Ebro, Lanz, Barreiros, John Deere o Renault, la historia de los tractores fabricados en España

El historiador Bruno Esperante hace un repaso por la historia de la fabricación nacional de tractores desde la década de los 50 hasta comienzos de los 90. Aborda a trayectorias de las principales empresas fabricantes y distribuidoras de tractores agrícolas en España

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Ebro, Lanz, Barreiros, John Deere o Renault, la historia de los tractores fabricados en España

Probando un tractor Renault en Lugo // Foto Díaz y Prieto S.A. 1979. Arquivo Histórico Provincial de Lugo.

A la hora de abordar la historia de la fabricación y distribución de tractores agrícolas en territorio español es preciso entender el contexto histórico en el que se sitúa la instalación de las primeras fábricas de tractores agrícolas en España y los objetivos de la Dictadura en aquella época. Entre otros, figura el objetivo de instalar industrias en zonas urbanas, aumentando las rentas urbanas y atrayendo mano de obra de los espacios rurales. Se trata de una idea que buscaba modernizar la agricultura a toda costa a través de la moto-mecanización.

Es importante señalar que, cuando se instalan las dos primeras fábricas de tractores (Ebro en Barcelona en 1955 y Lanz Ibérica en Getafe en 1956), la Dictadura franquista estaba inmersa en un programa de ayudas, créditos y grandes transferencias tecnológicas que recibían fundamentalmente de los Estados Unidos. Estas aportacións económicas, que habían comenzado en 1950, jugaban un papel esencial en la recuperación de la economía española, aun no recuperada de los efectos de la Guerra Civil provocada por el golpe de estado de 1936. Aparte de eso, también había que destacar la precaria situación económica de la Dictadura, aislada política y económicamente desde 1945, por lo que esas ayudas económicas jugaban ahora un papel muy importante para normalizar la Dictadura en el contexto de la Europa democrática.

En Galicia, empresas como Auto Avión, en la Coruña, y Díaz y Prieto en Lugo, fueron imprescindibles para la distribución de tractores

Los años 50 aparecen entonces como una década clave, recuperándose las importaciones de tractores desde 1950 y la fabricación a partir de 1955. Muchas de las empresas distribuidoras de tractores que habían sobrevivido el crítico período de 1936-1949, se recuperaron a partir de 1950, gracias a las importaciones pagadas por las ayudas y los créditos norteamericanos. Entre otras, empresas de distribución como la barcelonesa Parés Hermanos S.A., o la madrileña Finanzauto S.A. Para Galicia, empresas como Auto Avión S.A., fundada en A Coruña en 1953, o Díaz y Prieto S.A., fundada en Lugo en 1959, ocuparían años más tarde una posición central en la difusión de tractores.

La instalación de las fábricas de tractores fue considerada por la Dictadura como un éxito, aunque parcialmente, dado que la intención del gobierno franquista era conseguir un control total de la fabricación de tractores, un objetivo que iba acorde con la línea de la política económica autárquica de la Dictadura desde 1939. Sin embargo, los altos requerimientos económicos y científico-técnicos necesarios para fabricar con éxito tractores agrícolas baratos y adaptables impedían a la Dictadura, a través de las empresas del Instituto Nacional de Industria (INI), fabricar en serie tractores agrícolas.

Entre los intentos fracasados que habían cosechado en aquellos años, destacaban algunas empresas como la sevillana Saca. Finalmente, fueron las multinacionales Ford, Lanz y John Deere, las que lograron controlar una parte importante del proceso de la fabricación de tractores agrícolas, consiguiendo así una situación de privilegio en un mercado que se abría.

Hasta los años 60 la compra de tractores sólo se podía realizar si se disponía de una superficie mínima de más de 50 hectáreas o cultivos de cereales, oliva o arroz

El comienzo de la fabricación de tractores agrícolas en 1955 y 1956 no fue, con todo, una cuestión inmediata. Prácticamente hasta 1960 no se logró producir grandes líneas de tractores para abastecer a la demanda existente. Un síntoma claro de esta incapacidad era el funcionamiento del Programa Oficial de Adjudicación de Tractores (Poat), un programa que regulaba, hasta su desaparición en 1960, el acceso a la compra de tractores en función de unos criterios necesarios para solicitarlos. Entre otros, superficies mínimas en propiedad que solían ser de más de 50 o incluso 100 hectáreas, o también el cultivo de cereales, oliva o arroz. En la práctica y, como es lógico según los criterios señalados, el POAT funcionó hasta su desaparición como un limitador o disuasor de la demanda de tractores en agriculturas de pequeña propiedad y ganaderas como la gallega.

 Fábrica de los tractores Barreiros (Villaverde-Madrid). Revista Rural


Fábrica de los tractores Barreiros (Villaverde-Madrid). Revista Rural.

Otra característica de la industria española de tractores es que estuvo durante toda la Dictadura y parte de la democracia muy protegida ante las importaciones. Se llegó incluso hasta una situación de mercado cautivo del que se beneficiaron fabricantes cómo Ebro, John Deere o Barreiros.

El resultado deste proteccionismo, por el contrario, fue que se pagaron por lo general unos precios por los tractores más elevados de los que obtendrían en un mercado completamente liberado.

La distribución de los tratores en España

Pero, ¿cómo se difundieron los tractores? Los canales de difusión estuvieron controlados por las propias empresas fabricantes o distribuidoras en las décadas centrales de su introducción en el campo, en los años 60 y 70 del siglo XX. Esta situación contrastó con las primeras décadas de los años 40 y 50, donde los canales de difusión estaban controlados por el Estado, a través de los concursos anuales de adjudicación del Poat.

A partir de los años 60, será el Servicio de Extensión Agraria (SEA) el que colabore a nivel local con los agentes de ventas, empresas y distribuidoras, para informar sobre los futuros propietarios. En esta función difusora también participarán los monitores de los cursos de formación de tractoristas que se llevaban a cabo a través de la Promoción Profesional Obrera (PPO), así como también de los técnicos del Instituto de Reforma y Desarrollo Agrario (Iryda). Todos ellos acompañaron el proceso de difusión, facilitándole a las empresas fabricantes y también a las distribuidoras la información necesaria para adaptar la oferta a la demanda.

Por otra parte, algo que perjudicó probablemente los intereses de las comunidades labradoras y, por el contrario, benefició los intereses de las empresas fabricantes y distribuidoras, fue la debilidad del sistema de difusión pública de tractores, préstamos de maquinaria o experimentación. Esta era un defecto destacado en España, sobre todo en comparación con otros países como Francia, con una fuerte red de centros locales de préstamos y experimentación que servían de servicio, a precios económicos, para que los labradores y labradoras se acostumbraran al manejo del tractor, su mantenimiento, etc. Esta situación era otro resultado directo de las políticas de la Dictadura, quien profesaba una profunda desconfianza a las fórmulas cooperativas de uso y compra de maquinaria agrícola.

La Dictadura apostó por la figura del ‘propietario rico-innovador’, que servían de referencia y de ejemplo para el resto de vecinos en la compra de tractores

Sin fórmulas cooperativas de éxito para amortizar en sociedad los altos costos de la compra de tractores, sin campos de demostración públicos locales y con los canales de difusión controlados por las propias empresas, la Dictadura apostó por la figura del ‘propietario rico-innovador’, que servía de referencia y de ejemplo para el resto de los vecinos en la compra de tractores. De este modo, se pretendía que esos propietarios sirviesen de ejemplo para sus aldeas, prestándoles servicios de mecanización bajo alquiler hasta que compraran el propio tractor de la casa. Todo esto, en definitiva, ayudó a convertir la difusión de tractores agrícolas en un proceso extremadamente individualizado. Una situación que redundaba más aún en los intereses de los fabricantes y distribuidores de tractores, que veían como aumentaba de forma extraordinaria la demanda.

Cadena de montaje de tractores Ebro (Barcelona)

Cadena de montaje de tractores Ebro en Barcelona. Memoria Motor Ibérica S.A. 1969. Biblioteca Nacional de España.

Hace falta destacar el alto grado de dependencia tecnológica exterior que prevaleció tanto en el sector de la fabricación como en la dependencia que los distribuidores tuvieron de las grandes multinacionales. El resultado de esto fue que, para cuando se completó el cambio tecnológico y la demanda española de tractores desapareció, las multinacionales desmantelaron las fábricas en España, retirándole el apoyo también a determinados grupos distribuidores para adaptarse a las nuevas realidades de la fabricación de tractores a nivel europeo e internacional. De este modo, fábricas y distribuidoras españolas sucumbieron mientras las multinacionales continuaron su andadura en una situación de oligopolio repartido entre John Deere, Massey Ferguson y New Holland, este último grupo como resultado de la fusión de la marca italiana Fiat y de la norteamericana Ford en los años ochenta.

El final de la fabricación española de tractores llegó en los años 90. En el caso de John Deere Ibérica S.A., presente en España desde 1963, poniendo punto final a la fabricación de tractores en 1994 y concentrando la fabricación en Europa en las fábricas que mantenían en Francia y Alemania. Del mismo modo se procedió con la fábrica de tractores de la antigua Ebro en Barcelona. El grupo fabricante llamado Motor Ibérica S.A., había entrado en un lento declive a partir de los años 80, debido a la caída de la demanda de tractores y a problemas estructurales del grupo. Ya en 1986 la fábrica de tractores había sido vendida al grupo japonés Nissan, el cual vendía a su vez la fábrica al grupo, también japonés, Kubota. Sin embargo, los problemas económicos persistirían y la fábrica pondría su cierre en 1994, en medio de grandes pérdidas económicas y despidos de trabajadores.

-Consulta aquí más información sobre la historia del tractor en Galicia.

 

Bruno Esperante

Historiador membro do grupo Histagra da Universidade de Santiago de Compostela (USC).

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