Quinto ataque del lobo este año en una granja de Lalín

La explotación afectada, una ganadería de vacuno de carne, demanda medidas de control del cánido y el pago de indemnizaciones "con valores de mercado" y en un "corto plazo", pues aún no ha cobrado ninguna compensación. Unións Agrarias advierte de que los problemas derivados de la fauna salvaje llevan a los profesionales a pensar "en tirar la toalla"

Quinto ataque del lobo este año en una granja de Lalín

Ternero muerto por el ataque del lobo la pasada noche. / Imagen: Cedida.

La explotación de Carlos Quintela, en Bermés (Lalín), perdió la pasada noche el quinto ternero en lo que va de año a manos del lobo. Eran las dos de la madrugada cuando los vecinos sintieron la alarma de las vacas, que pasaban la noche en una finca a apenas 100 metros de las casas. Cuando llegaron allí, ya el lobo había matado un ternero de alrededor de un mes.

El afectado demanda medidas de control del cánido y compensaciones «a precios de mercado» y pagadas en tiempo y forma, pues advierte de que aún no ha cobrado ninguna indemnización de los ataques anteriores.

Manejo en extensivo
La ganadería de Carlos Quintela cuenta con alrededor de 30 animales de vacuno de carne de la raza rubia gallega, incluyendo un toro, las vacas y los becerros. Los animales están en estabulación libre permanente, pasando día y noche en los prados, por lo que la presencia de una manada de lobos en el entorno está generando un conflicto grave.

«Los animales duermen pegados a las casas, así que nunca pensé que el lobo se atrevería a actuar tan cerca de las viviendas. Es además un rebaño capaz de defenderse bien; son vacas de monte, con cuernos. Enfrente tuvieron que tener varios lobos porque si no, no darían hecho», valora Carlos Quintela.

«Estoy trabajando para el lobo. Después dicen que no queda gente en el campo, ¿cómo va a quedar?», reflexiona el afectado

Las pérdidas comenzaron el año pasado, con un ataque que Carlos consideró asumible y que ni siquiera denunció, pero este año el problema se recrudeció hasta el punto de que el lobo ya mató cinco becerros. «Ahora estoy denunciando todos los ataques, pero queda uno desanimado porque no se ve que hagan nada. Aún no he cobrado ninguna indemnización y cuando cobre, me pagarán un precio muy inferior al del mercado. Deberían darte un valor real, el precio que tendría el animal en la Lonja», defiende.

La explotación afectada considera que también hay que ejecutar medidas de control de la población de lobos. «Tal y como está la cosa, estoy trabajando para el lobo» -reflexiona Carlos- «Luego dicen que en el campo no queda gente. ¿Cómo va a quedar?. Yo tengo que hacerme cargo de mis animales, tenerles un pastor eléctrico y que no vayan a hacer daño a las fincas de los vecinos o que no se metan en la carretera, pero quién tiene cuenta de los lobos y del jabalí», se pregunta en alusión a las Administraciones.

«La gente se desanima porque en la práctica hay una política de echar a los ganaderos del campo» (Román Santalla, Unións Agrarias)

A los animales que mata el lobo, la granja suma problemas en forma de abortos y de vacas que quedan estresadas. Su situación no es única en la parroquia. Carlos conoce más explotaciones de la zona que también sufrieron ataques: «Otro vecino perdió ya 3 becerros y a otro le mataron un ternero recién parido», relata.

De cara a el futuro, el ganadero se plantea qué medidas adoptar. Descarta construir un establo, pues su idea es mantener el ganado en extensivo y el manejo en semiintensivo tampoco le permitiría compatibilizar la ganadería con otras actividades. La compra de un mastín o la instalación de mallas electrificadas son algunas de las ideas que baraja. Otra alternativa seria, asegura, pasa por dejar las vacas.

Demandas de Unións Agrarias
Unións Agrarias se hace eco del problema del lobo y advierte de que los daños sobre el ganado se están repitiendo con demasiada frecuencia en comarcas como el Deza. «Poco a poco la gente piensa en tirar la toalla por los ataques continuos de lobo y del jabalí. La dejadez con la que abordó hasta ahora la Xunta el tema lleva en la práctica a una política de echar a la gente del campo», cuestiona el secretario comarcal de Unións en el Deza, Román Santalla.

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