¿Puede ser el chopo una opción para plantar en Galicia?

Conocemos las posibilidades del chopo para la obtención de madera de desenrollo con los trabajos realizados en la Universidad de Santiago y el Inia. Sus estudios ofrecen información de utilidad sobre marcos y técnicas de plantación, variedades y experiencias en parcelas de ensayo

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¿Puede ser el chopo una opción para plantar en Galicia?

Participantes en unas jornadas sobre el chopo celebradas en Lugo, durante la visita a una de las choperas de la provincia.

Las plantaciones de chopo en Galicia se sitúan muy por detrás de otras comunidades autónomas donde la especie es un aprovechamiento más, tanto de terrenos forestales de calidad como agrarios. La superficie de choperas en la comunidad gallega, en cambio, supone sólo en torno a 1.100 hectáreas, la mayoría de ellas situadas en las provincias de Ourense y Lugo, en zonas como Valdeorras, A Limia, el valle de Monterrei, Verín o Terra de Lemos. La producción de madera de chopo en Galicia es también escasa: cerca de 24.000 metros cúbicos de cortas, según los datos del Anuario de Estadística Forestal del Ministerio de Agricultura entre 2016 y 2018.

En Galicia hay cerca de unas 1.100 hectáreas dedicadas a chopo y unos 24.000 metros cúbicos de cortas de madera

Pese a ser una especie minoritaria en el medio rural gallego, ¿puede ser el chopo una opción para plantar en Galicia? Los trabajos desarrollados en un proyecto de la Universidad de Santiago (USC), el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentación (Inia) y la Consellería de Medio Rural abordan las posibilidades que ofrecen los chopos en terrenos ácidos como los del territorio gallego.

Uno de los aspectos que hace atractivas las plantaciones de chopo es que se trata de un cultivo con un turno de corta más breve que el de otras especies, ya que su corta se suele realizar a los 16 años. Su elevada demanda y precio, que alcanza 70-80 euros por metro cúbico para choperas con buena aptitud al desenrollo (chapa), también son un aliciente. Estas plantaciones requieren una gestión activa para lograr madera de calidad, sobre todo en los primeros años, lo que para los expertos supone una oportunidad para fijar población en el campo y reducir la acumulación de combustible en superficies sin gestión, con lo que se reduce también el riesgo de incendio.

Mediciones en una de las choperas estudiadas en Lugo. // Foto Cristina Eimil.

Legislación en Galicia
En Galicia, de acuerdo con la Ley de Montes de Galicia, los chopos, igual que el resto de frondosas caducifolias, no se podrían plantar en tierras agrícolas -sí en forestales-, salvo en determinadas condiciones: tierras agrarias que hayan estado abandonadas durante por lo menos 10 años, que además hayan pasado dos años por el Banco de Terras sin ser arrendadas y que sean colindantes con superficie forestal o formen enclavados de 5 hectáreas.

La elección del clon

Uno de los aspectos en los que se han fijado los trabajos desarrollados en la USC es la elección del clon, ya que los suelos ácidos predominantes en Galicia pueden condicionar el desarrollo de esta especie. De hecho, en las plantaciones gallegas se ha empleado casi exclusivamente el clon I-214, del grupo euroamericano, una variedad poco adaptada a suelos ácidos.

Por este motivo, en los ensayos del Centro de Investigación Forestal Lourizán en el Monte Vecinal en Mano Común de Nespereira (Portomarín, Lugo), con suelos muy ácidos, destacaron los clones interamericanos, entre los que se encuentran variedades como Beaupré, Unal o Raspalje. “Solo los clones interamericanos ensayados sobrevivieron y están produciendo resultados favorables en nuevas plantaciones”, detalla Roque Rodríguez, uno de los investigadores implicados en el desarrollo del proyecto y que dio a conocer algunos de los pormenores de estos trabajos en unas jornadas centradas en el aprovechamiento del chopo que organizó el Distrito Forestal IX recientemente en Lugo.

En los ensayos realizados los clones interamericanos son los que mejores resultados están ofreciendo en suelos ácidos

En otra de sus parcelas experimentales, la realizada en Ribas Pequenas, en Bóveda (Lugo) también incluyeron clones de Populus trichocarpa, muy utilizado en Francia en zonas con suelos ácidos.

Variedades como Beaupré, Raspalje, Boelare, Unal, Humnegem o Donk, todos ellos clones interamericanos, han ofrecido buenos resultados, ya que proporcionan fustes derechos, ramificación difusa con ramas delgadas, así como copas equilibradas y simétricas. Si bien, los mejores resultados los está proporcionando el clon Raspalje, cuya aptitud para desenrollo ya es conocida.

Recomendaciones a la hora de plantar

La selección de la parcela es uno de los aspectos clave para conseguir un desarrollo óptimo del chopo. Los expertos recomiendan optar por terrenos de vega y fértiles, seleccionando tierras con un pH alto (5), para las condiciones gallegas. Además es aconsejable evitar terrenos encharcados de forma semipermanente, así como buscar zonas resguardadas de fuertes vientos, que puedan condicionar el crecimiento recto de los árboles.

“El conocimiento local, la existencia de plantaciones próximas e incluso la toponimia ayudan a la hora de escoger el terreno en el que realizar una plantación de chopos”, señala Rodríguez. Así, topónimos como Ribas, Ribeira, Suarribas, Veiga, Agra, Barcia o Aranga son un indicativo favorable, mientras que conviene evitar los que sugieren encharcamiento permanente como Brañas, Gándara, Lodeiro, Morteira, Tremedal, Granda, Lamas o Acedelo.

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En los primeros años, si los veranos son lluviosos, es probable que crezca mucho la vegetación en la chopera.

Este proyecto les ha permitido comprobar lo determinante que pueden resultar las condiciones del terreno para el crecimiento de la especie. “Nos hemos encontrado con resultados sorprendentes en una misma parcela que contaba con una zona de prado abandonado donde observamos un buen desarrollo, mientras que en la misma finca, en la zona más baja y húmeda los árboles tuvieron un crecimiento menor por hidromorfía”, detalla. Ante estas condiciones, el investigador recomienda realizar zanjas de drenaje antes de plantar en zonas con acumulación de agua estancada.

Aconsejan plantar el chopo a raíz profunda, en terrenos fértiles, con un marco de plantación de al menos 6×6 metros y evitar tierras encharcadas

A la hora de realizar la plantación, aconsejan plantar a raíz profunda y al menos con una profundidad de 2 metros. “Para precisar la profundidad más adecuada es recomendable conocer el nivel freático de ese terreno en septiembre”, detalla el investigador. En base a su propia experiencia y a la de otros productores, recomiendan realizar la plantación justo después del ahoyado y utilizar para ello una retroexcavadora de cadenas con giro de 360 grados, ya que esta maquinaria permite realizar 4 hoyos en cada posicionamiento. “Aunque los gastos de plantar a raíz profunda son más elevados, el resultado del árbol es mejor, además puede evitarse así el riego de la chopera, al igual que en zonas con una mayor tradición chopera como Castilla y León, donde la profundidad del ahoyado llega a alcanzar os 4 metros”, especifica.

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Plantar los chopos con excavadora para conseguir una profundidad adecuada, favorece el crecimiento del árbol.

Antes de acometer la plantación, teniendo en cuenta la situación previa de la parcela también puede ser aconsejable desbrozar con desbrozadora de cadenas, realizar un gradeo y una fertilización. En algunas de las parcelas de estudio utilizaron como abono 10 toneladas de materia seca de ceniza de biomasa por hectárea, que incorporaron tanto en el momento del gradeo o bien directamente en superficie.

Al optar por una plantación a raíz profunda, también recomiendan utilizar varetas de dos savias, de unos 5 metros de altura y buenos calibres. El chopo para desenrollo no se aclara, con lo que a la hora de plantar deberá tenerse en cuenta especialmente su crecimiento, ya que no habrá cortas intermedias. Por este motivo y para lograr un desarrollo adecuado del árbol, “lo ideal es no dejar un marco de plantación inferior a 6×6 metros, ya que de lo contrario no se alcanzan los diámetros objetivos de 30 a 35 centímetros”, informa el investigador.

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Labrar la tierra en los primeros años es fundamental para evitar la competencia de otras hierbas con el desarrollo del chopo.

Mantenimiento de las choperas

En sus ensayos en diferentes plantaciones detectaron ataques de la fauna salvaje a los chopos, por lo que consideran conveniente colocar protectores tanto para corzos como para jabalí. “Tuvimos daños particularmente importantes del corzo sobre todo en las filas más exteriores y en aquellas en que los bordes colindaban con vegetación densa”, detalla Rodríguez. Optaron por colocar protectores sencillos formado por 3 estaquillas clavadas alrededor de cada árbol.

Recomiendan utilizar protectores para evitar los daños tanto del corzo como de jabalí en los chopos

También tuvieron que reponer algunas varetas, una tarea que en terreno húmedo se puede realizar ya mediante una palanca, de forma manual o con elevador hidráulico de tractor, sin necesidad de contar con una pala de nuevo. “Es recomendable reponer las plantas dañadas si el porcentaje de fallos supera el 5%, sobre todo teniendo en cuenta que las nuevas plantas, aunque tengan un año menos, pueden alcanzar el desarrollo del resto”, explica.

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Las cortas de chopo suelen hacerse a los 16 anos y alcanzan un diámetro de entre 30 a 35 centímetros.

Lograr madera de calidad

Los expertos coinciden en señalar que las choperas necesitan una gestión activa para conseguir madera de calidad. En los primeros años es preciso realizar gradeos anuales para reducir la competencia que provocan otras hierbas al crecimiento del chopo. Además, esta práctica mejora la infiltración del agua y reduce el riesgo de incendio. “Se necesita una gestión activa, siendo relevante la implicación directa del propietario en las labores a realizar”, valora Rodríguez.

Es necesario que estas labores de control de competencia se realicen anualmente hasta que los árboles tengan 6 años. A partir de entonces podrá realizarse cada 2 años. “En Galicia, si en verano llueve mucho puede ser necesario incluso realizar dos gradeos al año”, detalla. Para tener la vegetación de la cubierta de la chopera controlada y dada la separación que hay entre árboles, puede optarse por el pastoreo durante los primeros años, si se plantan varetas de suficiente altura, o incluso por aprovechar este espacio para realizar diferentes cultivos. “Algunos de los productores con los que trabajamos incluso han cultivado maíz y patatas en los primeros años”, comenta.

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Trabajos de poda de una de las choperas de estudio en Lugo.

El chopo es un árbol sensible a varias plagas y enfermedades, lo que puede condicionar en gran medida tanto la producción de madera como la propia supervivencia del ejemplar, por eso es imprescindible tener controlada la chopera, sobre todo en los períodos críticos, en primavera y verano, para poder actuar con rapidez al detectar la presencia de alguna de las amenazas. Es frecuente el ataque de Melasoma populi, un defoliador a controlar durante los dos primeros años.

También es frecuente el ataque de rolla o los daños del perforador Paranthrene tabaniformis, que debilita el árbol y puede provocar que se rompa. “La elección del clon también condiciona la respuesta a algunas de estas enfermedades”, apunta Rodríguez. En zonas productoras de chopo, algunas empresas incluso están dejando de plantar variedades como Beaupré por los ataques de rolla.

Poda
La poda es uno de los procedimientos indispensables para lograr madera de calidad. En los 3 primeros años es fundamental la formación de las guías y las podas, en sentido estricto, comienzan a partir del tercer o cuarto año y suponen un levante anual de entre 1 o 2 metros, hasta terminar al quinto o sexto año a los 6 u 8 metros, usando pértigas o incluso plataformas. “Una buena pauta de poda es esencial para obtener madera de calidad, libre de nudos”, defienden los expertos.

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Evolución de los trabajos de poda en una chopera.

En cuanto a su aprovechamiento, la productividad media de estos árboles se sitúa en diámetros de 30 a 35 centímetros con alturas de 25 metros. Parcelas de propiedad particular en Sarria visitadas en la sesión de tarde de la jornada mostraron resultados de crecimiento excelentes a los 10 años, con diámetros promedios de 20 a 23 cm y alturas en el entorno de 20 metros, con muy buena rectitud de fuste, lo que supondría un posible aprovechamiento de madera de desenrollo en 5 años más.

El crecimiento medio es superior a los 12 metros cúbicos por hectárea al año y el volumen aprovechable suele situarse en los 200 metros cúbicos por hectárea. Más del 75% del volumen obtenido corresponde a las dos primeras trozas de 5 metros, que se destinarán a desenrollo. El restante 25% del volumen se usa para fabricar tableros o biomasa. También se pueden aprovechar en torno a 30 toneladas verdes por hectárea procedentes de restos de corta para biomasa.

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