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Armental, una ganadería en peligro de extinción, cercada por plantaciones forestales

José Rodríguez reconvirtió hace 5 años su explotación láctea en Begonte hacia la producción de carne de frieiresas y cachenas, pero hoy su modelo de pastoreo en ecológico se encuentra amenazado por el cultivo de eucaliptos en el monte vecinal

José Rodríguez, coas súas frieiresas en Donalbai

José Rodríguez, coas súas frieiresas en Donalbai

Ganadería Armental, situada en la parroquia de Donalbai, en Begonte, es hoy una de las mayores explotaciones que hay en Galicia de vacas frieiresas, la más amenazada de las seis razas autóctonas de vacuno gallego, con un censo de unos 900 animales en toda la comunidad y declarada en peligro de extinción. Pero la explotación de José Rodríguez Teijeiro se encuentra en peligro de extinción por otro motivo: la comunidad de montes decidió plantar de eucaliptos los pastizales donde pacían sus vacas.

La falta de superficie disponible condiciona el futuro de esta explotación que decidió hace 5 años reconvertir su actividad de la producción de leche a la de carne de calidad. Porque si para la mayoría de los productores de carne contar con superficie suficiente es fundamental, si además se trata de razas autóctonas en ecológico, este es un condicionante básico.

José mantiene su ganado en un sistema de pastoreo en extensivo, por lo que sin fincas donde pacer tendrá que cerrar, dice. El conselleiro de Medio Rural, José González, anunciaba en mayo pasado en esta entrevista en Campo Gallego una Ley de Recuperación y de Puesta en Valor de la Tierra Agraria de Galicia «para que ninguna explotación agroganadera de Galicia deje la actividad por falta de base territorial». Por eso su tocayo José piensa ir este viernes a la asamblea que tendrá lugar en el Pazo de Fontefiz, a la que está prevista la visita del conselleiro, para exponerle de primera mano su problema en demanda de una solución a su caso.

«Yo estoy muy aburrido ya, pero no de los animales ni de la tierra, sino de la Administración»

«A mí me gustaría que la Administración tomase decisiones y que las aplicase conociendo las consecuencias sobre el terreno», dice José. «Estamos en una zona en la que sobra base territorial, en toda la parroquia solo hay otras 15 o 20 vacas y la explotación más próxima está a tres kilómetros, pero se están plantando todas las fincas con eucalipto», denuncia. «Y la Administración lo permite», añade.

Este ganadero reclama que la Xunta haga «labor de vigilancia y control de oficio». «A mí que me importa que hagan una ley cada semana si después no la aplican», argumenta. La normativa forestal vigente no permite forestar tierras agrarias con especies como pinos o eucaliptos y en el caso de frondosas caducifolias, esos terrenos deben pasar antes por el Banco de Terras, por lo que tampoco se pueden acometer esas plantaciones si hay ganaderos interesados en el arrendamiento de esas tierras. Y en este caso, José las precisa. «Necesito base territorial cerca, tengo fincas muy lejos de la explotación que no me sirven para llevar y traer las vacas a pacer todos los días», explica.

El único comunero que quiere hacer pastizales en el monte

Plantación de eucaliptos feita nas pradeiras do monte comunal

Plantación de eucaliptos feita nas pradeiras do monte comunal

Armental cuenta con 14 hectáreas alrededor de la explotación y hasta esta primavera llevaba otras tres hectáreas dentro del monte comunal de la parroquia. «Antes éramos más comuneros y el monte estaba dividido en parcelas y cada vecino trabajaba una. Si coges el catastro histórico, el del vuelo americano de 1956, se ve que en el monte había labradío, prado y fincas aradas. Yo llevaba la parcela que me correspondía a mí y la de un vecino. El monte estaba sin estatutos y hace 5 años se puso la comunidad en regla y comenzamos a gestionar el monte en conjunto», explica José.

La comunidad de montes de Donalbai cuenta con más de 100 hectáreas, todas juntas, solo divididas por la carretera que une Begonte con Friol y por una pista. Es terreno llano y una buena parte de él valdría para pradera. Pero sólo José está interesado en darle este uso al monte y en las votaciones lleva las de perder. «Sólo somos 12 comuneros, muchos de más de 70 años y además de mí solo dos tienen vacas, pero pocas, 8 o 10 entre los dos», explica.

«Las vacas fijan población, los eucaliptos no, con venir cada 15 años cortar lo que haya llega»

Así que la comunidad de montes decidió plantar de eucaliptos los pastizales que alimentaban al ganado de José, una decisión que lo deja sin parte de su base territorial. «Están plantando desde abril, no me dejaron ni recoger la hierba para ensilar», se queja.

El monte comunal linda con la propiedad de José y se encuentra a unos 200 metros de la explotación. «El monte comunal para lo único para lo que se puede trabajar de manera individual es para agricultura o ganadería. Yo les decía que separasen la superficie que me corresponde como comunero y me la dejasen para pradera, pero no quieren. O bien alquilar. Les hice las dos ofertas, todas las opciones habidas y por haber, pero no hubo manera», dice.

«Sin superficie, me abocan a cerrar»

José dice que «la Administración puede actuar sobre el uso que se hace del monte comunal» porque «toda plantación de eucaliptos de más de 5 hectáreas está sujeta a autorización administrativa previa». Sin embargo, cuenta, en la comunidad de montes de su parroquia «están plantando a trozos y no hacen gestión alguna ni cuentan con un Plan de Ordenación». «Lo que no se puede hacer es un monocultivo de eucaliptos ni plantar las fincas que valen para cultivar», considera.

«Muchas parcelas están abandonadas porque no tiene ningún coste para el propietario tener una finca sin uso»

El problema para la Ganadería Armental se agrava porque si por un lado de la granja tiene los eucaliptos del monte comunal, por el otro un vecino plantó tierras que antes también eran agrarias. Son unas 15 hectáreas que pertenecen a una casa que ahora está sin habitar. «Plantaron el labradío y cambiaron los sotos de castaños por eucaliptos también», denuncia.

«Es una vergüenza y la Xunta no hace nada», dice mientras recuerda «el despropósito -hace años- de haber dado incluso subvenciones para plantar las agras y las fincas y desplazar las explotaciones fuera de las aldeas». «De toda España, la única zona donde se perdió tierra agrícola fue en Galicia», evidencia.

«Las vacas fijan población, el eucalipto no. Con venir cada 15 años a cortar lo que haya llega. Si no vino antes el fuego, claro, porque el fuego en estas circunstancias, cuando se dan las condiciones, no hay quien lo pare. Arde hasta que ya no tiene nada que arder, por eso cuando informan de la situación de un incendio dicen de que está controlado pero no extinguido», argumenta José.

«Yo estoy muy aburrido ya, pero no de los animales ni de la tierra, sino de la Adminstración», dice. Y achaca la situación de abandono de muchas parcelas al hecho de que «no tiene un coste para el propietario tener la finca parada porque si lo tuviese no estaban las tierras paradas y abandonadas como están», asegura.

Y añade que «si no tengo superficie me abocan a cerrar y supongo que en ese caso también me dejarán plantar a mí eucaliptos en mis fincas, igual que se lo consienten a los demás. Así que de este modo, para fijar gente en el rural, como no la aten con una cuerda al eucalipto, imposible», resume.

De la producción de leche a las razas autóctonas

José ten tamén cachenas, que usaba para limpar os prados cando tiña as vacas de leite

José ten tamén cachenas, que xa usaba cando tiña as vacas de leite para limpar os prados

José tiene 61 años y hace 5 que reconvirtió su explotación de la producción de leche a la de carne. «Pasamos de las vacas de leche a estas en el 2014 por varias razones: por los precios bajos de la leche y por la mayor demanda de mano de obra y de base territorial», explica. «Para producir leche tenía que comprar mucha comida y no era rentable. No te da la explotación de leche para pagar un obrero como es debido y si no es como es debido es mejor no tenerlo. Atendía yo solo la explotación. Llevaba 40 años haciendo lo mismo y ordeñar era como tener que fichar todos los días dos veces. Quería sacarme de eso», resume.

Hizo el cambio también pensando en el relevo una vez que él se jubile. «Tengo un hijo y una hija que trabajan en otras cosas y no podrían hacerse cargo de la explotación de leche, pero sí con el modelo que tengo hoy. Este tipo de animales son fáciles de gestionar y podrían compatibilizar la explotación con su trabajo cuando yo me jubile», razona.

Armental cuenta hoy con 92 cabezas de ganado, 86 de raza frieiresa y 6 cachenas. «Las cachenas ya las tenía cuando tenía las vacas de leche para limpiar las fincas», explica. Pero cuando se pasó de la leche a la carne apostó por las frieiresas. «Me decanté por esta raza porque era de la que había menos vacas. De inicio compré 30 en distintas zonas de Ourense, 1 o 2 en cada sitio. Las primeras las traje de A Mezquita, se las compré a Gabriel, el suegro de Baltar, del presidente de la Deputación de Ourense. Luego fui recriando y ampliando», explica.

Y del modelo intensivo al extensivo en ecológico

José tiene su ganado en extensivo y desde que se pasó a las razas autóctonas está también en ecológico. «Suplemento con hierba seca en invierno o en este momento, mientras que no llueve y sale el pasto de otoño», cuenta.

As pradeiras aínda se están a recuperar, 10 anos despois, das esixencias para a produción de millo

As pradeiras aínda se están a recuperar, 10 anos despois, das esixencias para a produción de millo

Pero su granja producía leche con un modelo totalmente distinto. Tenía aún más vacas que hoy y echar maíz se convertía en imprescindible. «De los primeros que echamos maíz en esta zona fuimos nosotros, pero cada año las tierras daban menos, una por el cambio climático y otra porque la producción intensiva de maíz consume el terreno y los herbicidas acaban con todo. Cuando echaba maíz no veías por aquí un grillo, ni una mariposa o una abeja. La velutina es algo muy grave, pero yo pienso que mataron más abejas los herbicidas y los insecticidas. Y esa plaga no se para si la gente no se conciencia. Hace ya más de 10 años que no echo maíz, porque ya había parado de echarlo antes de dejar las vacas de leche y comienzan aún ahora a volver a verse grillos y mariposas y no he conseguido acabar aún con la labaza en los prados, que viene de esa época, en la que cargas las tierras de purín, de abonos químicos y de herbicidas. Eso no pasaría si las explotaciones tuviesen base territorial suficiente para hacer rotación de cultivos y poder usar el maíz para renovar la pradera, que es lo que se hizo siempre, en vez de echarlo todos los años en las mismas fincas», opina José.

Armental aprovechó las instalaciones que tenía de cuando producía leche para el ganado de carne. Eran unas naves sencillas, abiertas, de estructura y techo metálico, construidas en los años 90. «Tú de las cuadras no quitas nada, el rendimiento lo sacas de lo que tengas dentro de ellas», dice José.

«Las fincas de maíz dan cada vez menos y cada año hay que cargarles más abono químico y más herbicida para que produzcan»

Tampoco había tenido nunca mucha maquinaria y ahora necesita usarla menos. Notó el cambio por ejemplo a la hora de echar purín. «Ahora saco sólo 10 o 12 cisternas en todo el año, antes era una cada día, ni las cuentas». Un problema cada vez mayor en las explotaciones de leche, sobre todo de cara a la nueva PAC, que José está convencido de que estará muy vinculada al medio ambiente. «La mayor parte de las ayudas estarán ligadas a condicionantes ambientales», dice. El purín será seguramente uno de esos condicionantes a los que habrá que dar solución. «La Administración nada hace, y si algo hace es porque los aprietan desde Bruselas, sino nada harían», recrimina.

Lo mismo pasa con el lobo, que ya le comió este año 6 terneros, o con el jabalí, que le levanta todas las praderas. Pero a pesar de las dificultades, José no se arrepiente del cambio. «Cuando dejas de producir leche echas un par de años sin producción, entre que compras las novillas, paren y crías los terneros, y eso te supone una descompensación en los ingresos y en los gastos, pero ahora vivo más tranquilo que antes», concluye.

«La industria solo quiere kilos, por eso no le da valor a las razas autóctonas»

As instalacións das vacas de leite foron aproveitadas para as de carne

Armental se pasó a la ganadería ecológica y José destaca las características de la carne que produce. «No tiene nada que ver con la industrial, la carne de frieiresa tiene muy poca grasa pero es muy jugosa y rica en omega 3 y omega 6. La gente debería concienciarse y aprender a comer», afirma.

A pesar de la calidad de su carne, dice que «la industria no diferencia ni le da valor, solo quiere kilos, por eso tampoco se valoran las razas autóctonas». «La industria se aprovecha y te pagan lo ecológico a precio de convencional y la alimentación no tiene nada que ver y los costes son casi el doble», indica.

«La industria se aprovecha y paga lo ecológico a precio de convencional. Si no le suben el precio al productor, por lo menos que se lo bajen al consumidor»

José es rotundo y asegura que «hay más mafia aún en la carne que en la leche porque está controlado el negocio por menos gente» y reclama a la industria y a la distribución que «si no van a subir el precio al productor, por lo menos que lo bajen al consumidor para que haya más consumo de carne ecológica y más mercado para este tipo de producciones».

Este ganadero destaca además otro valor de sus animales, su buena adaptación al medio (es un animal rústico adaptado a la climatología extrema con calor en verano y frío en invierno) y los beneficios que aportan al entorno, realizando una labor de desbroce natural que contribuye a reducir el riesgo de incendios.

Son animales dóciles y de manejo fácil, que fueron usados tradicionalmente para los trabajos agrícolas, aunque hoy en la mayoría de los casos su vocación es la producción cárnica. Una de las vacas de José, Finlandia, lleva dos años ganando el concurso morfológico de la raza frieiresa organizado coincidiendo con la celebración de la Semana Verde de Silleda.

Tan sólo 28 explotaciones mantienen la raza frieiresa

La raza frieiresa toma su nombre de la comarca natural de As Frieiras, situada el sureste de Ourense, norte de Zamora y parte de Portugal. El área geográfica de origen se encuentra en A Mezquita (A Canda, Castromil, Santigoso, Cádavos, Manzalvos, Esculqueira y Chaguazoso), con diferentes aldeas ubicadas en otras zonas del sudeste de la provincia de Ourense en ayuntamientos como el de A Gudiña (Tameirón y O Cañizo). Asimismo, se constató históricamente la presencia de animales de la raza en aldeas colindantes de la provincia de Zamora.

Esta raza, por diferentes motivos, tuvo a lo largo del tiempo pocas posibilidades de expansión pero en este momento se encuentra ya distribuida por toda la geografía gallega, con mayor presencia en la provincia de Ourense pero con explotaciones que la fueron introduciendo también en las provincias de Lugo, A Coruña y Pontevedra. Con todo, solo hay 28 explotaciones con animales de esta raza y su censo ronda las 900 cabezas.

En el año 1991 solo había 94 ejemplares de esta raza. Hoy el número de cabezas se multiplicó por diez pero sigue estando en peligro de extinción

La raza frieiresa está catalogada como raza autóctona en peligro de extinción por el Real Decreto 2129/2008, de 26 de diciembre, por lo que se establece el Programa nacional de conservación, mejora y fomento de las razas ganaderas. El año 1991 marca los inicios de los programas de conservación por parte de la Xunta de Galicia, con un censo en aquel momento de solo 94 cabezas.

Existen varias teorías sobre el origen de la raza pero estudios filogenéticos realizados con marcadores genéticos relacionan el origen con el Bos primigenius estrepsiceros.

Los machos adultos pesan de promedio 860 kilos y las hembras 600, con una alzada a la cruz de entre 131 y 156 centímetros en el caso de los machos y de entre 128 y 145 centímetros en el caso de las hembras. La capa es castaña, más oscura en los machos y más clara en los animales más jóvenes. Otra característica a destacar en la raza es el pelo largo de la región frontal, una melena, más abundante en los machos.

FRIEIREGA es la entidad gestora del Libro Genealógico de la raza frieiresa y del Programa de Conservación de la raza, reconocida oficialmente mediante lo Decreto 149/2011 de 7 de julio de la Xunta de Galicia, e integrada desde el 2001 en la Federación de razas autóctonas de Galicia (BOAGA).

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