Posibilidades del cerezo gallego en corredores de protección contra incendios

El Centro de Investigación Forestal de Lourizán ultima el registro de tres nuevos clones autóctonos, que se suman a los dos ya existentes. Proyecta el establecimiento de parcelas demostrativas

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Posibilidades del cerezo gallego en corredores de protección contra incendios

Parcela de ensayo de cerezos en Lourizán.

El cerezo gallego tiene una gran potencialidad para uso forestal que hasta ahora ha pasado casi desapercibida. El Centro de Investigación de Lourizán registró en el 2011 y en el 2012 los dos primeros clones de cerezo autóctono, pero su presencia comercial en los viveros gallegos es por el momento escasa. Este año, Lourizán ultima la inscripción de tres nuevos clones autóctonos de cerezo y trata de promover su uso. Una posibilidad consiste en la utilización del cerezo gallego en corredores de protección contra incendios forestales.

Igual que otras frondosas caducifolias, el cerezo presenta una menor inflamabilidad ante el fuego que el pino o el eucalipto, lo que la sitúa como una especie de interés para áreas que precisan de protección, como vías de comunicación y núcleos habitados. “El cerezo puede ser un material acompañante en plantaciones forestales como herramienta de protección contra el fuego” -valora el director del Centro de Investigación Forestal de Lourizán, Enrique Martínez.- “Podrían crearse corredores de frondosas en torno a aldeas, pistas o cortafuegos, a modo de infraestructura preventiva”, defiende.

«El cerezo necesita humedad y suelos de calidad. Son factores clave para el éxito de una plantación» (Enrique Martínez)

La normativa autonómica ya establece que a una distancia inferior de 30 metros a las viviendas no puede haber ni pinos ni eucaliptos, sólo frondosas. Tras la ola de fuegos de octubre, la Xunta anunció ayer que también va a endurecer las condiciones para pinos y eucaliptos entre los 30 y los 50 metros de distancia a las viviendas, obligando a que estas especies mantengan entre sí una separación de 10 metros.

El contexto es, por tanto, propicio para la promoción de las frondosas, si bien desde el Centro de Investigación Forestal de Lourizán advierten de la necesidad de contar con terrenos propicios para las plantaciones. “El cerezo necesita humedad y suelos de calidad, que sean profundos y ricos en materia orgánica. Puede ser adecuado su uso en vaguadas, en riberas o en zonas que tengan un regenerado natural de frondosas, pero no en suelos secos o poco profundos” -subraya Enrique Martínez.- “El cerezo tiene limitaciones. En zonas habituales de cortafuegos, como la cordal de un monte o zonas de máxima pendiente, no sería una especie idónea”, reconoce.

Visita a una parcela de ensayos de cerezos, en la jornada organizada por Lourizán.

Visita a una parcela de ensayos de cerezos, en la jornada organizada por Lourizán.

Mejora genética
El proceso de mejora genética del cerezo gallego lleva 20 años en marcha. Se inició en el 1996 con la selección de árboles superiores en monte, que después se reprodujeron en Lourizán a través de injertos o semillas. El trabajo continuó con ensayos en vivero y con plantaciones experimentales, hasta culminar en el 2011 y en el 2012 con el registro de los dos primeros clones de cerezo autóctono, el Lourizán 1 y el Lourizán 2, que presentan un mayor crecimiento en altura y volumen, así como un fuste recto y resistencia a encharcamientos. Su turno de tala se estima en alrededor de 30 años, similar al pino del país.

El clon Lourizán 3, en proceso de registro, presenta las mayores supervivencias en situaciones de sequía

Este año se ultima el registro de tres nuevos clones de cerezo autóctono, el Lourizán 3, 4 y 5, que presentan de promedio un crecimiento un 32% superior al Lourizán 1. «En una plantación clonal, crecen en altura alrededor de un metro al año», detalla la investigadora María Eugenia Miranda, que ayer participó en una jornada organizada por el Centro Forestal de Lourizán para divulgar las posibilidades y usos del cerezo.

Otra característica de interés de los nuevos clones es que el Lourizán 3, obtenido a partir de un árbol del municipio ourensano de A Mezquita, presenta resistencia a la sequía. En cuanto el proceso de registro esté ultimado, el centro de investigación le transferirá material a los viveros gallegos para que puedan propagar y comercializar los nuevos clones.

Comercialización
Los primeros clones que registró Lourizán tuvieron hasta el momento una escasa presencia en el mercado, una cuestión que el centro de investigación quiere corregir de cara al futuro, pues defiende la conveniencia de plantar material forestal autóctono, adaptado a las condiciones de Galicia y del que existen datos contrastados, en lugar de cerezos importados.

Ensayo cmparativo de distintos clones de cerezo en Lourizán.

Ensayo cmparativo de distintos clones de cerezo en Lourizán.

Uno de los viveros que ya está comercializando los dos primeros clones de Lourizán es Cultigar (Brión, A Coruña), que suministra partidas tanto para propietarios particulares como para comunidades de montes. La directora técnica de Cultigar, Marga Fraga, señaló ayer en las jornadas que están detectando una demanda creciente del cerezo gallego, ligeramente por debajo, en su caso, de la demanda para castaño. Fraga destacó que el vivero está deseando recibir material de los tres nuevos clones de cerezo, ahora en proceso de registro.

De cara a promover el uso del cerezo gallego, Lourizán proyecta la creación de parcelas demostrativas, preferentemente en zonas de paso público. También elaborará material informativo sobre cada clon, explicando sus zonas potenciales de uso y los requerimentos que tiene de suelo y clima, a fin de que los propietarios dispongan de datos fidedignos.

Futuro
El proceso de inscripción de nuevos clones de cerezo continuará previsiblemente en el 2018. «Tenemos otros 3-4 clones que proyectamos registrar en el 2018. Serán clones que, en algún caso, no serán los mejores en cuanto a crecimiento, pero sí que presentan características adaptativas que los hacen interesantes, por ejemplo para suelos de menor calidad» -avanza la investigadora María Eugenia Miranda.- «Podrían ser clones aptos para establecer corredores de frondosas como herramienta de protección ante los fuegos», valora.

«En 2018 queremos registrar otros 3-4 clones autóctonos de cerezo, alguno adaptado a suelos de peor calidad» (María Eugenia Miranda)

De forma paralela al proceso de mejora genética del material recogido en monte en décadas pasadas, el centro continúa también trabajando en la selección de nuevos árboles superiores de cerezo en los montes gallegos. Durante los años 2015 y 2016, el investigador Santiago Barciela valoró 192 árboles y recogió material de 70. Uno de los más prometedores fue un cerezo bravo que localizó en un soto de A Fonsagrada y que tenía 27 metros de altura, 54 centimétros de diámetro y un tronco recto y sin ramas en los primeros ocho metros.

El cerezo gallego es una de las especies prioritarias en el programa de mejora genética de Lourizán. Junto con el pino del país, el pino insigne y el castaño, centra el Plan de Innovación y Mejora Forestal de Galicia 2010-2010.

Transformación de la madera

Una de las cuestiones que se analizó en las jornadas sobre el cerezo organizadas por Lourizán fue la demanda futura que puede tener esta madera. En un debate en el que participaron un carpintero, Enrique Táboas, y un artesano, Rafael Peláez, que trabajan con cerezo se constató el valor de la madera y su potencialidad. «En la actualidad no hay cerezo gallego en el mercado. Viene de fuera y además es caro» -destacó Enrique Táboas.- «Si hubiera cerezo gallego, tendría demanda», pronosticó.

«No hay cerezo gallego en el mercado. Si lo hubiese, tendría demanda» (Enrique Táboas)

El escenario de cara al futuro pasa por implicar a toda la cadena de transformación de la madera. En el debate se consideró de interés lograr al menos un aserradero y un mayorista de referencia.

Desde el sector del asociacionismo forestal se señaló que las comunidades de montes han acometido en los últimos años plantaciones de cerezos y de otras especies frondosas como castaños y roble americano, por lo que es de esperar que cuando esa madera comience a salir al mercado, haya aserraderos e industrias interesadas. «La tendencia de las comunidades de montes y de parte de los propietarios particulares es a diversificar sus plantaciones», se constató.

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