Rías Baixas consolida una viticultura sostenible con una apuesta por la investigación y la innovación

Conocemos las iniciativas de distintas bodegas de la Denominación de Origen para favorecer la biodiversidad de los viñedos y mejorar la relación con el medio. La recuperación de variedades autóctonas centra otra de las líneas de trabajo de las bodegas

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Rías Baixas consolida una viticultura sostenible con una apuesta por la investigación y la innovación

Viñedos de la bodega Martín Códax.

La racionalización de los tratamientos y de la fertilización de la viña son algunos de los campos en los que las bodegas de la Denominación de Origen Rías Baixas están haciendo importantes esfuerzos desde hace tiempo. Así es que son ejes en los que se centran algunos de los proyectos de investigación de I+D+i que están llevando a cabo en la actualidad, en colaboración con distintos centros de investigación como el CSIC o las universidades gallegas.

Un ejemplo, en Martín Códax están trabajando en varias líneas de investigación con las que lograr una viticultura más sostenible. La fertilización de los viñedos es una de las áreas en las que están centrándose. Desde el año pasado están analizando el papel de las cubiertas vegetales para lograr una fertilización más respetuosa con el medio ambiente. Se trata de un proyecto en el que también colaboran las bodegas de la DO Paco&Lola y Altos de Torona, así como la Universidad de Vigo, y que tendrá continuidad en el 2024.

Por el momento, ya han estado realizando pruebas en la pasada temporada al sembrar una cubierta con gramíneas y leguminosas (avena y veza), que luego incorporaron como abono verde al viñedo. “Con este estudio esperamos tener datos sobre cómo contribuyen las cubiertas naturales sembradas en la fertilización de las viñas, al incorporarlas como abono verde, con la intención de reducir el aporte de fertilizantes sintéticos”, explica Miguel Tubio, director técnico de la bodega.

La bodega Martín Códax estudia los beneficios de las cubiertas vegetales, ya sean para incorporar como fertilizantes o permanentes para labrar menos los viñedos

No es el único trabajo de investigación sobre prácticas más sostenibles que están desarrollando en esta bodega. Así, también relacionado directamente con el mantenimiento del suelo, llevan ya 3 años trabajando en colaboración con la firma Agroasesor sobre prácticas de agricultura regenerativa, como las cubiertas vegetales permanentes, de manera que se reduzca el laboreo del suelo del viñedo. “Estamos viendo el gran potencial que este tipo de prácticas puede tener para incrementar la biodiversidad y fertilidad del suelo e incluso llegar a hacer captura de carbono”, concreta Tubio.

Otra de sus iniciativas se centra en el manejo del agua. Hacer un riego eficiente y un control de las necesidades de agua de las cepas fueron los objetivos marcados por el grupo operativo Regavid, en el que también participó Martín Códax en colaboración con la Universidad de Santiago de Compostela (USC). La iniciativa es una muestra de la apuesta por la innovación y la investigación para conseguir una optimización de los recursos, ya que les permite diseñar planes de riego del viñedo acordes a las necesidades de la planta y hacer un uso del agua más eficiente.

Innovación para luchar contra las plagas en el viñedo

La racionalización de los tratamientos de los viñedos es otra de las preocupaciones en las bodegas, por eso en Martín Códax también desarrollaron, en colaboración con la Universidad de Lleida, una investigación para realizar una aplicación diferencial de tratamientos. En base a modelos de predicción y teniendo en cuenta el estado vegetativo de la planta, gracias a imágenes aéreas, consiguieron una aplicación de tratamientos más localizada y redujeron casi en un 30% el empleo de fitosanitarios. “Es preciso que la obtención de estas imágenes sea más sencilla para que podamos hacer un uso mejor de estas técnicas”, valoran desde la bodega.

La aplicación localizada de fitosanitarios o la detección precoz de plagas son algunas de las prácticas incorporadas por bodegas de las Rías Baixas para un manejo más sostenible

Buscar un control más efectivo de las plagas en el viñedo fue también el objetivo de un proyecto iniciado por la bodega Lagar de Fornelos, en el que en colaboración con la investigadora Cristina Cabaleiro abordaron estrategias para la protección de las cepas de Albariño frente el virus del enrollado de la vid en la zona de O Rosal, donde se encuentra la bodega. “Muchas veces no se le da mucha importancia a este virus, pero las cepas afectadas envejecen de una manera prematura y bajan mucho los rendimientos del viñedo, ya que su presencia estresa mucho la planta”, explica Ángel Suárez, enólogo y director técnico de la bodega.

Lagar de Fornelos está desarrollando un proyecto para mejorar las estrategias de control del virus del enrollado de la vid

Con la intención de lograr un mayor conocimiento sobre el desarrollo de la enfermedad en la subzona, así como de los insectos vectores que la transmiten (la cochinilla, entre otros), comenzaron un trabajo de investigación con el que también establecieron pautas preventivas para combatirla. “Apostamos por incorporar prácticas para la prevención de la aparición tanto de la enfermedad como del vector”, explica Suárez. Así, todas las nuevas plantas que adquieren son certificadas, lo que les ofrece una mayor seguridad a nivel sanitario, al contener un menor riesgo de infección de virus. Además, inciden en la formación del personal que trabaja en los viñedos para conseguir una detección precoz del vector y poder atajar su presencia con tratamientos centralizados en las zonas afectadas.

El potencial vitivinícola de las variedades autóctonas

Una de las líneas de investigación en la que están centrándose varias bodegas de la D.O Rías Baixas es en la recuperación o conservación de variedades autóctonas, debido al potencial vitivinícola que muestran. La bodega Viña Moraima, situada en Barro (Pontevedra), es una de las bodegas que apuesta por las castas autóctonas.

En su caso, y en colaboración con la Misión Biológica de Galicia del CSIC, están dedicando importantes esfuerzos a la recuperación de la variedad blanca Ratiño. “Llevamos más de 10 años intentando recuperar esta casta, que durante mucho tiempo fue muy cultivada en esta zona”, explica Roberto Taibo, enólogo de la bodega.

La bodega Viña Moraima trabaja en colaboración con el CSIC para la recuperación de la variedad blanca Ratiño

La escasa producción y lo sensible que esta variedad resulta fueron los principales motivos por los que fue dejando de cultivarse la Ratiño. Con todo, hoy se conservan aún cepas viejas en distintos viñedos, pero no se están haciendo plantaciones específicas de esta variedad. En Viña Moraima destacan el potencial de esta variedad y están haciendo microvinificaciones que le permiten obtener datos de interés para conocer la evolución de este vino. “Por el momento se ha conseguido ya que se incluyera esta variedad como apta para la elaboración de vino y ahora el siguiente paso sería que el Consejo Regulador también la ampare entre las autorizadas, ya que sería un paso muy importante para la recuperación de la variedad”, detallan desde la bodega.

En Viña Moraima trabajan también con otra variedad autóctona y minoritaria, el Caíño tinto. “Aunque también es una variedad con una baja producción y muy sensible, se sigue cultivando en las Rías Baixas”, indica Taibo. En la bodega cuentan con una producción limitada de Caíño tinto procedente de viñas centenarias y que destinan a elaboración de vinos de guardia.

En el Baixo Miño, la bodega Señorío de Rubiós también se interesó por otra variedad minoritaria, el Castañal, y en colaboración con la USC comenzaron un trabajo de recuperación de esta casta en la zona. “Conseguimos los portainjertos y plantamos una parcela, pero por el momento estamos a la espera de tener producción. Contamos hacer la primera vendimia en el 2024 y poder ver resultados e ir introduciéndola en nuestros vinos”, explican desde la bodega.

Del mismo modo, bodegas como Adegas Terrae o Valmiñor  han abierto líneas de investigación para mejorar el potencial vitivinícola, optimizar la gestión del viñedo y tener mayor información sobre los efectos del microclima de las zonas de producción y la incidencia de enfermedades fúngicas en variedades autóctonas, como el Castañal o Caíño tinto, entre otras.

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