“Trabajamos tanto como los hombres, pero mandan ellos”

La presencia femenina en las explotaciones va ganando peso poco a poco, pero el poder de decisión de las mujeres en los asuntos estratégicos de las granjas avanza más lentamente. Veinte ganaderas de distintas ganaderías de leche gallegas exponen cuál es la realidad en el sector

Mulleres pertencentes a distintas ganderías das provincias da Coruña e Lugo participantes na primeira das sesións do programa de empoderamento e liderado

Participantes en la primera de las sesiones del programa de empoderamiento y liderazgo para ganaderas

El Grupo Lence ha puesto en marcha un programa novedoso que busca fomentar el empoderamiento y el liderazgo de las mujeres al frente de las explotaciones lecheras, donde la presencia femenina es importante pero donde muchas veces su poder de decisión es todavía limitado.

Fue la radiografía dibujada por 20 mujeres de otras tantas ganaderías gallegas que participaron en el programa, que llega este viernes a su finalización y en el que pusieron en común su día a día. La iniciativa, en la que también participa la Cruz Roja, consta de un total de tres sesiones para compartir experiencias y ganar en autoestima y confianza.

“La valoración social comienza por la autoestima y la valoración de una misma”, aseguró Alejandra Mosteiro, que trabajó durante 11 años en el departamento de Recursos Humanos de Inditex y que fue la encargada de guiar la primera de las jornadas de puesta en común.

La valoración social comienza por la autoestima y la valoración de una misma

Pero el camino de la igualdad no es fácil. A mayores del trabajo en las granjas, las mujeres cargan en la mayoría de los casos con el trabajo doméstico y con la responsabilidad del cuidado de los hijos o las personas mayores “Hay que saber pedir ayuda y saber decir que no también”, les recomendó Alejandra, coach de la empresa Extend y presidenta de Aecop Galicia, una entidad sin ánimo de lucro que trabaja en el campo del liderazgo y el emprendimiento.

Elsa, Genma, Mari, Ángeles, Nazaret, Sandra, Rosa, Vanesa, María, Maricarmen, Cristina y Adriana son todas ganaderas con inquietudes comunes y problemas semejantes, pero con situaciones también distintas. Algunas llevan solas las explotaciones, otras son cotitulares junto a sus maridos u otros familiares, y en otros casos son simples trabajadoras de unas sociedades de las que no forman parte. Hablamos con algunas de ellas para poner nombre a la situación real de la igualdad de género en medio rural.

“Mi marido es el 75% en la toma de decisiones”

Ángeles tiene 44 años y forma parte con su marido y su suegra de Granxa Riveira SC, en Cambás (Aranga). Tienen 420 cabezas, de las que 185 son vacas en producción. Aunque comparten titularidad de la explotación y trabajo diario, Ángeles reconoce que su marido Alberto “es el 75% en la toma de decisiones”.

Tenemos dos hijos a los que no les interesa mucho la ganadería, es algo que nos preocupa

Ángeles decidió participar en el programa de liderazgo y empoderamiento de mujeres organizado por el Grupo Lence, al que venden la leche, “para escuchar las inquietudes de otras mujeres y sentirme acompañada, porque a veces no sabes como afrontar situaciones que te surgen y eso te lleva a la frustración porque tienes sensación de soledad y de miedo. Nosotros tenemos dos hijos, uno de 18 años y otro de 15, a los que no les interesa mucho la ganadería, eso es algo que nos preocupa”, reconoce.

“La gestión de la granja recae sobre mí”

Maricarmen forma parte de la SAT Murado Portela, situada en Baltar (A Pastoriza) junto a un hermano y una hermana que no trabaja en la granja. El de Maricarmen es un caso poco frecuente aún en Galicia, pues a pesar de que los tres hermanos participan de la sociedad a partes iguales, la gestión de la explotación y la toma de decisiones recae sobre ella.

“Mi hermano Toño lleva el trabajo más físico y la maquinaria, pero la gestión del personal y el papeleo lo llevo yo, aunque en las decisiones sobre inversiones participamos los dos”, explica. La SAT se constituyó hace 12 años con seis socios fruto de la unión de dos casas de la parroquia pero en abril del año pasado se separaron.

Aunque los tres hermanos participan de la sociedad a partes iguales, la gestión de la explotación la lleva Maricarmen

“Al deshacerse la sociedad nos quedamos con ella nosotros, los tres hermanos, le compramos su parte a la otra familia y nos quedamos con todo, con las ganancias y con las deudas, y en este momento de costes de producción altos estamos intentando aguantar”, cuenta Maricarmen.

La explotación está formada por 405 cabezas totales y 240 animales en producción y se encuentra en una de las zonas lecheras de Galicia por excelencia, donde no abundan las fincas ni los empleados para trabajar en las granjas. “Tenemos un problema de base territorial, no nos llegan las fincas para nada, y también de mano de obra. Nosotros tenemos cuatro empleados, todos de Senegal, porque de aquí no se encuentra, pero nos hacía falta otro trabajador más para poder sacarnos algo de trabajo de encima”, reconoce.

SAT Murado Portela ordeña 240 vacas y tiene 4 empleados a turnos de mañana y tarde

Maricarmen tiene un hijo, Antón, de 18 años, que está estudiando el primero de los cuatro años en Fonteboa con la intención de incorporarse a la explotación. “Yo no le privo de hacerlo, pero quiero que se forme”, dice.

“A veces me arrepiento de haber seguido yo sola”

Rosa María Neira tiene una explotación a su nombre en Santiago de Saa (Lugo) con 40 vacas en ordeño que atiende ella sola. “Llevo trabajando en la ganadería desde los 15 años y tengo 44. La explotación estaba a nombre de mi padre y desde hace 5 años estoy yo al frente. Pero a veces me arrepiento de haber seguido yo sola. Me echa una mano mi marido, aunque trabaja fuera, y hasta ahora aún me ayudan mucho mis padres, pero dentro de poco no me van a poder ayudar”, razona.

“Esa es una preocupación que me viene todos los días: cómo voy a hacer yo sola en la granja. No le voy a pedir a mi marido que deje su trabajo para ayudarme y el sector está muy mal ahora como para meter un empleado, casi no gano para mí como para contratar un trabajador”, dice.

No tengo empleados, lo hago yo todo, y me estoy perdiendo muchas cosas con mi hija porque no tengo tiempo libre

“Estás en tensión todo el día porque te ves sola peleando. Llevo desde los 15 años trabajando en ella y no quiero dejar perder todas las instalaciones que creamos en ese tiempo. Pero me preocupa el futuro de la explotación y a veces me planteo si no fue una decisión equivocada haber tomado el camino de seguir con la explotación yo sola. Rumio mucho con eso todo el día. Tengo una niña de 10 años y no tengo gana ninguna de que se quede en la explotación, de hecho, estoy feliz de que no quiera saber nada y haré todo lo posible para que no se quede en la ganadería”, dice.

“Trabajo en ella todos los días pero no formo parte de la sociedad”

Mari Abelleira es autónoma y trabaja en la SAT Emilio do Jaime de Xustás (Cospeito), en la que su marido, Emilio, es socio junto a su hermano y sus padres. “Empecé a trabajar en la granja hace 12 años, cuando me casé. Al principio trabajaba menos pero ahora desde que ateniendo a los niños y hago el trabajo de la casa el resto del tiempo se lo dedico a la explotación”, explica.

Empecé a trabajar en la explotación hace 12 años, cuando me casé, pero sigo siendo autónoma, no estoy de cotitular

Sin embargo, Mari sigue estando dada de alta como autónoma y no forma parte oficialmente de la SAT, aunque trabaja en ella todos los días dando la leche a los terneros, haciendo el trabajo administrativo de la granja o cubriendo los turnos de ordeño cuando falta uno de los cuatro empleados con los que cuentan para atender las 326 vacas en producción con las que cuentan. “Yo voy a trabajar pero no tomo decisiones de inversiones o de ese tipo. Me mantengo al margen porque ya son muchos a decidir y hay ya muchas opiniones”, dice.

“Es difícil que las normas que pones se cumplan y que te hagan caso”

Genma tiene 47 años y forma parte de Ganadería Cordeiro SL, de Arcillá, en Cospeito, con dos robots de ordeño y personal externo contratado. “Es difícil que las normas que pones se cumplan, que te hagan caso. Muchas veces acabas haciendo las cosas tú porque no las hacen los demás”, asegura.

Las mujeres ganaderas nos sentimos muchas veces poco valoradas por el entorno que nos rodea

“Hay que lograr que las normas sean consensuadas para que sean aceptadas y se cumplan, buscando que el equipo de trabajo se comprometa”. Fue el consejo que le dio Alejandra Mosteiro, acostumbrada a tratar con directivos de multinacionales y grandes empresas. Pero las mujeres del rural gallego son muchas veces altas ejecutivas con poca autoridad.

“Cuando vas a una ganadería con un contrato para recoger leche, quien te atiende siempre es un hombre”

Cristina Dopico es desde hace dos años la responsable del departamento de campo del Grupo Lence (Leche Río y Leyma). Desde su puesto es plenamente consciente de la situación de la mujer en las explotaciones gallegas, pues la conoce de primera mano.

“La igualdad avanza muy lentamente. De las 450 ganaderías a las que les recogemos la leche, ni el 2% están dirigidas por mujeres. Es una muestra representativa a nivel gallego, ya que tenemos explotaciones grandes, pequeñas y medianas. La mayoría de las incorporaciones al sector siguen siendo de hombres y cuando vas a una ganadería con un contrato para recoger la leche, quien te atiende siempre es un hombre, esa es la realidad que tenemos y que queremos cambiar”, dice.

Este proyecto novedoso, puesto en marcha por Leche Río y Cruz Roja, busca fomentar el empoderamiento y el liderazgo de las mujeres al frente de las explotaciones

Ese es el objetivo del programa de empoderamiento puesto en marcha, incentivar que las mujeres comiencen a dirigir las explotaciones en igualdad de condiciones que los hombres, y que la igualdad de género y de oportunidades vaya ganando terreno en el sector agroganadero, igual que lo hace en otros ámbitos de la sociedad.

Muchas de las mujeres ganaderas que participan no se conocían de antes

La idea del programa es servir para que Adriana y Nazaret, de Castro de Rei; María, de A Capela; Cristina, de Cospeito; Vanesa y Elsa, de Lugo o Alejandra, de Portomarín, que en muchos casos no se conocían de antes, puedan seguir juntándose para compartir vivencias y darse apoyo mutuo las unas a las otras.

“Buscamos compartir experiencias y aprender de las demás, salir de la rutina y ver cosas nuevas, escuchar las inquietudes de otras mujeres y sentirnos acompañadas. Y también tener una mañana para nosotras, algo que no nos podemos permitir habitualmente”, resumen.  

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