“Vimos la necesidad de reintroducir animales en los montes tras un incendio en 2006”

Ovidio Queiruga es presidente de la Comunidad de Montes de Baroña. En las 878 hectáreas de terreno comunal conviven diferentes especies de ganado, con una apuesta decidida por la cría de caballo de pura raza gallega. Pero, ¿cómo funciona el modelo de gestión?

“Vimos la necesidad de reintroducir animales en los montes tras un incendio en 2006”

La Comunidad de Montes de Baroña se ha visto en la obligacion de reincorporar los caballos desde los incendios del 2006. / Fuente: Elaboración propia

La comunidad de montes de Baroña, en el municipio de Porto do Son, desarrolla desde hace más de una década un modelo propio de manejo del ganado caballar, basado en la rotación de los caballos por pastizales cercados, que se aleja del sistema tradicional de animales en semilibertad, habitual en la mayor parte de Galicia.

La entidad gestiona un total de 878 hectáreas de monte vecinal, propiedad de 169 comuneros. En estos terrenos conviven actualmente caballos, vacas, ovejas y cabras, que cumplen una función esencial en el control de la biomasa forestal, en la mejora de los suelos y en la producción cárnica.

La presencia de caballos en los montes de Baroña fue constante a lo largo de la historia, aunque vivían libres en el monte, sin una gestión directa. La situación cambió de manera significativa tras el gran incendio registrado en el año 2006. Aquel episodio puso en evidencia el abandono del territorio y la progresiva desaparición de la ganadería extensiva, consecuencia en parte de las políticas forestales iniciadas en la primera mitad del siglo pasado, que favorecieron la reforestación frente al uso agroganadero.

La progresiva desaparición del ganado extensivo en el Barbanza obligó a la comunidad de montes de Baroña a gestionar rebaños propios

Ante el escenario de grandes incendios de 2006, la comunidad decidió recuperar la presencia de animales propios en el monte. En el caso concreto del caballo, el punto de partida fue en 2009 con la puesta en marcha de un proyecto singular centrado en el caballo gallego.

El modelo actual se fundamenta en una movilidad de las manadas de forma planificada entre diferentes cierres. Esto permite un control más eficaz de la vegetación, una mejor distribución de la carga ganadera y una mayor capacidad de respuesta frente a problemas sanitarios, ambientales o de depredación.

El actual modelo de gestión se centra en cierres ganaderos, que permiten gestionar mejor la carga de animales y su cuidado

La presencia del lobo es una realidad histórica en Barbanza, pero la reducción del número de caballos hizo más visibles los ataques del lobo. Frente a esta situación, la comunidad de montes de Baroña apuesta por un manejo activo de las manadas, especialmente en las épocas de parto, y por la participación en proyectos de investigación, con la utilización de collares de control del ganado.

A través de una gestión continuada y organizada, la comunidad apuesta por el caballo gallego como eje de una estrategia que combina prevención de incendios, conservación de la biodiversidad y valorización de los recursos ganaderos, un aspecto este último que culminó recientemente con el montaje de un centro de transformación cárnico.

Hablamos con el presidente de la Comunidad, Ovidio Queiruga, con un socio, Antonio Oubiña, y con uno de los trabajadores, Daniel Sánchez.

Ovidio Queiruga. Presidente de la comunidad de montes vecinales de Baroña

“En la Sierra del Barbanza abunda el tojo y el caballo es el animal ideal para controlarlo”

Ovidio Queiruga, presidente de la Comunidad de Montes de Baroña. / Fuente: elaboración propia

Ovidio Queiruga, presidente de la Comunidad de Montes de Baroña. / Fuente: elaboración propia

¿Qué tipo de ganado tenéis actualmente en el monte y qué función cumple?
En este momento tenemos caballos, vacas, ovejas y cabras. Todo este ganado cumple varias funciones fundamentales: la limpieza del monte, la prevención de incendios, la mejora de la biodiversidad de los suelos y también una función productiva, ya que hay producción de carne.

La relación de la comunidad con los caballos es especialmente singular. ¿Hubo siempre caballos en estos montes? ¿Cómo fue evolucionando su manejo?
Sí, en el monte de Baroña hubo caballos desde siempre, pero tradicionalmente eran animales que vivían en régimen totalmente libre, sin prácticamente ningún tipo de gestión por parte de los propietarios.El punto de inflexión llegó en el año 2006, tras un gran incendio que afectó a esta zona. En ese momento vimos clara la necesidad de reintroducir animales en el monte, propiedad de la comunidad, ya que quedaban muy pocos ganaderos y muy poco ganado.

Esto también fue consecuencia de las antiguas políticas forestales que apostaron por la reforestación y que, en los años cincuenta, desplazaron en gran medida la ganadería tradicional.

En ese momento, es cuando se decide apostar específicamente por el caballo?
En el año 2009 pusimos en marcha un proyecto singular centrado en el caballo gallego. Nos cedieron un macho y varias hembras, y la comunidad realizó las obras de un cierre, con el apoyo de la administración. A partir de ahí fuimos incorporando progresivamente más animales.

La obligatoriedad del microchip y los daños del lobo llevaron a que muchos propietarios hayan optado por deshacerse de los caballos

En 2010, con la obligatoriedad del microchip, muchos de los pocos ganaderos que aún tenían caballos optaron por deshacerse de ellos, y fue la propia comunidad quien los asumió. En 2012 se produjo otro momento clave, con la presencia del lobo en la Sierra del Barbanza, que provocó numerosas bajas. De nuevo, muchos propietarios vendieron los animales y la comunidad se hizo cargo de ellos.

¿Cómo se manejaba tradicionalmente el caballo en la Sierra del Barbanza y en qué se diferencia del modelo que estáis aplicando ahora en Baroña?
Tradicionalmente, el manejo del caballo en Barbanza se hacía en grandes superficies abiertas, sin carreteras ni apenas comunicaciones, donde convivían caballos y vacas de distintos propietarios. El control se limitaba a reunirlos en los curros, en fechas muy concretas, para hacer la rapa, que muchas veces tenía un carácter festivo.

El caballo no tenía un gran valor económico, pero cumplía una función clave: la gestión de la biomasa forestal, facilitando alimento para el ganado vacuno, ayudando a la prevención de incendios e incluso reduciendo la presión del lobo sobre otras especies. En Baroña apostamos por un manejo mucho más activo y continuo, con la movilidad de las manadas entre distintos cierres.

El caballo no tenía un gran valor económico, pero cumplía una función clave: la gestión de la biomasa forestal

¿El papel del caballo en la prevención de incendios es clave en esta zona?
Sin duda. El manejo del fuego cambió mucho a lo largo del tiempo. Antes se hacían pequeñas quemas controladas para crear pastos, pero hoy, con la enorme carga de combustible que hay, cualquier incendio puede descontrolarse.

Cuanto menos combustible hay en el monte, más fácil es prevenir y combatir el fuego. Aquí en la Sierra del Barbanza abunda el tojo, y el caballo es el animal más eficaz para controlarlo. Tanto en Baroña como en el conjunto de la sierra, su papel en la prevención de incendios es fundamental.

Además del aspecto ambiental, ¿qué otras funciones destacaríais del caballo?
La gestión que hacemos facilita la creación de pastos, la mejora del suelo y, sobre todo, un aumento de la biodiversidad. El caballo permite transformar zonas dominadas por el tojo en áreas más diversas, donde aparecen otras especies vegetales.

En Baroña es muy significativa la presencia de la carroucha, una planta muy característica de nuestro monte, hasta el punto de que a los vecinos se les conoce como “carroucheiros”. También aparecen plantas melíferas e incluso especies muy singulares, como pequeñas plantas carnívoras, que solo se dan en suelos gestionados por grandes herbívoros. Todo esto demuestra la importancia del caballo en la conservación del ecosistema.

Los animales favorecen la biodiversidad. En Baroña es singular la carroucha, una planta característica de nuestro monte

De cara al futuro, ¿estáis trabajando en la valorización del caballo más allá de su función ambiental?
Sí. Para nosotros el caballo es clave no solo por la limpieza del monte, sino también por la recuperación de razas autóctonas, en especial el caballo de Pura Raza Gallega, los llamados garranos.

Trabajamos también con una entidad de custodia del territorio y con la Universidad de Vigo en la conservación del llamado caballo gallego del monte, animales que no entran en el estándar de la Pura Raza Gallega pero que son propios de esta zona, junto con la protección de su hábitat.

Además, apostamos por la valorización de la carne de caballo, aunque sabemos que hoy no existe un mercado fuerte. Por eso creemos que la clave está en la transformación y elaboración de productos, no solo en la venta en canal.

El centro de transformación agroalimentario contribuirá a dinamizar la Serra do Barbanza

Para eso estáis desarrollando un centro de transformación cárnica. Háblanos de ese proyecto.
Desarrollamos un centro de transformación en el que estamos trabajando, inicialmente pensado para los productos de la comunidad, pero que con la ayuda de la Diputación de A Coruña ya se proyecta como centro colaborativo, abierto también a otras ganaderías del entorno. La idea es contribuir a la dinamización económica de la Sierra del Barbanza.

Para terminar, ¿cuál es la situación del lobo y cómo condiciona vuestro manejo del caballo?
El lobo siempre estuvo presente en la Sierra del Barbanza. Las manadas son más o menos estables, pero al haber menos caballos en el monte, los ataques se concentran más en ellos.

En Baroña hacemos un manejo activo de las manadas: las movemos entre cierres, separamos las bestias paridas en las épocas de mayor riesgo y participamos en proyectos de investigación con collares disuasorios para el lobo.

El manejo diario también permite detectar antes los ataques y avisar a la administración, aunque las compensaciones económicas no resuelven el problema de fondo: la pérdida real de animales y la disminución progresiva de la cabaña ganadera, algo que nos preocupa mucho.

Antonio Oubiña. Comunero

“El caballo reduce el trabajo necesario para la prevención de incendios”

Antonio Abeijón, vicepresidente de la Comunidad. / Fuente: elaboración

Antonio Abeijón, vicepresidente de la Comunidad. / Fuente: elaboración

Antonio Oubiña es comunero y miembro de la directiva desde hace más de una década. Natural de Nebra y residente en Baroña desde hace casi treinta años, conoce de primera mano la evolución del monte y de la ganadería extensiva en la Sierra del Barbanza.

Su experiencia combina la labor como antiguo obrero de la comunidad con la participación activa en su gestión actual. Desde esa perspectiva, ofrece una visión pegada al territorio sobre la tradición caballar, los cambios en el manejo del ganado a lo largo del tiempo y el papel del caballo como herramienta clave para el cuidado del monte, la prevención de incendios y el mantenimiento de la actividad comunitaria.

Desde tu experiencia, ¿cómo describirías la tradición caballar en la comunidad?
Antiguamente había muchos curros y se hacía la rapa de las bestias, como ya se comentó. Era una tradición muy apreciada por la gente, aunque hoy ese tipo de prácticas ya se abandonaron. Con el paso del tiempo, ese modelo se fue perdiendo.

¿Tú fuiste propietario de caballos en algún momento?
Sí, tuve algún caballo, pero uno o dos, más bien para pasear. Nunca tuve ganado caballar en el monte como actividad ganadera propiamente dicha.

¿Cómo percibes la evolución del caballo en la zona desde que tú eras joven hasta la situación actual?
El cambio fue enorme. Antes los animales andaban todos sueltos por el monte: caballos, vacas, cerdos… Yo recuerdo ir andando desde Nebra hasta el monte y encontrar caballos por todas partes. No había ningún control. Hoy eso ya no existe, ya no se ve esa presencia de animales libres como antes.

¿Crees que hay aspectos positivos en el modelo actual de manejo de los caballos?
Sí, claramente. Ahora los caballos están mucho mejor atendidos. Hay más cuidado y más seguimiento que antes, cuando los animales quedaban totalmente abandonados a su suerte.

Pasamos de un monte con animales libres, casi abandonados, a un sistema en el que cuidamos de ellos

Mirando más allá de Baroña, ¿qué problemas detectas para la continuidad del caballo en la Sierra del Barbanza?
Hay varios factores. Por una parte, las exigencias administrativas para tener caballos son cada vez mayores y más complejas, lo que desanima a mucha gente. Por otra, está el problema de los ataques del lobo. Muchos propietarios ven cómo pierden animales por los que llevan trabajado tiempo, y eso hace que dejen la actividad.

Todo esto dificulta mucho que la gente siga manteniendo caballos en el monte.

Desde la comunidad, ¿qué importancia le dais al caballo en el mantenimiento del territorio?
Le damos muchísima importancia. El caballo ayuda mucho a limpiar el monte, reduce el trabajo manual necesario y contribuye a la prevención de incendios. Igual que las cabras o las ovejas, es un apoyo fundamental para mantener el monte en buenas condiciones.

Teniendo en cuenta que en muchas zonas el caballo está desapareciendo, ¿qué perspectiva de futuro ves?
En nuestro caso estamos consiguiendo mantener un número más o menos estable de animales. Pero en otras zonas mucha gente abandona por culpa de las dificultades administrativas y por los problemas con los depredadores. Eso hace que cada vez haya menos animales en el monte.

Y en el caso concreto de la Comunidad de Montes de Baroña, ¿sois optimistas?
Sí, pensamos que podemos mantenernos con el modelo actual, combinando caballos y vacas, siempre que se siga cuidando el ganado como se está haciendo ahora.

¿Cómo describirías la percepción general de los comuneros respecto a tener caballos y aplicar este modelo de gestión?
La impresión general es muy positiva. En las asambleas la gente participa, acude y se muestra contenta con los animales en el monte y con el funcionamiento de la comunidad.

Daniel Sánchez. Trabajador de la comunidad de montes de Baroña

“Entre lo que comen y lo que pisan, los caballos mantienen el monte limpio”

Daniel Sánchez, uno de los trabajadores de la Comunidad. / Fuente: elaboración propia

Daniel Sánchez, uno de los trabajadores de la Comunidad. / Fuente: elaboración propia

La Comunidad tiene varios trabajadores para manejar el ganado y llevar a cabo otras labores. Daniel es uno de ellos. Su actividad abarca desde trabajos forestales, como la corta, la plantación o el desbroce, hasta el cuidado y seguimiento de las manadas de caballos y de otros animales.

En contacto permanente con el territorio, aporta una visión práctica y pegada a la realidad del modelo de gestión que aplica la comunidad, destacando el papel del caballo como herramienta efectiva para el mantenimiento del monte, la reducción de la biomasa y la prevención de incendios, así como los retos que supone la convivencia con la fauna salvaje.

¿Cuáles son los principales trabajos forestales que hacéis en el día a día?
Hacemos labores muy variadas: corta de madera, desbroces, plantaciones y mantenimiento del monte. No hay una rutina fija, cada día puede tocar un trabajo distinto, en función de las necesidades que haya en ese momento.

Centrándonos en el caballo, ¿cómo es el manejo diario de las manadas?
Tenemos varias manadas repartidas en diferentes cierres y las vamos moviendo cuando vemos que una zona ya está agotada de pasto. También hacemos mantenimiento continuo de los cierres, porque a veces se estropean por los propios animales o por vacas sueltas. Si rompen los vallados, los caballos pueden escapar, así que hay que estar siempre pendientes.

Hacemos un mantenimiento continuo de los cierres. Lo más trabajoso es cuando un animal se escapa y tenemos que buscarlo y reconducirlo en zonas de orografía complicada

¿Qué otras tareas implica el cuidado de los caballos?
Una vez al año los bajamos al curro para desparasitarlos y revisarlos. También tenemos que atender el tema del agua, sobre todo en las zonas donde no hay cursos naturales. En algunos bebederos, especialmente en verano, es necesario llevarles agua.

¿Cómo gestionáis la alimentación de los caballos?
No se les aporta comida. Ellos se alimentan de forma natural de lo que hay en el monte, del pasto disponible en cada zona.

La convivencia entre el manejo forestal y el ganado puede generar conflictos. ¿Cómo se resuelve esto en Baroña?
Hay zonas de nuevas plantaciones en las que tenemos que tener especial cuidado para que los caballos no entren y no estropeen las plantas pequeñas. Por eso los cierres son grandes, hablamos de varios kilómetros de vallado, y permiten delimitar bien las áreas sensibles.

¿Cuántos cierres utilizáis para el caballo y cómo decidís los cambios de zona?
Tenemos alrededor de cinco o seis cierres grandes. El cambio se hace cuando vemos que una zona ya está muy aprovechada. Eso se nota simplemente dando una vuelta por el terreno y observando cómo está el pasto.

¿El manejo de los caballos es más complejo que el de otros animales?
No especialmente. Los caballos, al estar en el monte, autogestionan la comida y el agua en gran medida. El principal trabajo viene cuando hay que bajarlos para hacer tratamientos o cuando se escapa alguno y hay que ir a recuperarlo.

¿Cuál es el principal problema al que os enfrentáis en el manejo de estos animales?
Sobre todo cuando se escapan y se meten en zonas complicadas, con accesos difíciles. A veces hay que ir a pie por zonas muy malas para reconducirlos al cierre correspondiente.

¿Qué papel crees que juegan los caballos en el mantenimiento del monte y en la prevención de incendios?
Juegan un papel muy importante. Si primero se limpia el matorral más grande con medios mecánicos, después los caballos se encargan de los rebrotes. Entre lo que comen y lo que pisan mantienen el monte bajo y bastante limpio, por lo que son muy efectivos como herramienta de prevención de incendios.

¿Cómo ves el futuro del caballo en Baroña y en la Sierra del Barbanza?
En general hacen una labor muy importante, sobre todo en las zonas más bajas, donde no hay tantos problemas. En las zonas altas existe la dificultad de los ataques del lobo, sobre todo a los potros. Si la población de lobo aumenta y no se controla, puede complicarse la situación, pero bien manejado, el caballo puede seguir siendo clave para mantener el monte limpio.

¿Estáis probando nuevas medidas para mejorar esa convivencia con el lobo?
Sí, estamos empezando a emplear collares disuasorios. Aún están en fase de prueba y no tenemos resultados claros, pero vamos a colocarlos en las zonas más altas para ver cómo funcionan. Es algo que aún está por estudiar.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Solicitamos su permiso para obtener datos estadísticos de su navegación en esta web, en cumplimiento del Real Decreto-ley 13/2012. Si continúa navegando consideramos que acepta el uso de cookies. OK | Más información