“Utilizo los vinos para obtener información y encontrar las mejores parcelas”

Entrevista a José Luis Mateo, viticultor y bodeguero de Quinta da Muradella, una de las bodegas referentes de la Denominación de Origen Monterrei. Sus vinos se encuentran en los puestos más destacados a nivel internacional gracias a su apuesta por la viticultura tradicional.

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“Utilizo los vinos para obtener información y encontrar las mejores parcelas”

José Luis Mateo en uno de sus viñedos en el mes de febrero

Los vinos de Quinta da Muradella, en la Denominación de Origen Monterrei, son de los más laureados año tras año en prestigiosas publicaciones internacionales como la lista de Robert Parker. No es casual por tanto que más del 70% de las botellas sean descorchadas por amantes del vino de fuera de España.

Detrás de este proyecto está José Luis Mateo, un viticultor humilde que hizo algo tan revolucionario como volver a la viticultura de los antepasados y trabajar en armonía con la naturaleza. Una sencillez y una perseverancia con la que afronta también los importantes daños que le ocasionaron las heladas nos sus viñedos: “Trabajamos en una profesión de riesgo, pero lograremos salir adelante”.

Hoy en día eres uno de los referentes del mundo del vino en Galicia ¿Cómo te iniciaste en la viticultura?
Empecé hace 27 años, en el 1990, sin pensarlo mucho. Por entonces estaba estudiando en Madrid y precisaba buscar una actividad que me vinculara a mi tierra, a Monterrei, pero también que me permitiese vivir dignamente. En Monterrei había la posibilidad junto a las aguas, de la viticultura, que no estaba desarrollada en aquel momento y la Denominación de Origen aun sólo era un proyecto.

Además, mis padres tenían, a aún tienen, una tasca en Verín y empecé a trabajar los viñedos familiares y a comercializar el vino a través de la taberna familiar.

Podemos decir, que al inicio huí de la tierra pero fue necesaria esa distancia para permitirme valorarla y darme cuenta de la necesidad que tenía de hacer un trabajo vinculado a mi tierra.

¿Cuánta superficie de viñedo trabajas a día de hoy?
Entre cuatro personas trabajamos unas 20 hectáreas, aunque llegué a llevar más superficie, y de ellas 17 hectáreas están en el valle de Monterrei o en laderas y unas 3 hectáreas en la zona de montaña.

En propiedad tengo unas 15 hectáreas y arrendadas o prestadas otras 4 más. Son en total 23 parcelas con cepas que van desde los 90 años a los algo más de 20 de las últimas plantaciones. Cada una de ellas tiene características singulares, con diferentes altitudes, variedades, densidades de plantación y también sistemas de conducción muy diferentes, desde la espaldera al vaso.

Tus vinos son una clara apuesta por los plurivarietales. ¿Cuantas variedades cultivas?
El planteamiento inicial de mi proyecto fue de un 60% de tintas y un 40% de variedades blancas. En tintas tengo Mencía, Bastardo, Mouratón y otras no acogidas a la Denominación de Origen pero tradicionales de Galicia como son la Brancellao, Sousón, Zamarrica, Verdello Tinto, Caíño Redondo, Caíño Longo, Grau Negro, Alicante, Carabuñenta…; es decir, prácticamente todo el abanico varietal que se puede encontrar en Galicia.

En blanco sí que es más reducido: Dona Branca, que es la base de mis vinos, Treixadura, Verdello o Godello y algo de Torrentés, también algo de Caíño Branco, y 790 plantas de una variedad local como es la Monstruosa de Monterrei.

“Mi objetivo es lograr la uva lo más equilibrada, respetando el medioambiente”

Con tu experiencia de estos 27 años, ¿Cuáles son las conclusiones a las que llegaste como viticultor?
La principal conclusión, y lo que me mueve a trabajar, es que un viticultor debe trabajar para lograr la uva lo más equilibrada posible. Y a base de la experiencia de años voy viendo que eso se consigue teniendo suelos y viñas equilibradas, y que la adaptación a su entorno sea lo mejor posible. Con eso se logra una uva más equilibrada, lo que se traslada a los vinos.

Esto me lleva a un sistema de trabajo de poco laboreo o muy selectivo en función de la climatología del año, y a utilizar más o menos cubiertas vegetales.

También concluí que una zona seca como Monterrei necesita otro tipo de sistema de conducción; es decir, más que espaldera hay que volver a los sistemas tradicionales en vaso, que son los que consiguen un fruto más equilibrado.

¿Y como afrentas como viticultor las enfermedades fúngicas del viñedo?
Desde el principio tuve claro que hay que ser lo más respetuoso posible con el entorno y con el medioambiente. A eso se le puede llamar viticultura tradicional o ecológica, como se quiera. En el año 2005 certifiqué en el Consejo Regulador de la Agricultura Ecológica de Galicia (Craega) mis 15 hectáreas en propiedad porque tenía claro que no quería utilizar productos sistémicos ni abonos que no fueran naturales. Y así lo hice, trabajando con el medio ambiente de la zona y de cada parcela y no en contra de la naturaleza.

Tenemos además la suerte de trabajar en un entorno como la comarca de Monterrei que, gracias a su clima seco y ventilado, es privilegiado en cuanto a ausencia de enfermedades fúngicas. Además, si las viñas están plantadas en los sitios donde tradicionalmente se hizo viticultura es mucho más fácil trabajar en ecológico, pues los tratamientos se reducen al mínimo.

¿Cuáles son los vinos que tienes a la venta en este momento?
La bodega se llama Quinta da Muradella, que es la marca paraguas. Por una parte tengo unos vinos genéricos que pretenden representar el panorama de Monterrei, como es el caso del Alanda. Luego tengo vinos que responden al criterio de una sola parcela, como el Gorvia o el Berrande. Y por último, vinos que son una mezcla seleccionada de uvas de la zona de Montaña, como el Muradella Blanco o el Muradella Tinto.

Al trabajar en ecológico tengo mucha fluctuación en la producción. Así, el año de mayor cosecha, en el 2015, elaboré unas 45.000 botellas, pero la cosecha del 2016 bajó a unas 20.000 botellas, pues hubo una bajada del 60% en la producción debido a las condiciones climáticas adversas.

Viñedo de Quinta da Muradella en la montaña. Autor: vinoencasa.blogspot.com.es

Viñedo de Quinta da Muradella en la montaña. Autor: vinoencasa

Eres uno de los pocos viticultores que puede presumir de vender la mayor parte de su vino fuera de España….
Hasta hace un par de años exportaba casi el 90% de mi vino, algo que cambió un poco desde el 2015 y hoy el 70% del vino lo vendo fuera de España y el resto en el mercado gallego y español. Mis principales mercados son Estados Unidos, Japón, Países Bajos, Francia, Australia y los países nórdicos.

Debo reconocer que el aspecto comercial era el que menos me preocupaba desarrollar y que sí me inquietaba más el trabajo en la viña. En este sentido, tuve la suerte de dar con distribuidores que entendieron mi trabajo y mis ritmos y pude desarrollar mi mercado.

Una de tus señales de identidad es elaborar vinos de guarda, algo minoritario en Galicia. ¿Por que apuestas por envejecer los vinos?
Desde el año 2004 mi criterio es elaborar vinos tanto blancos cómo tintos de guarda, para que evolucionen en el tiempo y que dentro de unos años al abrirlos se vea que están vivos.

Una herramienta fundamental para ver el carácter de las fincas y saber si son interesantes para la viticultura es hacer vinos por separado de cada parcela y dejar que evolucionen en el tiempo. Y es que estoy convencido de que los vinos viejos son los que más información proporcionan de la añada, del carácter de los suelos de esa parcela, de la forma de trabajar ese viñedo…etc..

“Utilizo los vinos para sacar información de las parcelas”

Los vinos jóvenes presentan un carácter muy frutal, más inmediato pero la información de mineralidad y de las propiedades de los suelos, que es lo que más me interesa, sólo se logran en los vinos viejos. Por tanto, si consigo comparar añadas diferentes de la misma finca la información se multiplica y puedo seguir afinando mi trabajo de buscar las mejores parcelas.

Se podría decir que utilizo los vinos para extraer información de mis parcelas y llegar a conocerlas.

Para elaborar vinos de guarda me sirvo de múltiples sistemas. Así hago crianzas en acero inoxidable, en hormigón, en barricas de diferentes volúmenes, en odres, con lías y sin lías. Incluso realizo experiencias con desarrollo de velo de flor en superficie.

¿Hacia donde te gustaría orientar tu proyecto de Quinta de la Muradella en el futuro?
Me gustaría seguir ahondando más en el trabajo en la viña. Mi principal preocupación es desarrolar en profundidad las fincas y los terruños que me interesa trabajar y que aportan diferencias.

En este sentido, con unos amigos geólogos estoy desarrollando un trabajo para conocer el suelo de mis viñas. El objetivo es buscar ese equilibrio que me interesa.

“En los viñedos de montaña y ladera es donde encuentras la sutileza de los grandes vinos”

Por otra parte, reconozco que me preocupan las viñas viejas de la montaña, esas alrededor de 4 hectáreas que no son mías y que siguen trabajando de forma tradicional sus propietarios, a los que les compro la uva. Estoy viendo que, debido a que son personas ya mayores, en un corto plazo de tiempo tendré que trabajarlas directamente, y eso supone un reto ya que el grueso de mi trabajo está en el valle.

Es un reto que asumiré porque estoy convencido de que donde realmente se puede llegar a hacer vinos de un estado superior es en las zonas de montaña, con un equilibrio natural que proporciona la edad de las vides, el entorno y una mezcla muy sabia de variedades que hicieron los viticultores tradicionales, logrando un equilibrio natural.

Es decir, los vinos del valle son más directos, inmediatos, exuberantes y fáciles de entender. Pero realmente donde encuentras las sutilezas y la elegancia y un punto de diferencia único de los grande vinos es en las zonas de montaña y de ladera.

¿Por que elegiste el nombre de Quinta da Muradella para tus vinos?
El nombre quería que identificara nuestra identidad, como zona de frontera galaicoportuguesa, y también que expresara la forma de trabajar de viticultura de terroir. Así, lo de Quinta, que al igual que en Portugal, es una parcela acotada, y A Muradella porque tengo un viñedo en esa zona, donde precisamente se encontró una antigua villa romana y dos estatuas: una de Venus y otra de Dionisios o Baco, el dios romano del vino.

Además, pienso que como viticultores también deberíamos trabajar en la preservación de la toponimia local y en la recuperación de estas parcelas cerradas tradicionales que proporcionaban unas características propias a sus vinos.

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