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Campaña sobre “Mitos y falacias sobre el consumo de leche y sus derivados”

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Campaña sobre “Mitos y falacias sobre el consumo de leche y sus derivados”

Muchas son las falsas creencias que pesan sobre el consumo de leche y productos derivados de la misma: el incremento de nuestros niveles de colesterol, o la inducción de diabetes tipo 2 y hasta el incremento de la probabilidad de padecer cáncer, son solo algunas de las mismas. De hecho, el consumo de leche fresca por parte de los hogares españoles viene disminuyendo desde el año 2010, habiendo caído el último año un 2,2 por ciento.

Para deshacer algunos de los principales mitos sobre la leche y sus derivados, la empresa de salud animal Zoetis, a través de su programa “Especialistas en novillas”, dirigido a fomentar la formación técnica y la comunicación en el sector productor de leche de vaca, ha lanzado una campaña informativa basada en materiales divulgativos impresos y audiovisuales.

En ellos, con un lenguaje directo y claro, y siempre basado en evidencias médicas y científicas, Sergio Calsamiglia, catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigador en el Servicio de Nutrición y Bienestar Animal -SNIBA-, y experto colaborador del blog especialistasennovillas.es, rebate cada una de las principales “falsas creencias” sobre el consumo de leche y sus derivados asentadas en la mente del consumidor.

La inclusión de lácteos en las dietas hipocalóricas reduce el peso un 10 por ciento más

Así, el experto explica por ejemplo que, en contra de lo que se cree, el consumo de leche tiene un efecto muy pequeño y, sobre todo transitorio, en los niveles de colesterol en sangre, si bien, por el contrario, tiene un claro efecto beneficioso hipotensor, mediado por el calcio y la presencia de ciertos péptidos bioactivos.

Además, estos mismos péptidos generan sensación de saciedad y el calcio contenido en la leche reduce la digestibilidad de las grasas, lo que, sumado a otros factores, hace que el consumo de leche no sea incompatible, en contra de lo que muchas veces se piensa, con las dietas de reducción de peso. “De hecho -asegura Calsamiglia-, existen estudios clínicos que han demostrado que el consumo de leche y sus derivados en dietas hipocalóricas reduce el peso un 10 por ciento más que las mismas dietas sin productos lácteos“.

Por otra parte se abunda en el hecho de que el consumo de lácteos no contribuye, en contra de ciertas creencias, a la aparición de diabetes adquirida o de tipo 2. De hecho, los estudios epidemiológicos demuestran que el riesgo de padecer esta enfermedad es un 67% menor en los individuos que consumen leche y sus derivados”.

Tampoco parece que la relación del consumo de leche y sus derivados con la probabilidad de padecer cáncer guarde ningún rigor científico ni médico. Es más, el efecto protector del calcio y la actividad del ácido linoleico conjugado (una grasa presente exclusivamente en productos derivados de vacas, ovejas y cabras) confieren a la leche un efecto anticancerígeno. Esto es así hasta el punto de que el riesgo de padecer un cáncer colorrectal es un 26% inferior en los individuos que consumen leche y derivados lácteos.

Los individuos que consumen leche y derivados lácteos tienen una esperanza de vida mayor

En cuanto a las alergias, si bien es cierto que la proteína de la leche puede originarlas en algunos casos, más cierto es que esta realidad afecta a una pequeña proporción de la población. “Se trata de otro falso mito en torno a la leche, asegura Calsamiglia, basado lamentablemente en percepciones y en el autodiagnóstico”. La realidad es que tan solo entre el 2-6% de los niños y el 0.1-0.5% de los adultos son alérgicos a la leche, lo cual implica además que un número elevado de niños alérgicos dejan de serlo en la vida adulta.

Finalmente, el experto echa también por tierra la creencia extendida de que el ser humano deba de dejar a un lado el consumo de leche por el simple hecho de que “seamos los únicos mamíferos que consumimos leche más allá de la lactancia materna”. Lo cierto es que la evolución nos ha hecho ser tolerantes a la lactosa, una ventaja competitiva que nos ha permitido sobrevivir en nuestro entorno y que, por este motivo, ha persistido a lo largo de la evolución del hombre. “De hecho -según concluye el autor-, la evidencia médica, indica que los individuos que consumen leche y derivados lácteos tienen una esperanza de vida mayor que los que consumen poco o no consumen”.

Por todo ello, los expertos coinciden en que el consumo diario recomendado de leche y productos lácteos debe ser de dos a tres raciones diarias en el caso de los adultos y de 3 a 4 raciones en niños-adolescentes, embarazadas, mujeres post-menopáusicas e individuos en la tercera edad, teniendo en cuenta que una ración es equivalente a un vaso de leche, dos yogures o postres lácteos del mismo tamaño; 80 gr de queso fresco o 30 g de queso madurado.

Los materiales informativos sobre “Los mitos de la leche” están disponibles en www.especialistasennovillas.es.

Descarga aquí el folleto informativo

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