“Solo la recuperación y el incremento de los sistemas de pastoreo pueden ser eficaces frente a los incendios forestales”

Un artículo de Eloi Villada Legaspi, ingeniero técnico agtrícola, que trabajó en el Macizo Central de Ourense, y Vocal de la Sociedad Gallega de Pastos y Forrajes (SGPF)

Cabras pacendo no monte comunal. Foto: Cedida

Cabras pacendo no monte comunal de Vilariño de Conso. Foto: Cedida

Una pequeña información sobre el manejo tradicional de los pastoreo en la montaña ourensana

Fue en la primavera del año 1979, en mi primera experiencia como técnico de la “Agencia de Desarrollo Ganadero” (ADG), cuando llegué a la granja “A Veiga”, en la parroquia de Sabuguido (Vilariño de Conso). Por entonces aún existían explotaciones de vacuno de leche en aquel entorno, incluso en aldeas tan lejanas como Bretelo (Chandrexa de Queixa).

Hoy crei que solo quedan unas pocas vacas de leche en A Mata (Manzaneda). Lo que entonces me llamó la atención es que en los montes del alrededor se apreciaban bastantes quemas de la vegetación espontánea del monte (VEM). Las zonas quemadas eran numerosas, pero dicontínuas y de poca superficie. Le pregunté a uno de los ganaderos, ¿quien había quemado el monte?, y la respuesta fue clara y contundente: “Nosotros”. Era una práctica habitual, que se hacía en invierno y en primavera, para facilitar el pastoreo de la “res”. Así es cómo se denominaban los rebaños de manejo comunitario de ovejas y cabras de las aldeas del entorno.

En aquella época, en los contrafuertes de la sierras de Queixa, Invernadoiro, Manzaneda, Calva..etc, aun existían las “veceiras” (rebaños de pastoreo comunitario), cuando ya habían desaparecido en gran parte de Galicia. La res era quien mantenía el monte abierto como territorio de pastoreo, proporcionaba carne y, sobre todo lana, y además minimizaba el riesgo de incendios intensos.

La desaparición de los sistemas tradicionales de manejo del ganado menor (ovejas y cabras) es la causa principal del incremento de la intensidad y virulencia de los fuegos que asolan Galicia

El funcionamiento de la veceira era simple y complejo al mismo tiempo. La aldea contrataba un pastor profesional al que le pagaba un jornal y le daba mantenimiento y cobijo, pero el pastor precisaba de ayuda para manejar un rebaño que podía oscilar entre 1000 y 2000 “rixelos” (cabeza de ganado menor, oveja o cabra). Así, por cada 10 rixelos que poseía un vecino le correspondía un “día de res” e ir de “costeiro” para acompañar al pastor en su recurrido diario con la res en el entorno de la aldea durante los meses de final del otoño, invierno y primavera. Los animales regresaban cada noche a su establo. El día 2 del mes de julio se hacía la “cuenta de Santa Isabel”, en la que se establecían los “días de res” que le correspondían a cada familia y los transhumaban hacia las zonas altas de las sierras donde cada comunidad de veceira tenía su curro y la humilde vivienda para el pastor y el costero. En la sierra la res, ya sin crías, pasaba el verano y parte del otoño, hasta que el clima se hacía más duro. Los pastores en sus recorridos diarios aprovechaban para hacer pequeñas quemas del matorral. También se espodaban los árboles para conservar la hoja para complementar la alimentación invernal de los animales. Además, se cultivaba centeno, compatible con el pastoreo invernal de la “felpa” y posterior aprovechamiento para grano, manteniendo aprovechadas superficies que hoy son matorral combustible. Esta práctica aún subsiste en Quintela de Pando (Viana do Bolo).

La desaparición de los sistemas tradicionales de manejo del ganado menor es la causa principal del incremento de la intensidad y virulencia de los incendios que asolan Galicia, y especialmente a la provincia de Ourense.

Las circunstancias que nos trajeron a la situación actual: De 25.000 cabezas de ganado ovino y caprino en el año 1960 en los ayuntamientos de Vilariño de Conso, Chandrexa y Manzaneda a menos de 5000 en la actualidad

En los ayuntamientos de Vilariño de Conso,Chandrexa y Manzaneda en el año 1960 había alrededor de 25.000 cabezas de ganado ovino-caprino repartidas en 47 “fatos”. Solo Vilariño de Conso contaba con un censo de 13520 cabezas adultas (rixelos) y en el año 1985 solo quedaban 4596. A partir de esa fecha el manejo comunitario, la veceira, desapareció y como consecuencia, la mayor parte del ganado.

Por otra parte, este sistema contribuía a facilitar el pastoreo de los bovinos de razas autóctonas en “vacadas”, “boiadas” o “rondas”. El hecho de sustituir las vacas de razas autóctonas (Caldelás, Vianesas, Frieiresas, Cachenas y Limiás), por otras alóctonas con otras especialidades, pero no adaptadas a los ecosistemas de las montañas orientales de Galicia, también contribuyó al abandono del monte, porque las nuevas razas no se defendían bien en este medio.

Las diferentes especies de rumiantes citados, tienen la capacidad de consumir estratos determinados de la vegetación disponible y entre ellas se complementan en un uso más eficaz del territorio. La quema de pequeñas áreas con un control empírico, ayudaba a mantener la biomasa en un nivel manejable. Cuando el control del matorral mediante pastoreo desaparece, la cantidad de materia seca que se genera en una determinada superficie puede ser superior a 3 o 4 toneldas de materia seca por año y después de varios años la cantidad de “fuel” acumulado se convierte en el factor determinante de la intensidad de los fuegos.

Las consecuencias están ahí y continuarán, porque hubo y hay otro tipo de abandono del que poco se comenta y es el abandono social del que toda la sociedad es responsable, comenzando por las administraciones y siguiendo por los propios administrados. Apenas se dieron iniciativas correctoras y las que hubo casi siempre chocaron con la indiferencia general y el escaso interés en consolidarlas.

¿Se apagan los incendios en invierno?

En los medios de opinión se repite con cierta frecuencia que “los incendios se apagan en invierno”, mediante la prevención. No pasa de ser una simplificación de un tema muy complejo y con hondas raíces en el pasado y nada fácil de afrontar en la situación actual.

Después de décadas de abandono y desestructuración de la sociedad rural es bastante ilusorio pensar que solo actuando durante el invierno con limpiezas ocasionales del monte como medida primordial de prevención se solucionaría el problema. ¿Cuántos tractores con desbrozadoras serían necesarios para limpiar casi un millón de hectáreas en peligro? y ¿donde se encontrarían los miles personas que se precisarían para actuar en los lugares menos accesibles?. Siendo realistas no es dificil llegar a la conclusión de que con los medios realmente disponibles solo sería posible actuar en una mínima parte del territorio. Es evidente que los problemas socioeconómicos arrastrados durante más de seis décadas e intensificados en los tiempos más recientes, no es posible resolverlos en el corto plazo. Será necesario actuar durante uno largo período de tiempo, aplicando el conocimiento y los recursos humanos y económicos necesarios. En síntesis PLANIFICAR, REORDENAR E INVERTIR.

Necesidades más urgentes

A causa de los evidentes efectos del cambio climático el problema de los incendios en Galicia tenderá a acentuarse y continuará generando enormes costes económicos, sociales y ambientales, influyendo negativamente en la vida de la población, tanto rural cómo urbana. Por tanto, hace falta buscar alternativas para enfrentar una situación difícil y compleja y como aplicarlas con efectividad.

Lo más urgente es restaurar ya en el próximo otoño las áreas de pastoreo y producción de forrajes quemadas

De manera inmediata, en las zonas afectadas es preciso mantener y consolidar las actividades agro-ganaderas actualmente existentes, atendiendo las personas que perdieron parcial o totalmente su ganado y/o sus medios de producción, como pastos, maquinaria, edificaciones..etc Tienen que sentir que no están solos y que pueden continuar o mismo recomezar. No es difícil hacer un cálculo aproximado de las pérdidas económicas sufridas se se recurre a los datos existentes en la Consellería de Medio Rural, referentes al sistema de identificación animal, declaraciones de la PAC, sistemas de información geográfica, SIGPAC y cualquier otra documentación disponible para la identificación de las superficies y bienes afectados o destruidos.

Lo más urgente es restaurar ya en el próximo otoño las áreas de pastoreo y producción de forrajes quemadas, con ayudas a la recuperación de las praderas ardidas, mediante técnicas de labranza mínima, fertilización y siemmbra de pratenses especialmente en las zonas con explotaciones muy afectadas. Los costes no serían excesivos, porque, desgraciadamente, una parte de las operaciones de limpieza ya las hizo el fuego.

Objetivos y necesidades para atender en el futuro:

El objetivo primordial debe ser el de mantener a raya el combustible vegetal en grandes áreas de territorio reiteradamente afectado, sin descartar los medios convencionales de prevención y extinción. Solo la recuperación y el incremento de los sistemas de pastoreo adaptados a la complejidad del medio afectado, pueden ser eficaces a medio y largo plazo. La lógica nos indica que deberíamos tener en cuenta tanto la experiencia del pasado como los potentes medios e instrumentos de investigación, formación y aprendizaje de los que se dispone en la actualidad.

“Solo la recuperación y el incremento de los sistemas de pastoreo pueden ser eficaces a medio y largo plazo”

La fuerte merma o casi desaparición de la carga ganadera que existió en el pasado en estos territorios quemados, sería el primer defecto a resolver, toda vez que no se puede incrementar el número de animales en pastoreo por decreto el simplemente por deseo. Por dar alguna indicación más precisa, una carga de 0,4 – 0´5 Unidades de Ganado Mayor (UGM) por hectárea tendría un impacto importante en el control de la hierba y del matorral, especialmente cuando las especies que pastan en estos territorios son lignivoras.

Es preciso contar primero con ganaderos y lamentablemente quedan pocos, por tanto habrá que atraer nuevos entrantes al mundo rural, que aunque parezca raro, existen!.

Incrementar las superficies de pasto de mejor calidad mediante la implantación de nuevas praderas en las superficies comunales o privadas cedidas (Banco de Terras u otras figuras jurídicas más apropiadas a cada zona), permitirá que cabras, ovejas, vacas e incluso caballos hagan un uso más eficiente de la vegetación espontánea, reduciendo la acumulación de biomasa combustible. La creación de nuevas zonas de pasto debe hacerse con especies con capacidad de sobrevivir en un medio y en un clima cada vez más duro. Existen experiencias relevantes de transferencia tecnológica, llevadas a cabo en la última década mediante la colaboración del CIAM-AGACAL con explotaciones de Viana do Bolo, Allariz, Sandiás, Celanova..etc que mostraron la eficacia del empleo en la implantación de pastos en terrenos con serias limitaciones agronómicas, similares en muchos casos a los ardidos en esta ola de incendios, de las mezclas de diversas leguminosas anuales y gramíneas tolerantes a las condiciones de sequía estival, solo precisan un mínimo de 450 ml de lluvia anual y altas temperaturas que sufren estas comarcas del interior de Galicia (solo precisan un mínimo de 450 ml anuales de lluvia), algo que se alcanza en cualquiera parte de la provincia de Ourense. Solo recordar que en el 2008, cuando ardieron más de 4000 has en el ayuntamiento ourensano de Rairiz de Veiga, el fuego se detuvo nos pasteros de la comunidad montes de Penamá, en Allariz, implantados dos años antes bajo la supervisión de los investigadores del CIAM.

La investigación agronómica es un pilar esencial para poder progresar y Galicia dispone de una estructura material de investigación de primer nivel vinculada al CIAM y a las fincas experimentales de Mabegondo (Abegondo), Marco da Curra (Monfero) y Veiga (Pobra do Brollón), pero es necesario avanzar más y superar la actual situación de precariedad en la que está actualmente el CIAM.

La recuperación de la actividad ganadera cómo alternativa a los fuegos de sexta generación, especialmente en las zonas del Macizo Central, O Courel, Valdeorras..etc, precisará campos de experimentación sobre gestión del territorio y del pastoreo de cara a la formación de técnicos y ganaderos entrenados en la recuperación y extensión de los sistemas de pastoreo y de las producciones alimentarias tradicionales. Las universidades y el centro de investigación forestal de Lourizán también pueden y deben aportar su experiencia y conocimientos a la puesta en marcha de un plan de recuperación para las zonas abandonadas. Pero lo más esencial es la participación de las personas, de los ganaderos, especialmente de aquellos más conscientes y activos.

En un medio rural tan diverso, deberían ser promovidas explotaciones ganaderas complejas. La granja compleja es la que dispone y compagina el pastoreo complementario, combinando varias especies de ganado, que aprovechan diferentes estratos de los recursos forrajeros disponibles. En Galicia existen unidades de producción de este tipo, con vacas, cabras, ovejas y caballos que se deben divulgar y pueden servir de ejemplo inspirador para los interesados en participar en un cambio de la situación.

La incorporación de nuevos entrantes en el rural, sin experiencia previa, sin o con pocas tierras, debe implicar un proceso de formación previo y comenzar progresivamente, con pocos animales para poder ganar experiencia y afrontando riesgos económicos pequeños. Aplicar los criterios de viabilidad actualmente exigidos dificultan la posterior supervivencia.

Debería tomarse en consideración la creación de una Agencia pública para la Recuperación y Desarrollo de las Sierras Orientales de Galicia

Los pobladores de la zonas quemadas precisan que la administración esté físicamente presente en el territorio y de manera permanente, por tanto debería tomarse en consideración la creación de una Agencia pública para la Recuperación y Desarrollo de las Sierras Orientales de Galicia, centrada en el estudio, planificación y gestión económica de planes específicos que permitan recuperar de cara a las próximas décadas la vitalidad de un territorio con un elevado potencial ambiental y productivo, hoy temporalmente reducido a ceniza.

La enorme desgracia que está aconteciendo, puede repetirse en cualquier momento y afectar a zonas con mucho más combustible acumulado como los pinares y sobre todo en las grandes masas de eucaliptos, zonas que también están indefensas. Conviene recordar el caso de la Mariña el año pasado, la comarca donde era más improbable que ocurriera algo así y sin embargo, aconteció. La sociedad debe ser consciente de la amenaza que tenemos a nuestro lado. Los animales herbívoros y lignívoros bien manejados pueden ser de cara al futuro una parte importante e incluso esencial de los sistemas de prevención y protección frente a los incendios forestales.

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