Cooperativa Artajona: Un ejemplo de como evitar el cierre de explotaciones en el campo

La Cooperativa Artajona (Navarra) es un ejemplo del papel que estas organizaciones agrarias pueden desarrollar. En los últimos años aumentaron los asociados y afrontaron algunos retos cruciales para la continuidad de muchos productores. Conocemos cómo lo lograron

Cooperativa Artajona: Un ejemplo de como evitar el cierre de explotaciones en el campo

Instalaciones de la cooperativa Artajona.

El cierre de ganaderías y explotaciones agrícolas así como la falta de relevo generacional están siendo dos de los principales problemas que amenazan la continuidad de la actividad agraria y ganadera. La pregunta recurrente es cómo hacer frente a esta situación, lograr reducir el abandono a la par de conseguir que más gente joven opte por quedarse a trabajar en el campo.

Este fue también el reto que asumió de forma directa hace 15 años la Cooperativa Artajona, situada en el pequeño pueblo del que toma el nombre en Navarra y que cuenta con cerca de 1.700 habitantes. El suyo es un ejemplo de cómo el papel de las cooperativas puede ser decisivo para conseguir asentar población en el rural y de la herramienta clave que puede suponer una entidad de cooperación para afrontar grandes transformaciones, que de otro modo resultan case inasimilables para muchos productores.

La experiencia de esta cooperativa formó parte recientemente de la jornada organizada por Cooperativas Agroalimentarias, celebrada de manera telemática, y en la que se recogieron modelos innovadores para impulsar las cooperativas agrarias y evitar el abandono de explotaciones y fomentar el relevo generacional en el sector agrario.

En 15 años, la cooperativa ha sumado más de un centenar de socios, casi dobla la superficie de tierra y pasa de los 3 a los 15 millones de facturación

A día de hoy la cooperativa ha conseguido incrementar el número de asociados, muchos de ellos más jóvenes, y aumentar la superficie de tierra hasta casi duplicarla. También han logrado mejorar las condiciones tanto para los socios propietarios como para los agricultores, al tiempo que han pasado de facturar algo más de 3 millones de euros al año a alcanzar los 15 millones de euros, contando con un mayor número de empleados y abriendo nuevas líneas de trabajo.

El cambio de secano a regadío, un hecho decisivo

La Cooperativa Agrícola de Artajona está centrada en el cultivo del cereal. En el año 2005 su producción era de secano, contaba con unos 372 socios, de ellos sólo 60 agricultores, que sumaban unas 4.000 hectáreas todas ellas en el mismo término municipal. Estaban constatando como muchos de los socios dejaban la actividad agraria por falta de continuidad y los agricultores más jóvenes pasaban ya de los 40 años.

“Detectamos también un interés tanto de empresas como de agricultores externos a la cooperativa por hacerse con tierras en la zona”, detalla Ignacio Zabaleta, gerente de la entidad. Al mismo tiempo estaban surgiendo agrupaciones de propietarios, gestionadas fuera de la cooperativa y que adquirían personal y maquinaria, “con el peligro de que finalmente se emancipasen de la cooperativa”, explica el gerente.

“En el plan estratégico de 2006 a 2010 se priorizan las decisiones económicas pensadas en el socio”, (Ignacio Zabaleta, gerente)

La previsión de la llegada del Canal de Navarra en el 2008 abre la posibilidad de una transformación hacia el regadío. Este es el principal reto que se dibuja en el horizonte tanto de la cooperativa como de los socios y que se vuelve decisivo para su evolución. “Se inicia un plan estratégico de 2006 a 2010 donde se priorizan las decisiones eminentemente económicas pensadas en el socio”, apunta Zabaleta.

Estrategias para afrontar el regadío

El Canal de Navarra supone una transformación a regadío del 60% de la superficie dedicada hasta el momento al cultivo de secano. “La cooperativa se mostró proactiva al cambio”, explican desde la gerencia. Para afrontar dicha modificación de la forma de cultivo, la cooperativa inicia varias estrategias que traerán consigo también mejoras significativas para los socios y los productores, tal y como apunta Zabaleta.

-Procesos de fusión. La cooperativa inicia varios procesos de integración con cooperativas cerealistas de la zona. La primera de ellas es la de Larraga, en el 2007, y ya en el 2011 se suma Miranda de Agra. También la Bodega Cooperativa de Artajona, que hasta el momento funcionaba de manera independiente, pero con cierta colaboración, termina fusionándose en el 2019.

La incorporación de estas nuevas cooperativas es uno de los motivos por los que consiguen incrementar el número de asociados. De este modo, en el 2020 alcanzan los 482 socios, de los cuales 80 son agricultores y entre ellos cuentan, además, con 11 jóvenes menores de 30 años. Así es que pasan a contabilizar 7.200 hectáreas de terreno en los diversos municipios.

-Servicio técnico. Incorporan nuevos servicios a los socio para ofrecerle asesoramiento en nuevos cultivos y para mejorar la eficiencia en las explotaciones individuales de los socios.

-Creación de la sección de cultivo en común. Esta nueva sección de cultivo en común echa a andar en el 2007 con 63 socios propietarios, 337 hectáreas de secano y otras 478 de regadío. La inversión es de 2 millones de euros. “La sección se crea dentro de la propia cooperativa de manera que la junta rectora es la que toma las decisiones, aunque se instaura una comisión específica para su gestión que decide las mejoras a hacer en fincas, la rotación de cultivos o la opción de subarrendar la tierra”, detalla el gerente de la entidad.

“Con la sección de cultivo el propietario tiene una renta suficiente, variable año a año; y el agricultor cobra su trabajo a un precio correcto”, (Ignacio Zabaleta, gerente)

La creación de la sección de cultivo abre la posibilidad de rentabilizar el regadío para los propietarios socios, que arriendan sus fincas y los derechos de la PAC por 20 años. De este modo, al propietario no le repercute la rotación de cultivos que se haga en su parcela, tampoco los “fallos” de cultivo o un éxito desmedido. “Apostamos por una transparencia total con los socios, con una reunión anual con los propietarios en la que se exponen los resultados de la campaña, se atienden sus reclamaciones y se escuchan sus sugerencias”, apuntan desde la directiva de la cooperativa.

La decisión de no adquirir ni personal ni maquinaria para cultivar las fincas, hace que sean los socios agricultores los que realicen las labores en las fincas de la sección y, por tanto, les garantizan ingresos por su trabajo. Además, la cooperativa facilita la incorporación a los más jóvenes, al tiempo que consolida la actividad de la entidad e incrementa los puestos de trabajo en la zona. “El propietario tiene una renta suficiente, variable año a año; y el agricultor cobra su trabajo a un precio correcto”, reivindica Ignacio Zabaleta.

¿Cómo logran que ambas partes estén contentas? “Si todos quieren su parte del pastel, solo podíamos optar por hacer el pastel más grande para que todos quedasen conformes”, ejemplifica el gerente.

Lograron acceder a mejores subvenciones, contar con una gestión agraria más profesional, de mano del equipo técnico que le ayuda a tener una visión de mercado, realizar una rotación de cultivos e incorporar nuevos, a la par de garantizar precios reales para los trabajos realizados por los agricultores.

“Se constata que el modelo funciona, cuando por un lado los agricultores quieren que la cooperativa les asigne una mayor superficie para trabajar y por otro lado cuando nuevos socios propietarios, solicitan incrementar la superficie inicial dedicada a la sección de cultivo”, explica Zabaleta. Así, en el año 2014 incorporan 181 hectáreas en Larraga, de las cuales 61 son de secano y 120 hectáreas son de regadío. Además, en el 2017 sumaron otras 104 hectáreas en Miranda (47 en secano y 57 en regadío). Las tierras de cada municipio se gestionan con el mismo modelo, pero de manera paralela.

Es precisamente la creación de la sección de cultivo con la que la cooperativa se afianza y asume el compromiso de realizar las inversiones de regadío en las parcelas, lo que para muchos socios será determinante para seguir aprovechando sus tierras, dada la inversión que supone el cambio.

En los últimos años han ido incorporando más superficie a la sección de cultivo. También procuran favorecer la incorporación de nuevos agricultores

El modelo establecido en la cooperativa para la sección de cultivo intenta también favorecer la incorporación de agricultores jóvenes al facilitarle el acceso a cupos de terreno en los que trabajar, con lo que pretendían garantizar el relevo y sumar nuevos socios.

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La cooperativa construyó un secadero de maíz y una procesadora de almendra en los últimos años.

Otros servicios de la cooperativa

Además de asumir la transformación a regadío, en los últimos años la cooperativa afrontó la inversión de un secadero de maíz, con el que se procesa no sólo el maíz de los socios sino de la zona. También decidieron invertir en una línea de pelado de almendra y continúan buscando nuevos cultivos rentables. “La cooperativa de 2006 no se habría atrevido a afrontar estas inversiones”, concluyen desde la directiva.

En estos años, la cooperativa también ha tenido disponible una línea de financiación para los socios y ha sumado servicios como la sección de horno cooperativo o de semilla, integrada en este caso en una cooperativa de segundo grado (Urlusa), para ofrecer mejores condiciones a sus asociados.

Otra de las claves para los logros alcanzados estos años, según explican, es la confianza de los propietarios y socios en la junta rectora, en su presidente y en los propios trabajadores de la cooperativa.

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