«Proteger el medioambiente sin tener en cuenta al rural favorece el abandono»

El secretario de la Unión de Tecores de Galicia (Unitega), Antonio Mota, analiza los cambios en el protocolo de actuación por daños del jabalí y los retos que afrontan los cazadores en los últimos tiempos, como la nueva ley de bienestar de lo animales de compañía

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«Proteger el medioambiente sin tener en cuenta al rural favorece el abandono»

Antonio Mota, secretario de la Unión de Tecores y Cazadores de Galicia.

Antonio Mota se ha convertido en los últimos años en una de las voces de la Unión de Tecores y Cazadores de Galicia (Unitega), a la que está vinculado desde su creación, en 2002, y en la que ejerce como secretario desde hace poco más de un lustro. Mota aboga por el debate entre todos los actores implicados a la hora de afrontar los retos que se le presentan al campo, entre los que se encuentra la necesidad de atajar los daños a los cultivos provocados por la fauna salvaje. Es un problema para el que reclama una respuesta más ágil y directa que alivie a los afectados.

¿Qué opina de los cambios previstos en la gestión del jabalí por parte de la Consellería de Medio Ambiente?
Se han hecho sin consensuarlos con los cazadores y aunque vamos a darles un voto de confianza, vemos que en muchos aspectos no van a resultar efectivos porque no han contemplado las distintas realidades detrás de los daños. Si hubiesen hecho una consulta, podríamos aportar algunos aspectos. Por ejemplo, en el sur de Ourense buena parte de los daños se producen en cultivos destinados a autoconsumo y las pérdidas son más difíciles de calcular que en zonas más extensivas. Estos daños originan que al año siguiente los afectados duden si volver a sembrar… Las dinámicas que plantean podrán funcionar en determinadas zonas, pero para otras no será útil.

Además, con la situación que tenemos en el rural no se entiende que instauren determinados trámites telemáticos para las solicitudes por daños, sabiendo las trabas que supondrán. Es cierto que debemos adaptarnos, pero hay otros permisos, como las quemas, que se hacen con una simple llamada, u otros con un email.

Con toda esta situación, la administración lo que está haciendo es enfrentar a cazadores y agricultores. Nosotros ya hicimos hace un año una propuesta en la que le planteábamos que el mismo día de detección de los daños, entre los afectados y los cazadores pueda decidirse qué medidas tomar. No tiene porque ser una batida, puede ser suficiente una acción con perros en horas. Con eso se conseguiría una respuesta inmediata, sin apenas gastos, en la que se informaría también a la Consellería de forma directa, y que aliviaría a los afectados. El problema de los daños es que siempre vamos un día o dos por detrás.

En cuanto al protocolo de gestión del jabalí, por el momento lo que se ha publicado parece una mera versión corta del protocolo que tenga la Xunta, porque lo que se conoce no está nada desarrollado.

«El problema de los daños de fauna salvaje es que siempre vamos un día o dos por detrás»

¿Deben asumir los cazadores un papel más activo, como exigen desde organizaciones ganaderas, para evitar los daños a los cultivos?
A mí me parece indignante que ningún sindicato agrario haya reivindicado que se cambie la ley que nos está obligando a tener el 10% del territorio vedado para todas las especies de caza. ¿Qué sentido tiene que tengamos vedado ese espacio cuando tenemos daños? No es que queramos cazar más. A los cazadores nos gusta más tenerlos vedados, pero con los daños que está habiendo, sabemos que tenemos que tener en cuenta a los afectados.

Cada vez que se cambian los vedados y se marcan los terrenos para los próximos dos años, ese mismo día se empieza a generar un conflicto con el pueblo que queda dentro, porque va a ser un refugio para el jabalí. Y la contradicción suprema llega cuando la propia Consellería permite batidas puntuales en las zonas vedadas, poniendo un parche a posteriori que ni siquiera soluciona el problema. Tenemos que llegar a un nivel en que los daños no obliguen a renunciar a una actividad, siendo conscientes de que el daño cero no va existir.

Se han dedicado a proteger el medio ambiente pero sin tener en cuanta al rural y eso está favoreciendo el abandono del campo. Es necesario que se abran mesas de debate permanente sobre estos temas con ganaderos, agricultores, cazadores y administración para poder tener un conocimiento de la situación desde distintos puntos.

Desde la asociación estamos pidiendo a nuestra gente que empaticen al máximo con los afectados, adaptando las zonas de caza a aquellas en las que más lo necesiten porque estén teniendo daños.

¿Cuál es la situación de daños por fauna salvaje en el campo?
Los mayores daños son de jabalíes. Además, en zonas de viñedo están empezando a tener problemas con el corzo, cuya población también se ha disparado.

¿Cómo se gestionan esas indemnizaciones de los daños por parte de los tecores?
Por ley somos responsables de los daños que ocasionen los animales. Tenemos una doble responsabilidad económica: por daños en agricultura y por accidentes de tráfico. En el caso de los accidentes lo asumimos por medio de un seguro pero en los daños agrícolas no hay ningún seguro para cubrirlos.

El problema es que si se empiezan a hacer reclamaciones contra los cazadores, como nos amenazan muchas veces, renunciaremos a los tecores, ya que no podríamos asumir eses pagos y la Xunta tendrá que encargarse de la gestión de los espacios cinegéticos. Eso implicaría que el afectado tendría que reclamarle directamente a la Xunta.

Precisamente la Ley de Caza contemplaba un fondo de corresponsabilidad, aún sin activar, ¿cree que sería la herramienta necesaria para hacer frente a esta situación?
Debía ser una especie de caja a la que todos aportaríamos (cazadores, agricultores, ganaderos y administración) para hacer frente a los daños. Se copiaba del fondo de corresponsabilidad de tráfico, pero creo que ni se plantean activarlo porque no saben cómo hacerlo para que funcione. Debiéramos de sentarnos todos para afrontarlo.

«En Unitega planteamos comprobar el microchip con cada receta médica para luchar contra el abandono de perros»

Otro cambio en la legislación con trascendencia para la caza fue la aprobación de la ley gallega de bienestar de los animales de compañía, ¿cómo le afecta a los cazadores y a la cría de perros en el rural?
Aún no estamos sintiendo las consecuencias, todavía estamos en el período de adaptación de la norma. La Administración está empezando a dar formación específica, lo que nos da una idea de la complejidad de la ley. Lo que sabemos ya es que esta ley no se adapta al rural. La norma busca combatir el abandono de perros, pero este no está en el campo, sino en las grandes ciudades, donde buena parte no tienen microchip, lo que facilita el abandono y ya se nota con muchas perreras saturadas.

Nosotros para evitar este abandono planteamos que cada vez que se extienda una receta se identifique el microchip, igual que en la sanidad o como le exigen a los ganaderos. La ley no soluciona el problema y los crea a aquellas personas que tienen perros en las explotaciones, como los mastines, que más que ser un animal de compañía cumplen una función en la granja. También afecta a la venta de perros… Han hecho una ley para contentar a un sector, pero se han olvidado de todo lo demás.

Desde Unitega reivindican la caza social frente a caza deportiva o comercial, ¿por qué es importante esa diferenciación?
Nosotros consideramos que la caza, tal y como se gestiona en Galicia, no es un deporte, a excepción de los campeonatos, que si tienen ese espíritu de competición. Esa visión de la caza como deporte es una concepción que a día de hoy se cae por su propio peso. La razón por la que se consideró la caza como deporte fue para poder asociarse en tiempo del franquismo, cuando no estaban permitidas las asociaciones. Es una estructura organizativa que se va ir cambiando, como está ocurriendo ya en otras comunidades como Valencia o Baleares.

Recientemente se conocía la detención de una persona poniendo lazos en Abadín. ¿Está aún muy arraigado el furtivismo en Galicia?
Probablemente ese furtivismo que aún persiste en Galicia sea, en algunos casos, una consecuencia de las demoras en las acciones para reducir los daños de la fauna. También vienen, a veces, de una parte mínima del sector que llega al extremo de cazar usando estos métodos. Aunque es necesario que se erradiquen estas prácticas, en este caso me falta que alguien explique qué le llevo a esa persona a poner lazos, porque puede ser revelador.

«La única manera de sumar en la defensa de nuestro rural es juntos»

¿Qué percepción de la caza hay a día de hoy en la sociedad urbana?
Persiste un problema de espacio. La sociedad de las urbes precisa de un espacio de recreo en su tiempo de ocio y el conflicto surge cuando quieren hacer uso del campo, al entender que el rural es de todos y se encuentran otra actividad organizada, por ejemplo una batida. No es un problema exclusivo con los cazadores, también ocurre con otros colectivos como las comunidades de montes, donde determinados grupos quieren hacer uso de todos los caminos, aunque sean privados.

La gestión del lobo es uno de los temas en los que más contraposición parece haber…
Son conflictos acentuados en los últimos tiempos con el uso de las redes sociales que igual, si no llega a ser por estos medios, estaban enfocados de otra manera. En el tema del lobo hay iniciativas como el Grupo O Xan, en el que se está trabajando para lograr un mayor entendimiento entre todas las partes implicadas.

En los últimos días, los cazadores también fueron protagonistas con la concentración del pasado día 15 en Santiago, convocada por la Federación Gallega de Caza, ¿que opinión le merecen a Unitega estas iniciativas?
Hasta hace cosa de año y medio en el mundo de la caza solo se recibían ataques y críticas, entonces se tomó conciencia de la necesidad de defenderse y de dar repuestas. Esto nos hizo percatarnos de que es un conflicto medio rural-medio urbano, no solo centrado con los cazadores. Es una situación que es difícil de comprender en una sociedad como la gallega, muy vinculada al campo. La única manera de sumar en la defensa de nuestro rural es que nos juntemos, como hicieron en su momento en Inglaterra.

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