«Nosotras estamos bien, antes no nos movíamos de aquí y ahora tampoco»

En San Sadurniño, un municipio rural de Ferrolterra, los vecinos echan mano de los camiones tienda ambulantes y de pequeños ultramarinos locales para evitar los desplazamientos durante la crisis del coronavirus

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«Nosotras estamos bien, antes no nos movíamos de aquí y ahora tampoco»

Vecinas de Igrexafeita, en San Sadurniño, en una tienda ambulante, manteniendo las distancias de seguridad.

Cuatro y cuarto de la tarde. Un pequeño camión refrigerado para en A Torre, en Igrexafeita (San Sadurniño). Llega puntual, como todas las semanas. No tardan en acercarse a él tres vecinas, las tres de edad avanzada pero suficientemente hábiles para valerse por sí, las tres con la cartera en la mano. El conductor, un hombre joven y hablador, las saluda embozado tras de su máscara FFP3 mientras yergue el lateral del vehículo para dejar a la vista todo el género que trae.

Comienza así la ceremonia habitual de la venta puerta por puerta en un momento en que el coronavirus lo tiñe todo: es el tema principal de las conversaciones, es también la causa de que se guarden las distancias e, incluso aquí, el motivo de que hayan cambiado un poco los hábitos de compra. La venta ambulante ya hace tiempo que es un servicio fundamental para las zonas rurales. Y ahora, en tiempos de confinamiento, más aún.

La crisis del coronavirus pone en valor la atención de los servicios de proximidad

Galicia tiene una población cada vez más envejecida en un paisaje humano caracterizada por la dispersión. Eso ya era sabido de antes de la llegada del coronavirus. Sin embargo, la plaga está sirviendo para que nos enteremos de cuanto valor tiene la atención de cercanías, el poder tener lo más cerca posible los productos básicos en un contexto en que las tabernas-ultramarinos están casi extinguidas.

Sin contar los dos establecimientos de la Cooperativa de Meirás, en San Sadurniño quedan las dos tiendas del casco urbano -Outeiro y Calvo-, en Lamas se renovó Castrillón con una emprendedora joven que apuesta por el comercio local, en el Camino de Arriba tenemos Lembranza, en Naraío subsisten O Campo y Casa Eladio… y para de contar. En Ferreira nada, en Bardaos y Santa Mariña tampoco y, en el caso que nos ocupa, en Igrexafeita, tampoco queda donde comprar siquiera un paquete de sal.

Venta ambulante
Por suerte ese hueco de las pequeñas tiendas de toda la vida lo ocuparon comerciales autónomos que recorren las pistas con fruta, pescado, gaseosas o de todo un poco, como hace Carlos Vázquez, de Congelados Astur-Galaicos. «Vengo todas las semanas y traigo congelado, carne, pescado, fruta, yogures…», comenta. Para él la actual crisis sanitaria se nota «en que tienes que tomar unas medidas y protocolos que antes no se tomaban. Guardar unas distancias, andas con guantes y mascarilla, desinfectas las cosas, el dinero… esos protocolos que antes no eran necesarios», explica.

En su recorrido vio que la compra se sigue haciendo como siempre o quizás en cantidades ligeramente mayores y de productos no perecederos. «La gente sigue más o menos igual, con algo de miedo porque no queremos contagiarnos», afirma Carlos, añadiendo que, precisamente por eso -y por el hecho de que ahora la gente es más reacia a bajar hasta Alcampo o hasta San Sadurniño- las ventas «aumentaron un poco porque la gente intenta salir de la casa lo menos posible».

Su clientela lo confirma. Susa Garabana, una de las mujeres que se surte en el furgón, piensa que «la cosa va para largo» y, concienciada como está con las medidas sanitarias, sólo sale de la casa «para hacer la compra, por lo demás ni salgo ni me muevo de aquí», algo que ella tiene fácil, ya que el furgón paró a escasos diez metros de donde vive.

Consuelo Barro, otra de las compradoras habituales del producto que trae Carlos Vázquez todas las semanas, apunta que «comer tenemos que comer, y gracias a esta gente que viene por la puerta», aunque también reconoce que vivir en la aldea ofrece otras ventajas . Quien más y quien menos tiene huerta, gallinas, cría un cerdo y, como resume Consuelo, «nosotros estamos muy bien aquí, ya era lo nuestro. Antes ya no nos movíamos y ahora tampoco». Toda una filosofía de vida que envidian muchos y muchas ahora confinados en pisos.

«La sociedad se está dando cuenta de lo importante que es mantener un tejido productivo y comercial de proximidad» (Manuel Varela, concelleiro de San Sadurniño)

La visita del furgón rompe, aunque sólo sea un poco, la monotonía del día. Se habla, se saben algunas novedades y las conversaciones repasan todo lo repasable en los escasos cinco minutos de parada que hace la tienda ambulante. Como era de esperar, un tema sobresale entre todos: «en estos momentos el tema principal es el coronavirus, y luego el tiempo, como estamos de salud…», explica Carlos antes de cerrar el portón para seguir su ruta y repetir la escena en la siguiente estación.

Manolo Varela, concejal de Desarrollo local, destaca el papel social que cumplen este tipo de tiendas móviles «y también las pequeñas tiendas que aún quedan en San Sadurniño». Para el edil, la crisis sanitaria en que nos encontramos «está evidenciando la dependencia que tenemos de los mercados globales, de las grandes distribuidoras y comercializadoras…. y también nos está ayudando a enterarnos de lo importante que es mantener un tejido productivo y de comercialización de cercanías. Desde el Concello llevamos años diciéndolo e insistiendo en eso y ahora lo estamos viendo. Esa será una de las cosas que se saquen en limpio cuando pase todo esto. Hay que apostar por lo local, apostar por quien produce y vende cerca de nosotros e implementar nuevas fórmulas comerciales que se adapten a la realidad social y demográfica que tenemos en el rural».

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