Corisca, la primera bodega ecológica de Rías Baixas

Cultivar respectando la naturaleza y no contra ella ha sido una de las máximas marcadas desde un principio por Natalia Rodríguez en su bodega del Condado de Tea. Conocemos cómo trabaja en el viñedo y elabora sus vinos ecológicos

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Corisca, la primera bodega ecológica de Rías Baixas

Natalia Rodríguez en las inmediaciones de la adega, donde cuenta ya con parte de su viñedo.

Hace 14 años, Natalia Rodríguez Estévez decidió dar un giro a su vida e involucrarse de lleno en los viñedos familiares que atendía su padre, con los que elaboraba un vino para autoconsumo, además de vender parte de la cosecha a una bodega cercana. Dejó atrás los Juzgados de Vigo en los que ejercía como abogada para convertirse en una vitivinicultora profesional. Hoy elabora su vino Corisca en una bodega situada en el Condado de Tea, siendo la primera en producir vino ecológico en la Denominación de Origen Rías Baixas.

“Mi padre siempre me decía que no me quedase en el campo, pero yo quise volver y centrarme en los viñedos”, indica Natalia. Pese a esta recomendación, José María, su padre; fue quien la inició en la vitivinicultura. “Desde muy pequeños nos metía, tanto a mí como a mis hermanos, a pisar las uvas con los pies. Él es el responsable de que esta sea mi pasión”, recuerda.

Natalia cambió su trabajo como abogada en un despacho de Vigo por los viñedos familiares en el Condado de Tea

Desde un principio, Natalia se ha centrado en una producción ecológica y sostenible, donde la naturaleza y la uva marcan el camino y los tiempos. “Mi padre, aunque trabajaba en convencional, ya intentaba reducir los fitosanitarios que se empleaban en el viñedo. Yo tenía muy claro que no iba a emplear ningún tipo de producto tóxico”, explica.

Los comienzos fueron duros, ya que la conversión a ecológico dejó años de cosechas reducidas al mínimo. Sin embargo, la viticultora reconoce que el esfuerzo ha merecido la pena. Al margen de su satisfacción con el producto final, apunta que también las viñas se han acostumbrado bien a esta manera de gestionar el viñedo y se mantienen más vigorosas y saludables.

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Algunos de los viñedos tienen más de 45 años de antigüedad.

Viñedos en dos municipios

Los viñedos familiares con los que Natalia empezó se sitúan en una parcela de unas 2 hectáreas en el valle del río Miño, en Salceda de Caselas (Pontevedra). En Finca Muiño están sus cepas más antiguas, buena parte de ellas con más de 45 años y en un sistema de parra. La mayoría de su viñedo es de Albariño, aunque también tiene media hectárea de Caíño Branco. “Cuando mi padre comenzó con el viñedo en los años 80 se decidió a plantar Albariño, en lugar de seguir con las variedades de vino de mesa que tenía la parcela”, detalla.

Finca Muiño y Finca Malladoura suman unas 5 hectáreas de viñedo, en su mayoría de cepas de Albariño

A escasos metros, pero ya en la aldea de Baldráns, en el municipio de Tui, se sitúa Finca Malladoura, con unas 3 hectáreas de viñedo también de Albariño, en un suelo de cantos redondeados y granítico y con cepas de 15 años de antigüedad en un sistema de espaldera. Natalia adquirió estos viñedos a pequeños viticultores de la zona que decidieron abandonar su cuidado. Un bosque separa ambas parcelas y, a la vez, ofrece resguardo protegiéndolas de los excesivos vientos y de contaminaciones externas, como asegura la viticultora.

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Natalia respecta y cuida la cubierta natural de sus viñedos por los beneficios que le aporta a las cepas.

Junto a los viñedos, Natalia adquirió un pequeño cobertizo que transformó en bodega y que se sitúa también en Tui. “Al principio valoré seguir utilizando la parte baja de la vivienda familiar, como antaño hacía mi padre para elaborar el vino, pero dadas la reformas que tenía que realizar opté por una bodega externa”, apunta.

Prima el trabajo manual

Aunque reconoce que en muchas ocasiones sus métodos implican una mayor carga de trabajo, Natalia explica orgullosa que en sus viñedos la mayoría de las tareas se hacen de forma manual, casi artesanal. Realiza una poda tardía y suele acometer dos podas en verde. “En esta zona, debido a las condiciones climáticas que tenemos es muy importante hacer podas en verde para garantizar que la uva madure”, detalla. Debido a lo frondosa que es la viña, en años como este, en el que las meteorología ha permitido un gran desarrollo, ocasiona una importante carga de trabajo.

“Siempre me gustó el proceso de atado con mimbres y decidí seguir haciéndolo por conservar la tradición”

De la mayor parte de los trabajos del viñedo se encarga Natalia junto a otro operario. Solo en momentos puntuales, como la vendimia o en la poda, suma más personal. Precisamente, el atado de la vid es otro de los trabajos que realiza al modo tradicional, empleando para ello mimbres. “Siempre me gustó el proceso de atado con mimbres y decidí seguir haciéndolo por conservar la tradición, aunque puede que si estimas el coste no resulte de todo rentable por el tiempo que conlleva”, explica. Si bien, destaca las virtudes del sistema, como su gran resistencia o su disponibilidad, al contar ya con las plantas. “Al ser un sistema biodegradable tampoco supone un problema cuando se poda, ya que no deja de ser un aporte más de materia vegetal al suelo”, apunta.

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El atado de la vid lo hace al modo tradicional, empleando mimbres.

La cubierta es otro de los aspectos que mima la viticultora. A lo largo de todo el año mantiene una cubierta vegetal que va cortando y depositando para aportar materia vegetal a la tierra. “Nuestro empeño es restablecer y mantener la vida microbiológica en la capa superficial de nuestros suelos y la salubridad de la tierra”, explica. A lo largo de estos años, ha cuidado esta cubierta incluyendo especies leguminosas como el trébol, que favorecen el agrietado de la tierra y su oxigenación. “Además de permitir que la tierra esté más oxigenada, favorece la absorción del agua, evitando tanto el encharcamiento como el arrastre”, concreta.

“La tierra y la planta te van diciendo lo que van necesitando para que luego la vid sea capaz de defenderse frente a plagas y mantenerse saludable”

A comienzos de año, Natalia realiza una analítica de la tierra para conocer sus carencias y el aporte que necesita realizar. “La tierra y la planta te van diciendo lo que van necesitando para que luego la vid sea capaz de defenderse frente a plagas y mantenerse saludable”, indica la viticultora. Entre febrero y marzo acostumbra a realizar un aireado de la tierra para conseguir mejorar la calidad de la tierra y provocar que la raíz de la vid profundice, en lugar de mantenerse en la capa más superficial.

Algunos años mezcla abono de algas con abonos animales para la fertilización del viñedo.

Algunos años mezcla abono de algas con abonos animales para la fertilización del viñedo.

En este proceso también abona la tierra con abonos orgánicos. En los dos últimos años ha optado por estiércol de ganaderías de ovino, aunque también ha probado ya con algas. “El abono de algas ofrece buenos resultados, pero su desventaja es la cantidad de conchas que trae y que tardan en desintegrarse, por eso dejé de utilizarlo”, explica. Quiere probar a emplear abono de caballo, aunque ha tenido ciertas dificultades para encontrarlo con el sello orgánico, que le permite garantizar la trazabilidad.

Tisanas, hidroalcohólicos y levaduras para la vid

Frente a las plagas que azotan el viñedo, Natalia opta solo por productos de contacto y sostenibles. Contra el mildiu, la principal amenaza para los viñedos de esta zona, recurre al uso del cobre, permitido en la producción ecológica, y que combina con otros preparados naturales para vigorizar la planta.

Natalia se encarga del elaborar tanto macerados como soluciones hidroalcohólicas a base de plantas con las que favorecer el desarrollo de la vid. Adquirió su conocimiento de estos remedios naturales a través de cursos formativos y al estar en contacto con otras bodegas gallegas y francesas que trabajan ya en ecológico o con una producción sostenible ambientalmente.

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Natalia acostumbra a preparar tisanas o soluciones hidroalcohólicas con plantas para fortalecer sus cepas.

Con las tisanas, la cocción de diferentes hierbas en agua, el preparado debe aplicarse en los días posteriores, mientras que con los hidroalcohólicos, realizados del mismo modo que si fuesen licores, pero sin añadir azúcar, consigue que tras una maceración de 30 o 40 días y su posterior filtrado, el producto se conserve durante meses listo para usar.

“Mezclamos productos naturales que actúen contra los hongos para poder reducir la dosis que se necesita de cobre”

Utiliza tisanas de ortigas para fertilizar el suelo en la primavera y el otoño. “Actúa como un fortificante de manera que el suelo se mantiene más vivo”, detalla. Los preparados hidroalcohólicos los emplea como tratamientos complementarios frente a plagas. Así, un preparado a base de ajo funciona como repelente de hongos “aunque solo puede usarse antes de la floración, para evitar que se transfieran aromas al vino”, concreta. Mientras, el propio mimbre y la milenrama ayudan también a controlar el mildiu. “Mezclamos productos naturales que actúen contra los hongos para poder reducir la dosis que se necesita de cobre”, explica.

Algunos de los preparados para el viñedo son a base de ajos o mimbre.

Algunos de los preparados para el viñedo son a base de ajos o mimbre.

Además de las tisanas, Natalia emplea levaduras contra el mildiu en una estrategia de lucha biológica, con hongos que ocupan el espacio del hongo del mildiu, sin llegar a causar daños en la hojas, ni en la vid.

Corisca, sabor ecológico

El trabajo en el viñedo es la clave para los vinos que elabora Natalia. “Una vez que la uva entra en la bodega me puedo relajar, puesto que el 80% del trabajo está ya hecho”, indica la viticultora. Un enólogo externo se encarga de supervisar el proceso en la bodega, donde se sigue un procedimiento tradicional, “asegurando un mayor control que antaño, pero siguiendo fieles a los métodos más artesanales y buscando sólo potenciar las propiedades de la uva”, detalla.

“Una vez que la uva entra en la bodega puedo relajarme, puesto que el 80% del trabajo está ya hecho”

Las uvas se prensan cada día, al caer la tarde, tras recogerlas durante el día, para conseguir que se procese en el momento óptimo de maduración. “Desde las 7 de la mañana hasta las 6 de la tarde recogemos la uva, luego entro en la bodega hasta las 12 de la noche para prensarlas”, comenta la viticultora. Tampoco añade ningún tipo de levadura industrial, sino que optan por una fermentación espontánea, que solo complementan, en ocasiones, con una levadura madre, realizada por ellos mismos, para ayudar a la fermentación en los depósitos de 3.000 litros.

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Prescinde de emplear levaduras externas y prefiere la fermentación espontánea del vino.

Tras el trasiego y el filtrado, el vino reposa sobre lías naturales durante 3 meses, en los cuales el vino todavía continúa desarrollándose y oxigenándose cada día. “La crianza en lías me permite ofrecerle longevidad al vino aunque se trata de un vino joven, además de conseguir que tenga un mayor recorrido y que evolucione”, explica.

El mercado internacional, su gran aliado

Natalia comercializa su vino bajo el sello Corisca, un vino ecológico a base de uvas de Albariño del que produce entre 10.000 y 12.000 litros. Pese a comenzar con el proyecto en el 2006, hasta el 2010 no sacó al mercado su primera cosecha, para presentar ya un vino totalmente ecológico, tras el correspondiente proceso de transición.

En determinadas añadas, cuando las condiciones de maduración de la uva son óptimas, elabora Corisca Muíño. Procedente de la Finca Muíño y para el que reserva una crianza de 12 meses sobre lías, produce unas 1.200 botellas de este vino especial. Por el momento, ha sacado al mercado cosechas de 2016 y 2017 y pronto comercializará también la de 2019. “Con la primavera que hemos tenido este año es probable que no tengamos cosecha de Corisca Muíño de 2020, aunque esa decisión se tomará con la maduración de la uva”, detalla.

Además de su vino ecológico Corisca, Natalia elabora una cosecha especial que comercializa como Corisca Muiño.

El mercado internacional es el principal destino de los vinos de Bodega Corisca, dedicando el 60% de la producción a la exportación. Inglaterra fue uno de los primeros destinos de sus vinos, seguido de Alemania, Dinamarca o Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos años el gobierno de Trump y sus medidas arancelarias para los vinos españoles, provocó una importante reducción de las exportaciones. “Las medidas de Trump nos afectaron muchísimo y tuvimos que volver a centrar nuestro mercado en Europa”, comenta. Las ventas internacionales son las que están reactivando ahora la actividad comercial en la bodega, tras el parón provocado por la crisis sanitaria del coronavirus.

El 60% de la producción se dedica a la exportación a países como Inglaterra, Alemania, Dinamarca o Estados Unidos

De Norteamérica llegaron también algunos de los reconocimientos que han tenido sus vinos. El diario New York Times lo incluía el año pasado entre uno de los 20 mejores vinos del mundo con un precio por debajo de 20 dólares. Corisca ha recibido distinciones en la cata de vinos ecológicos a nivel mundial realizada en Montpellier (Francia) en 2012 o en la Feria Internacional de Vinos Ecológicos (Five), donde se alzó con el Gran Oro. “Aunque los reconocimientos a nuestros vinos son muy satisfactorios, aprecio mucho más cuando los clientes llegan a nosotros por comentarios positivos de nuestro vino”, detalla.

En la bodega, Natalia también ofrece un servicio de enoturismo, con catas y visita a la bodega, que le permite dar a conocer sus vinos, viñedos y elaboración a sus clientes, muchos de ellos llegados de distintos países tras conocer su vino. “Potenciar el enoturismo es uno de los proyectos de futuro, ya que es una forma de dar a conocer nuestros vinos de la que disfruto mucho”, concluye la vitivinicultora.

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