“Vamos a duplicar los viñedos para elaborar un tinto de Valdeorras diferenciado”

Amancio López Vázquez es copropietario de Adega Avelina, una bodega familiar de Vilamartín de Valdeorras que en los próximos dos años plantará unas 8 hectáreas de viñedo para elaborar un tinto de parcela diferenciado

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“Vamos a duplicar los viñedos para elaborar un tinto de Valdeorras diferenciado”

Amancio López Vázquez, copropietario de Adega Avelina

Adega Avelina es una bodega familiar de Córgomo, en el ayuntamiento de Vilamartín de Valdeorras, cuyos orígenes se remontan a mediados del siglo XX, cuando Avelina, abuela de los actuales propietarios de la bodega, despertó el interés de la familia por la viticultura, en una de las zonas de viñedo más cotizadas de la comarca.

Hoy son sus nietos, Servando y Amancio, los que dan continuidad a esta tradición familiar…y con mucho futuro por escribir. Su nuevo proyecto es duplicar su superficie de viñedo en los próximos dos años, pasando de las 8 hectáreas con las que cuentan actualmente a entre 15 y 20 hectáreas, apostando por las variedades tintas para elaborar un vino de parcela diferenciado.

Nos lo cuenta Amancio López Vázquez, copropietario de la bodega, y que encontró en el viñedo su pasión de una forma casual.

Sois una bodega familiar con una historia muy interesante. ¿Cuéntanos cómo nació?
El origen está en mis abuelos, y especialmente en mi abuela Avelina, que logró fama en toda la comarca como injertadora de vides en patrones americanos resistentes a la filoxera. En un principio elaboraban vino, que era fundamentalmente de Garnacha y de Jerez, variedades más productivas llegadas de fuera.

Así fue hasta los años 80, cuando mi padre, Agustín, volvió de Suiza y decidió invertir los ahorros en comprar viñedos aquí, en Córgomo. Hay que tener en cuenta que el poco terreno bueno que había para viñedo estaba repartido entre pocas familias y él cuando volvió compró y lo unió al que heredó, llegando a juntar 4 hectáreas.

Mi padre también empezó a plantar Godello y a arrancar cepa de Jerez y de Garnacha. Vendía el vino a granel, tanto blanco cómo tinto, pero empezó a elaborar mencía y godello por separado y se lo regaló a algunos clientes, que de esta forma empezaron a apreciar su calidad y comenzaron a demandarlo.

El siguiente paso importante fue en el año 2000, cuando empezamos a embotellar con nuestra propia marca, Casal de Furcos Rocío, tanto blanco, de Godello, como tinto de Mencía. Lo de Rocío es un homenaje a Rocío, mi hija, y el futuro de esta bodega familiar.

Nuestra oferta se completa con el Casal de Furcos barrica y con Pradolongo, un vino en honor a la película dirigida por Ignacio Vilar y que es un homenaje a Valdeorras. El Pradolongo Blanco es un godello sobre lías y su destino es Francia, y el tinto su destino principal es Inglaterra.

“La viticultura me parece una manera auténtica de vivir”

Tu formación no fue para incorporarte a la viticultura. Cuéntanos cómo acabaste continuando con la tradición familiar..
Empecé a trabajar en el viñedo en el año 1998, a raíz de un accidente de tráfico. Yo había estudiado empresariales y en el 1997 tuve un accidente de tráfico, viniendo de A Coruña, donde trabajaba llevando la gestión en una cadena de macrodiscotecas. Y en los meses siguientes quedé en Córgomo a recuperarme y empecé con mi padre a ir las viñas y ayudarle a podar y a hacer el resto de los trabajos. Y fue ahí donde me enamoré de este trabajo.

Sé que con el viñedo no me voy a poner rico, pero es algo que me gusta, que me da la libertad de gestionar mi tiempo. Es cierto que tienes momentos duros, como estos últimos tres años de inclemencias del tiempo. Pero la viticultura me parece una manera auténtica de vivir. No se explican con palabras los sentimientos de plantar una vid, irla cuidando, lograr las uvas y elaborar el vino. Es cómo criar a tus hijos.

Al principio empezamos a producir uva, y luego lo de embotellar fue posterior, un poco para tener un reconocimiento a lo que haces. Hoy tenemos 8 hectáreas, de las que el 70% está plantada con Godello, un 25% con Mencía y un 5% con Garnacha.

Pero nuestro objetivo es llegar en los próximos años a entre 15 y 19 hectáreas de viñedo. Precisamos esa superficie, es un punto de inflexión para garantizar el suministro a los clientes y unos ingresos. Si tienes 15 hectáreas, por muy mal que vaya, 50.000 kilogramos de uva al año coges, pero con la superficie actual si viene un año muy malo, como el año pasado, cosechas solo 25.000 kilos.

Además, contamos con la ventaja de que nuestras parcelas -Pousadoiro, Puxeiros, Bardaxal o O Agro- tienen unos tipos de suelo muy distintos, más pizarrosos en alto y más arcillosos en el valle. Esto permite que en los años muy secos en el valle tengamos cosecha y en los años algo húmedos las parcelas altas van a tener también uva.

¿Qué vais a plantar en esas 10 hectáreas de nuevos viñedos?
Hemos pensado plantar entre un 50 o 60% de Mencía del clon 32, un 20 o 25% de Sousón y el resto Tempranillo. La Mencía acercará acidez y viveza, el Sousón calidad y profundidad de aromas y el Temperanillo esa profundidad y alargamiento en la vida en botella.

“Vamos a elaborar tintos de parcela diferenciados”

El clon 32 fue lo que mejor resultado nos dio después de probar con material vegetal procedente de la finca experimental de la EVEGA en Leiro.

Redujisteis el número de botellas que elaboráis. ¿Por que motivo?
En un año normal andamos por las 80.000 botellas, pero llegamos hace años a elaborar 200.000 botellas, ya que comprábamos uva y también vino. Sin embargo, llegamos a la conclusión de que no nos compensaba vender por precio. Tienes que hacer un producto diferenciado y que se acompañe de un precio que te deje margen y con unas garantías de cobro. Posiblemente iremos aumentando, pero aunque cosechemos 200.000 kilos de uva prefiero vender uva y quedar con esas 80.000 botellas.

En cuanto a nuestro mercado, el Pradolongo va case todo para la exportación, aunque debido a la mala cosecha del año pasado reducimos a unas 12.000 botellas. La exportación vienen representando entre un 20 y un 25% de nuestras ventas; el 40% lo vendemos en Galicia y el otro 40% en el resto de España.

¿Hacia donde queréis orientar el futuro de Adega Avelina con estas nuevas plantaciones?
Lo que vamos a hacer es intentar elaborar vinos de parcela, de pago, y en esa línea van las plantaciones que estamos realizando ahora. Primero vemos el terreno, su orientación, luego elegimos las variedades y después que la raíz que vaya sea lo más compatible posible tanto con el terreno como con la variedad.

La idea es que toda la uva que salga de allí vaya directamente para elaborar cada vino, sin hacer coupage en bodega. Es decir, que de cada parcela salga una partida diferenciada y con su nombre, de forma que si un año la uva recogida solo produce x botellas serán las que salgan al mercado.

Pienso que hoy en día mencías hay muchos, por lo que nuestra estrategia es elaborar un tinto diferente y que guste en el mercado. Donde podemos competir es en la diferenciación, con vinos de parcelas pequeñas y partidas de botellas limitadas. Fuera de España aprecian esa exclusividad de botellas numeradas y pienso que tenemos que ir a eso, porque no podemos competir con las miles de hectáreas que tienen en otras zonas.

¿Y que le pedirías a las administraciones y al Consello Regulador de la Denominación de Origen Valdeorras?
Lo que le pediría a la Administración es que nos ofreciera a los profesionales del sector vitícola formación específica para poder exportar, por ejemplo con clases de inglés específicas para cerrar negocios en este sector, o de comercio internacional para aprender a negociar con posibles clientes de otros países. De lo contrario, seguiremos dependiendo de intermediarios que nos llevan un parte del valor de cada botella.

En el Consello Regulador pienso que están haciendo un gran trabajo, pero creo que aún deberían ser más exigentes en los controles, porque eso es lo que nos obliga a las bodegas y viticultores a estar al día y a mejorar año a año. Porque el control creo que está relacionado con la exclusividad y con la puesta en valor de nuestros vinos. En este sentido, lograr la acreditación de ENAC fue lo mejor que nos pudo pasar en Valdeorras.

“Un gran grupo bodeguero quiso comprar a buen precio nuestra bodega, pero dijimos que no”

Y en los viveros de planta echo en falta una labor de asesoramiento seria sobre lo que mejor va para cada zona y parcela y garantizar las variedades que venden, ya no digo que vengan libres de enfermedades.

A las bodegas familiares de Valdeorras, ¿os causa inquietud entrada en la DO de grandes bodegas de fuera?
Uno de los grupos más grandes que entró en Valdeorras incluso nos quiso comprar nuestra bodega con una muy buena oferta. Pero yo y mi hermano somos aún jóvenes e inquietos y queremos seguir vinculados a esto, por lo que la rechazamos. Habrá gente a la que no le duela vender, y no tengan una vinculación con esto, pero nosotros somos familias de bodegueros y para nosotros la tierra tiene una historia, mi abuelo estuvo viviendo de esto y yo lo sigo haciendo. Si eres una empresa no tienes ese vínculo emocional.

En este sentido, los grandes grupos que vienen de fuera cuando dan con familias es raro que vendan sus viñedos. Por lo demás, creo que su llegada fue positiva, porque nos permite llegar a muchos mercados a los que nosotros no podriamos llegar, y nos aprovechamos del rebufo de ellos. En un principio creo que es positivo que inviertan en Valdeorras porque nos ponen en el mundo. De hecho, hace unos años en Madrid no sabían lo que era godello y hoy en Munich ya te piden “la Godello”. Además, son una alternativa más para venderles uva.

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