
Incendio en Castromil.
Unións Agrarias advierte de que “a 23 de agosto, la zona cero de Ourense sigue sin un recuento fiable: entre las 90.000 hectáreas calcinadas que admiten los partes oficiales y las 150.000 que estima Copernicus”. “Sin lluvias a la vista y con mucho verano por delante, el rural gallego se enfrenta a una tragedia sin precedentes. Hubo años con cifras de fuego comparables —≈100.000 ha en 2006, ≈60.000 en 2017 o incluso ≈200.000 en 1989—, pero nunca con un impacto tan concentrado, con incendios masivos que superan las 15.000 hectáreas y arrasan comarcas enteras”, alertan desde la organización.
En este sentido, denuncian que “las consecuencias están siendo demoledoras: ayuntamientos con hasta el 90% de su superficie calcinada, montes devastados por décadas, pastizales desaparecidos y explotaciones sin alimento para el ganado, viñas quemadas, castañares arrasados y un sector apícola que tardará años en recuperarse”. “Se añaden viviendas, infraestructuras, vehículos y aperos quemados, junto con el desaliento de una población rural que ya resistía con dificultad, y que puede marchar en masa si no tiene, y si no percibe el apoyo debido”, alertan desde UUAA.
“Hace falta decirlo con claridad: lo que no gestiona la actividad humana con la agricultura, con la ganadería y con la silvicultura, lo gestiona el abandono a través del fuego. Baste mirar cualquiera de las fotos que inundan estos días medios y redes sociales, para comprobar que fueron las superficies trabajadas por agricultores y ganaderos las que permitieron detener en sus orillas el fuego, con el esfuerzo de los vecinos y de los equipos y medios de extinción. Pero nada garantiza que esas tierras en activo, de eficaz efecto cortafuegos, estarán ahí la próxima vez con manos disponibles, si los productores afectados no tienen apoyo real tras esta catástrofe”, añaden.
Medidas urgentes.
Ante esta situación, desde Unións Agrarias consideran que “desde ya, es imprescindible garantizar alimentación para el ganado de las explotaciones que perdieron sus pastos y rulos de hierba, compensar las colmenas y facilitar alimentación para las abejas”.
Pero una vez extinguida la emergencia del fuego, UUAA defiende que “resulta imprescindible realizar una evaluación detallada de los daños y establecer mecanismos de compensación adecuados, llenando de contenido y fondos, las declaraciones de zona catastrófica (ZAEPC), competencia del Estado, y de la “Emergencia de interés gallego” competencia de la Xunta, que deben de concretarse en órdenes de ayudas de inmediato”.
En concreto, consdieran “deben contemplarse las pérdidas en las infraestructuras productivas de las explotaciones, en las viviendas –sean primeras o segundas–, así como en las superficies de cultivo y en las masas forestales, que precisan de una restauración urgente. Paralelamente, es necesario reconocer y cubrir las pérdidas de renta que agricultores y ganaderos experimentarán en los meses o años #posterior, mediante líneas de ayuda justas, ágiles y de fácil acceso”.
Es igualmente urgente, según Unións, “consolidar un marco estable de pagos por servicios ambientales que complemente los ingresos agrarios, reconociendo el efecto cortalumes de las tierras en uso, la disponibilidad de maquinaria y el mantenimiento del mosaico productivo. Estos mecanismos deben ser sencillos, alejados de la burocracia de la PAC, y combinar fondos europeos con recursos del Estado y de la Xunta”
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Además, Unións Agrarias, a través de la UPA, reclamará al Gobierno de España que solicite la activación inmediata del Fondo Europeo de Solidaridad (FEZ). Las pérdidas generadas por los incendios en España y Portugal, fruto de la misma ola de calor extremo, superan conjuntamente el umbral de 3.000 millones de euros marcado por la normativa comunitaria. Esta petición conjunta permitiría movilizar recursos europeos urgentes para apoyar a las familias, a las explotaciones y a las comunidades más afectadas. Igualmente cubriría trabajos de urgencia tras el incendio: consolidación de suelos, corrección hidrológica, retirada de biomasa que pueda generar riesgos, protección de ríos y captaciones de agua potable.
“El campo no precisa más trabas, sino facilidades para producir, simplificación administrativa y apoyo decidido a quién elige quedar, y servicios a la población. Sin eso, el efecto dominó del abandono acabará de arrasar lo que no quemaron las llamas”, advierte la organización agraria.
“Del acierto de las decisiones de estos días dependerá el Ourense que reciban nuestros hijos y nietos. Si Sociedad y Administración actuamos con inteligencia y generosidad en la reconstrucción, podremos mitigar el golpe y erguir un territorio más seguro y productivo. Si, por el contrario, dejamos solos a quién sostiene el rural, la próxima onda de calor y sequía encontrará aún menos prados, rebaños y manos que controlen la biomasa y detengan el fuego en las superficies en producción. Y de aquella, será el fuego quien asuma la gestión que nosotros abandonamos, esta vez de manera definitiva”, concluyen desde UUAA.
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