganancias de peso vivo (PV) y PV final al destete de los cabritos (por animal y por hectárea) criados con sus madres en pastos mejorados de monte a 3 cargas ganaderas.

A la hora de establecer una carga óptima para maximizar la producción, los expertos recomiendan buscar un equilibrio de manera que no se prime sólo obtener cabritos con mayor peso y calidad, sino que se procure también un mayor bienestar para las madres, de modo que se garantice su condición corporal antes de la invernada para reducir los gastos en alimentación y asegurar que preñen.

No solo pasto de calidad

Otro de los aspectos en los que incidió esta investigación es en la importancia de proporcionar pastos mejorados mediante la fertilización y la siembra de especies de calidad para cubrir las necesidades energéticas de este ganado. Sin embargo, al margen de este pasto, los expertos también inciden en facilitar el acceso a brezales o zonas de matorral para evitar que los animales terminen desarrollando parásitos internos.

Tal y como recoge la investigación, el brezo tiene un efecto antiparasitario contra los nematodos gastrointestinales, que contribuyen a mejorar los rendimientos de las cabras. Por eso, apuestan por manejos alternativos donde los animales puedan acceder también a este tipo de alimentación que le aporta ciertos componentes químicos como los taninos, que ayudan a limitar la aparición de parásitos internos. «En vez de manejar los rebaños exclusivamente en pastos herbáceos o mejorados, sería más conveniente que las cabras tengan acceso a brezales próximos con el fin de mejorar su estado sanitario y nutricional», concluyen los investigadores.

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