¿Son los biofertilizantes una oportunidad para las cooperativas?

La necesidad de gestionar los residuos ganaderos y agrícolas o la rentabilidad y calidad de los productos obtenidos son algunas de las cuestiones que se abordaron en el webinar organizado por Cooperativas Agroalimentarias y que reunió a representantes de 4 entidades que han apostado por transformar subproductos

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¿Son los biofertilizantes una oportunidad para las cooperativas?

Planta de Biogastur en Navia.

Convertir un residuo o subproducto ganadero o agrícola en un recurso, bien sea para los propios socios de la cooperativa, como de cara a otros productores. Así se presentan los biofertilizantes. Si bien, son también herramientas en la lucha contra el cambio climático en una apuesta por la economía circular o una oportunidad sostenible de mercado. Esas fueron algunas de las conclusiones del seminario web Biofertilizantes en la nueva Economía Circular que Cooperativas Agro-alimentarias de España organizó, dentro de las actividades del proyecto europeo Rubizmo y para celebrar el Día Internacional de las cooperativas.

De mano de los representantes de 4 entidades (Complus, Central Lechera Asturiana, Champinter, Coexphal), que han apostado por la valorización de los recursos de sus socios en el ámbito agroganadero, se abordaron también algunas de las cuestiones que se plantean tanto a cooperativas como a ganaderos a la hora de comenzar a apostar por los biofertilizantes. La rentabilidad y viabilidad económica es una de las dificultades que sobrevuelan, al menos en sus inicios, a estos proyectos sostenibles.

Las líneas marcadas desde Europa en busca de una producción más sostenible llevan a las cooperativas a apostar por los biofertilizantes

Sin embargo, las líneas marcadas desde Europa hacia producciones cada vez más respetuosas con el medio ambiente hacen que sean una vía para encauzar y aprovechar los residuos agroganaderos, tal y como coincidieron en señalar desde las distintas cooperativas inmersas desde hace años en estos proyectos.

¿Oportunidad u obligación?

Al margen de la inversión económica que estas plantas de tratamiento suponen, uno de los frenos que se encuentran en las cooperativas para su implantación viene dado por la escasa concienciación de los socios sobre la necesidad de apostar por la transformación de residuos o subproductos. “Aún no hemos logrado una concienciación al 100% con estas iniciativas, pero nuestros socios se van dando cuenta, cada vez más, de que es necesario aportar valor añadido a nuestro producto más allá de la calidad, que llevamos años consiguiendo”, explica Francisco Sanmartín, gerente de Central Lechera Asturiana, que ha apostado con la planta Biogastur por la gestión de los purines, con una capacidad de 1.200 toneladas al día y que genera tanto metano para producir electricidad como digestato, que se emplea como fertilizante, así como cama para el ganado e incluso se valora su poder calorífico para emplearlo en industrias. Aunque en estos momentos la actividad en la planta se encuentra paralizada, tras problemas entre los accionistas y en la gestión, aguardan activarla en breve y tienen en previsión ampliar su capacidad, que en la actualidad es de 4,5 megavatios y empezar a producir biometano.

“Vemos la gestión de los purines no solo como una vía de negocio, sino como un servicio a nuestros socios”, Francisco Sanmartín, Central Lechera Asturiana

“No estamos centrados en ver la gestión de los purines solo como una vía de negocio, sino como un servicio a nuestros socios”, detalla Sanmartín. Sin embargo, llegar a convencer a los socios para apostar por esta transformación de los purines no fue una tarea sencilla, tal y como recuerda el gerente de Central Lechera Asturiana. “Cuando en 2009 empezamos con Biogastur fue muy rompedor convencer a los socios que era necesario dar este paso, ya que suponía dejar de percibir un beneficio que les estaba aportando el uso directo de los purines para la fertilización de sus campos y pasar a pagar una tasa por su gestión”, comenta Sanmartín.

En una línea similar trabajan en Complus, una cooperativa extremeña con 9 socios, entre los que se incluyen cooperativas agroganaderas y una almazara, y que gestiona los residuos para transformarlos en compost. “Nuestra preocupación es dar solución a subproductos de nuestros socios y a su vez valorizarlos y sacar rendimiento”, detalla Sebastián Trinidad, gerente de la planta.

Entre los residuos que gestionan está el estiércol procedente de dos ganaderías de ovino junto con subproductos de una almazara. De hecho, la planta se ha convertido en una solución para la gestión de estos residuos. “En estos cebaderos de cordero, el estiércol tiene demanda en determinados momentos del año, pero después deben buscarle una solución ya que tenían que sacarlos de la granja”, detalla.

“Los socios vieron muy claro la necesidad de apostar por la transformación de los residuos pese a la inversión de más de 3 millones de euros”: Sebastián Trinidad, gerente Complus

Obtienen el compost tras someter los diferentes materiales orgánicos a un proceso biológico de digestión aerobia, en que controlan la temperatura y la humedad. Como resultado obtienen un compost, tanto en polvo como en pellets, que ayuda a mejorar la estructura del suelo y aumenta su capacidad de retener líquidos, uno de los desafíos de la agricultura frente al cambio climático y las etapas de sequías cada vez más extremas.

“En nuestro caso, los socios vieron muy claro la necesidad de apostar por esta transformación de los residuos y subproductos, ya que es preciso vender mucho compost para rentabilizar la inversión de más de 3 millones de euros que supuso la planta”, detalla Trinidad. Además, la planta se sitúa en una parcela colindante a uno de los socios, la almazara, para así conseguir un ahorro en los costes de transporte de los subproductos y lograr un proceso más sostenible al reducir también las emisiones de carbono que implica el traslado de los restos.

Economía circular

Los biofertilizantes pueden ser un eslabón más para cerrar el círculo de una economía circular, donde los residuos se transformen en recursos. Así lo entienden desde la Cooperativa Champinter, que lleva 40 años inmersa en el cultivo de champiñón en Albacete. El substrato que emplean para el crecimiento de los champiñones, una vez agotado para esta producción, termina siendo aprovechado por otras ganaderías y explotaciones agrícolas para la fertilización de las tierras.

“Conseguimos generar beneficios a partir de este sustrato agotado por el que antes el cultivador debía pagar para su retirada”: Juan Carlos Anguix, técnico de compost de Champinter

Elaborado a base del compostaje de paja de cereal, estiércol de gallinaza y yeso de cantera, el substrato empleado para el cultivo del champiñón supone un aporte para el suelo agrícola, aún cuando ya no consigue sacar adelante la producción micológica. “Conseguimos generar beneficios a partir de este sustrato agotado por el que antes el cultivador debía pagar para su retirada”, explica Juan Carlos Anguix, técnico de compost de Champinter.

La huerta es otro de los sectores que está mirando, cada vez más al aprovechamiento de biofertilizantes. Así lo ponía de manifiesto el entomólogo del Departamento de Técnicas de Producción de la Asociación de Organizaciones de Productores de Frutas y Hortalizas de Almería (Coexphal), Jan Van Der Blom, que destacó el esfuerzo por optimizar el riego y la fertilización que están realizando desde hace años en invernaderos de Almería.

Prácticas como el triturado de restos de materia vegetal de cultivos como el tomate son una herramienta para mejorar la estructura del suelo, desgastada por años de cultivo intensivo y, sobre todo para aquellas producciones en ecológico, que hoy en día suponen ya el 15% de los invernaderos de esta región, unas 4.000 hectáreas, en las que se deben emplear fertilizantes orgánicos.

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